ATRAPADO EN LA HISTORIA

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Lionel Messi y el plantel del Inter Miami fueron recibidos por Donald Trump en la Casa Blanca. Las reacciones fueron variadas: de un lado la oposición en la Argentina representada por el kirchnerismo y la izquierda criticó fuertemente a la “Pulga”; mientras que el oficialismo celebró el encuentro del “representante” argentino con el mandatario americano

Habría que plantearse que reacción se tendría si los acontecimientos ubicaran a un individuo en la Casa Blanca mientras se libra una violenta guerra en el medio oriente contra el régimen iraní, siendo el futbolista más famoso del mundo. ¿Alguien podría negarse a ello?

Muchos plantean que en otro momento alguien como el grandioso Diego Maradona se hubiera negado terminantemente a formar parte de semejante circo propagandístico, otros simplemente plantean que nadie en su sano juicio hubiera dicho que no.

La semiótica de la imagen es absolutamente taxativa en el efecto propagandístico. Trump en primer plano lanza afirmaciones en cuanto al éxito de la incursión en medio oriente para derrocar al régimen del Ayatola; mientras Messi sin entender una palabra de inglés sonríe en segundo plano.

De todos modos y con un Messi quejándose pretéritamente de no haber estudiado el idioma, la fotografía es la que aparecerá en todos los medios del mundo al día siguiente y será una de las imágenes más emblemáticas de la guerra, aunque no se vea una sola bomba explotando.

Todo remite a la utilización de la propaganda en la guerra y recuerda una y otra vez que este tipo de conflictos siguen siendo los más utilizados por los gobiernos del mundo a lo largo de la historia para elevar a lo más alto el patriotismo; o aterrizar en lo más bajo de la condición humana, en medio de la crueldad de la guerra en primera persona.

Mientras el emperador sonríe con el gladiador a su lado, el pueblo delira en las gradas y todo ese contexto nos recuerda que desde la antigua Roma hasta el día de hoy, parece que como seres humanos no hemos avanzado nada. Aunque hayamos puesto en robot en Marte, logramos comunicarnos de una punta a la otra del planeta en un nanosegundo y hemos programado drones asesinos con un alcance destructivo en un rango de dos mil kilómetros, seguimos siendo unos simios tan crueles, instintivos y primitivos como los del inicio de la grandiosa obra cinematográfica de Stanley Kubrick.

Hemos tirado tanto de la cuerda como sociedad global que la significancia ha tomado diferentes modos de verse. Algunos ven pragmáticamente a un hombre que está rediseñando el mapa geopolítico del mundo en dos ejes bien marcados: Venezuela e Irán; Latinoamérica y medio oriente o simplemente “petróleo y petróleo”.

La realidad dicta que un tirano como Nicolás Maduro está preso por manejar un narco estado, sin embargo Venezuela respira y al menos por ahora tendrán papel higiénico y quizás regresen los 8 millones de venezolanos que huyeron del régimen de un asesino que sembró el terror, tras el populismo que implantó el otro cretino de esta historia, que es Hugo Chávez.

Misma realidad practicada sobre el régimen iraní, y en este punto muchos en Argentina estarán celebrando que los asesinos que mataron a más de 80 personas en los atentados a la AMIA y la mutual israelí por fin quedarán desprotegidos y podrán ser juzgados. Esos iraníes que nos plantaron las bombas y que firmaron un memorándum Cristina Kirchner, quien por decisión de La Corte Suprema deberá ir a juicio oral por esto; mientras hoy esta presa por robarle al estado argentino más de 500 millones de dólares en la Causa Vialidad. Así de explicito suena la corrupción en la Argentina.

En tanto el mejor deportista del mundo está atrapado en una imagen emblemática junto al otro tirano de esta historia, aunque casi le hayan dado el premio Nobel de la paz.

Trump bromea con los jugadores del Inter de Miami luego de consagrarse campeón de la Major League Soccer (MLS) en 2025, mientras las bombas siguen cayendo al otro lado del mundo.

Messi decidió formar parte de esa imagen propagandística porque no es Maradona y tampoco es el chico que triunfaba en España, ahora es un empresario que tiene acciones en el club donde juega, firma contratos millonarios y poco debe importarle como lo juzgue la historia, apenas entiende el inglés y como todo hombre común al salir de la cancha, jamás podrá dimensionar como lo atrapó la historia en el momento y lugar exactos.