Los puntos ciegos de una pésima investigación en 2011 que terminó llevando a juicio a dos imputados que resultaron absueltos. El primero en explicar aquel adefesio investigativo debería ser Martin Pérez, el juez de instrucción que la causa tuvo la desgracia de tener; la señorita María Fernanda Cañizares, novia del único condenado que recibió de regalo el teléfono de una de las víctimas; el padre de Lasi, dueño de la carabina con la que mataron a las víctimas y por último el policía que plantó las balas: Walter Mamani. Entre otras inconsistencias como la data de muerte y una autopsia “apresurada”
No son pocos los que olvidan este horrendo caso ocurrido en 2011 en Salta. Aunque hayan pasado 15 años y la causa ya forme parte del imaginario colectivo de la provincia, como un caso que quedó envuelto en la impunidad de quienes manejaban el Poder Judicial en ese momento, es hora de que algunos personajes de esta oscura trama comiencen a dar explicaciones.
Sin mencionar a ex funcionarios del Ejecutivo de por entonces que amparados en la “independencia de poderes” encontraron la forma de esquivar preguntas incomodas; pero hay personajes no tan periféricos que forman parte de la trama, incluso figuran en los expedientes de la causa y sin embargo jamás volvieron a ser citados ni si quiera en calidad de testigos.
Hasta eso los años pasaron sin piedad y la causa solo tuvo un protagonista excluyente en la persona de Santos Clemente Vera, quien fue condenado y luego puesto en libertad. Ahora la nueva unidad fiscal está pidiendo el ADN de la pareja del jardinero de San Lorenzo, sabrá Dios para qué, al tiempo que apareció una denuncia por abuso sexual denunciado por otra mujer en ese año 2011, contra Vera.
Sin embargo hay otros personajes que incluso caminan por tribunales, ante la mirada del público que transita esos pasillos y el amplio hall de entrada de Ciudad Judicial. Aunque lo miran y ni siquiera saben de quien se trata, es el juez Martin Pérez, el responsable de haber llevado a juicio a Daniel Vilte y a Santos Clemente Vera, ambos absueltos en 2014.
En cuanto a Daniel Vilte al momento de ser consultado por este medio, relató que Martin Pérez solo lo imputó a él porque Gustavo Lasi se lo dijo. En lo que fue aquella perversa ecuación en la que el único condenado por los crímenes “no pudo actuar solo”. Esa quizás sea la raíz de la podredumbre de un caso que estuvo mal enfocado de entrada, con una investigación chapucera que solo pretendía entregar a “tres negros” de la zona y cerrar un caso que desde el momento de la desaparición de la víctimas –dos semanas antes del hallazgo de los cuerpos– ya se presentaba como complejo.

¿Por qué el juez de instrucción le cree ciegamente a un sospechoso –Lasi– e incluso le obedece e imputa a sus dos supuestos compañeros de fechorías? ¿De dónde los conocía previamente?
Cabe recordar que Vera y Gustavo Lasi habían tenido rencillas en el pasado que habían llegado incluso a peleas, reconocido esto por el mismo Santos en aquella entrevista en exclusiva con MUY CRITICO en la cárcel de Villa Las Rosas.
Pérez solo contó con un elemento para imputarlos a los dos, tanto Vilte como Vera no tienen ni un solo indicio de haber estado en la escena, ni haber participado de los asesinatos. Pero para Pérez solo bastó la palabra de Gustavo Lasi. A pesar de que a los días de su detención apareció el enigmático ADN que llevó a Vera a la cárcel por casi 10 años y que uno de sus abogados, el Dr. Vargas, le dijo a quién redacta la presente nota que aquel cotejo se trató de un “ADN filial”, es decir de esos que se utilizan para conocer el vínculo de un padre y un hijo; y no para una investigación criminal.

Néstor Piccolo, el detector de metales y una autopsia apresurada
Esto debería ser parte de las tareas de la nueva unidad fiscal, el hecho de citar a Martin Pérez a dar las explicaciones del caso, aunque parece difícil que se atrevan a llamar a quien incluso no coincidía con la línea del comisario Néstor Piccolo, quien se tomó el trabajo de pedir en préstamo un detector de metales de Gendarmería para buscar las capsulas de las balas y no encontró nada en el lugar del hallazgo. Sin embargo al día siguiente el policía Walter Mamani, dueño de un poder sobrenatural para la búsqueda de indicios y pistas prometedoras, encontró las capsulas de las balas. Solo con su olfato.
Otra de las explicaciones que el juez Martin Pérez debería brindarle a la nueva unidad fiscal es el hecho de haber mandado a levantar los cuerpos a las tres de la mañana para realizar la autopsia. Este es un error de una grosería tal que ni siquiera un neófito en el tema lo cometería. Pero Pérez lo cometió y tendría que explicar cuál fue el apuro de llevarse los cuerpos en plena noche cuando se sabe que la luz del alba es la mejor para estudiar la fauna cadavérica, y la escena del crimen y/o hallazgo.
Pareciera que Martin Pérez es el protagonista por antonomasia de esta trama por la cantidad de torpezas de este talante cometidas en medio de la etapa de instrucción o investigación penal preparatoria, como se le dice ahora. Sin embargo allí anda por Ciudad Judicial sin que nadie le pregunte nada acerca del peor caso criminal de la historia de Salta.
De vez en cuando se cruza al Macro Selecta a controlar sus movimientos bancarios y alguna que otra vez se escapó al Rapid pago del Chango Mas en horarios de trabajo, cosa que cualquier otro funcionario no podría hacer. Aunque hay cosas más inquietantes en la mente de un hombre que lleva en su conciencia la imputación de dos seres humanos que perdieron su libertad injustamente por su mala praxis.

López Sastre, Cañizares, Lasi (padre) y 14 días que no cierran
La investigación de los crímenes inicia cuando María Fernanda Cañizares recibe de regalo de su novio un teléfono celular. Lo primero que hizo fue comprarle un chip nuevo y cambiarlo. Cabe recordar que en esa época la tecnología de los teléfonos celulares aún no se había fusionado con las computadoras y para que un dispositivo como estos se conecten a la antena había que insertar el mencionado chip.
Grande fue la sorpresa de los sabuesos cuando vieron que el celular de una de las víctimas se había activado. De inmediato localizaron a la mujer y según fuentes confiables pasó a formar parte de la lamentable ristra de palizas y torturas que sufrieron todos los que fueron imputados a lo largo de aquella penosa investigación.
Cañizares de inmediato señaló a su novio, un tal Gustavo Lasi, quien tenía un AP –Agrupación política– que lo vinculaba al gobierno de por entonces y que había sido contratado por el ahora ex Ministro de Ambiente de la provincia, Francisco López Sastre, funcionario del gobierno de Urtubey y quien terminó declarando en el juicio como testigo, aunque el fiscal no le hizo una sola pregunta medianamente importante ante el escenario que se encontraba.
Para ese momento cuando fue citado al juicio, López Sastre era el hombre que había contratado para trabajar en esa área, al señalado como el asesino y violador de Cassandre Bouvier y Houria Moumni. Nadie sabe a quién va a contratar pero al menos López Sastre podría haber aportado algo más; aun con la carga social de que para entonces el encendido folclore local en confiterías y bares ya lo había puesto en aquella lista de nombres de asistentes a la supuesta fiesta de la que tanto se habló.
En cuanto al padre de Lasi, se trata de otro agujero negro del que nadie ha dado una explicación lógica. Dueño de la carabina con la que mataron a las víctimas, de pronto es sobreseído por Pérez y nunca más llamado a declarar.
Lo interesante de la persona del padre de Lasi para la causa es que podría encajar perfectamente en una probable hipótesis donde él y su hijo podrían ser los autores de los crímenes, ya que el ADN de su hijo –el mismo que el de él– esta presente en ambas vías de las víctimas, tanto vaginal como anal. Entonces esto abre dos posibilidades, o ambos Lasi (padre e hijo) actuaron juntos en las violaciones y asesinatos, ya que está presente el ADN y el arma homicida; o bien Gustavo Lasi es un auténtico necrófilo, quien fue obligado por los verdaderos autores a dejar su rastro genético en las victimas.
Esta última hipótesis no esta tan alejada de la lógica ya que ubica a las víctimas en la Quebrada de San Lorenzo, al momento de los ataques, aunque 14 dias después de que ambas se fueran del hostal donde se habían hospedado. Y esto lleva a otro de los grandes dilemas del caso: la data de muerte.
En conclusión para la investigación las victimas estuvieron a la intemperie casi 2 semanas, rango que fue puesto en duda por más de uno que participó en la investigación y que en contrapartida con ello se afirma que más de 6 a 7 dias no podrían presentar el estado de conservación que tenían, sin haber entrado en estado de putrefacción. Sin mencionar los efectos de la fauna local, de algún animal carroñero que participara de la dinámica de la naturaleza y al cabo de unos días no queden más que huesos, tal como sucedió con el caso de Daniela Guantay.
Entonces apareció el cuestionamiento que levantó toda una encendida ola de rumores que coquetearon con lo más macabro, donde no faltó el relator que le puso título al chisme más surrealista de toda esta trama: “las chicas estuvieron “frisadas” durante dos semanas hasta que alguien se ocupó de tirarlas en la Quebrada”.
Esta “folclórica” versión aunque suene descabellada y se asemeje a una burda deformación de la realidad, una fuente informó a esta redacción que los cuerpos estaban “congelados” al momento del hallazgo. Hasta aquí varias preguntas sin responder aunque el decálogo de desatinos continua hasta el día de hoy.
Sin dudas un caso de extrema complejidad y un desafío para la nueva unidad fiscal, quien tendrá la delicada tarea de resolver un caso con 15 años de desatinos y errores inexplicables, cometidos con una torpeza inusitada o quizás adrede para lograr un objetivo que al día de hoy parece factible con la realidad y es el hecho de colocar a los hechos en una nebulosa tal que todo esfuerzo investigativo sea fútil por la aberración que llevaron adelante; y que al día de hoy les sirve a los verdaderos responsables para escapar de la Justicia y no pagar jamás por el peor de los crímenes: violar, torturar y matar.




