EL “JIM GARRISON” SALTEÑO BATALLANDO EN LA VERSIÓN LOCAL DE “SPRINGFIELD”

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El Procurador General de la Provincia se encuentra a mitad de una guerra mediática y judicial donde parece ser que a cierto sector de la Prensa y la sociedad salteña, solo le interesa verlo caer, aun cuando el precio sea el sacrificio de la verdad; tanto como la sangre que corrió en la masacre de Vaqueros el 27 de enero de 2017; o las violaciones y golpizas hasta la muerte padecidas por Cassandre y Houria en la Quebrada de San Lorenzo en 2011; o la interminable lucha contra bandas del crimen organizado en el norte profundo. Al parecer todo vale en aras de asesinar la verdad y pisotear el sentido común

Cuando lo menos que importa es la búsqueda de la verdad y a nadie le interesan las consecuencias de aceitar al sistema con combustible rancio, es cuando los facinerosos ganan la batalla. Pero algunas veces aparece algún “antisistema” que se para en medio de la masa de borregos y le hace saber a la chusma que de vez en cuando hay que hacer lo correcto, caiga quien caiga.

“Do the right thing”, les dijo el fiscal del distrito de Nueva Orleans a su equipo y se lanzaron gustosos a los leones. James Garrison, jefe de la fiscalia de Luisiana, ocupó ese cargo desde 1962 a 1973. “Jimbo” como lo conocían en el ámbito tribunalicio, era el azote de los poderosos que querían llevarse puesto al sistema y nadar en un mar de impunidad. Garrison se atrevió a reabrir una investigación amañada que señalaba que el 22 de noviembre de 1963 hubo un enorme complot para asesinar al presidente John Fitzgerald Kennedy.

Llevó a juicio al empresario de Nueva Orleans, Clay Shaw en 1969 y destapó una verdadera caja de Pandora y aunque culminó con la absolución del acusado de ser uno de los que planeó el magnicidio junto a todo un aparato orquestado por la  CIA, permitió abrir un nuevo frente en la investigación que años después gran parte de su país aceptó como cierta y verdadera.

Al igual que Garrison, el Procurador General de Salta inició un raid mediático para preservar su integridad y batallar desde el plano periodístico.

Hace unos días en una  entrevista con el streaming de EL TRIBUNO, Pedro García Castiella ironizó con respecto a la investigación del atroz femicidio de Jimena Salas al afirmar que “ni en Springfield habría una marcha para pedir justicia por un femicida”, en clara referencia a la exitosa serie creada por Matt Groening.

“Por un lado están los medios tradicionales, serios, que se preocupan por la noticia, que no se quedan con un dato sino que chequean la fuente, investigan y verifican. Yo me saco el sombrero frente a un periodista que asistió a un juicio o, por lo menos, se preocupó por leer el expediente y saber de qué está hablando. Pero también existen nuevas formas de información, principalmente las redes sociales. Muchas veces quienes difunden esos contenidos hablan desde el rumor, sin conocer realmente de qué están hablando, pero igualmente sacan conclusiones. Eso me preocupa seriamente porque termina enfermando a la sociedad. Ahí empiezan a jugar los algoritmos: a quien quiere escuchar determinada noticia le van a seguir mostrando solamente eso; y a quien detesta a una persona o una institución le van a seguir mostrando contenidos que alimenten ese rechazo. Es un camino muy peligroso”, reflexiona en esa entrevista el procurador.

La realidad chocante, la verdad incómoda y la ingratitud funcional  

Reabrir investigaciones de los dos peores casos judiciales de este siglo ha sido desde el año 2022 la prerrogativa de García Castiella cuando llegó a la Procuración General. Pero sobre todo es notable una intención de lograr los objetivos propuestos que sus antecesores no solo no cumplieron sino que hicieron tan mal las cosas, que estos dos casos quedaron navegando en las negras aguas de la impunidad. Suspendidos en un limbo indescifrable, sobre todo por el paso del tiempo que todo lo diluye.

En el caso de los aberrantes crímenes de las ciudadanas francesas ocurridos en 2011, desde la designación de la nueva unidad fiscal se han derribado algunos mitos que alimentaban el enfermizo folclore local y se ha avanzado más que en los últimos 15 años.

De hecho las ultimas diligencias y las pesquisas llevarán a juicio al policía Walter Mamani, acusado de plantar pruebas en esa misma investigación y se cumplirá con un viejo anhelo: sentar en el banquillo de los acusados a los policías que infringieron tormentos a los imputados durante la etapa de instrucción a cargo de Martin Pérez, a quien le cabe de mínima un jury de enjuiciamiento por su pésima e inexplicable actuación.

Ante esto y lejos de recibir el apoyo de una sociedad asqueada de los caprichos de “La casta judicial” y los antojos de quienes forman parte de un sector del Poder Judicial, duramente criticado por la prensa local; solo ha recibido un vendaval de ataques siniestros desde las cloacales redes sociales y pequeña parte de una Prensa que al parecer critica la película sin haberla visto. Desde el rumor y el rebote que lo único que logra es bastardear la noble profesión de informar.

Consiente de esa dinámica selvática y al mejor estilo Jim Garrison, sus tres apariciones mediáticas de la última semana le han generado un llamativo repudio en ese microclima infame de quienes aprovechan la volada para lograr el único objetivo, ese de las interacciones y la ansiada lluvia de likes.

En ese punto se encuentra el procurador actualmente, en un contexto donde los fantoches de turno se llevan su tajada, con tal la muerte “absuelve”; además de que los cretinos aprovechan desde las sombras para poner palos en la rueda y atacar al único cristiano que desde la arena se le ocurrió buscar la verdad de una vez por todas.