LAS LLAMATIVAS COINCIDENCIAS DEL FEMICIDIO DEL TIPAL CON EL DE CARLOS MONZÓN Y ALICIA MUÑIZ

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En ambos femicidios las víctimas murieron por asfixia mecánica, como así también ambas mujeres fueron sometidas a una violencia física y psicológica aterradora, con una mecánica de la muerte, casi idénticas. Además en ambos casos actuó un tribunal colegiado presidido por una mujer. Para el caso de Monzón aún no se había promulgado la ley de femicidio.

En la provincia de Santa Fe se erigió una estatua para quien es considerado el mejor peso mediano de todos los tiempos, la placa reza: “Carlos Monzón, campeón mundial y femicida”. Esto último se agregó muchos años después de que el excampeón perdiera la vida en un accidente automovilístico en una de sus salidas transitorias, tras ser condenado en aquel juicio histórico.

El 14 de febrero de 1988, el excampeón mundial de boxeo asesinó a su pareja, Alicia Muñiz, en Mar del Plata, estrangulándola y arrojándola desde el balcón del chalet, para simular un accidente. La autopsia confirmó que Alicia ya estaba muerta o agonizando por estrangulamiento antes de caer al vacío, demostrando la falsedad del “accidente”.

Aquella noche había el clímax de violencia llegó a su tope máximo tras un cumulo de situaciones en las cuales las discusiones, los insultos y las descalificaciones, ya formaban parte de la dinámica de la pareja. Pero todo llegó al trágico final cuando el ex campeón mundial de boxeo se abalanzó sobre Alicia Muñiz, tomándola del cuello y rompiéndole el hueso hioides, lo que le provocó una muerte prácticamente instantánea. Monzón desesperado intentó reanimarla pero Alicia ya estaba muerta.

En un acto de locura y como último recurso arrojó a la madre de su hijo desde el balcón al suelo, una altura poco significativa pero que al caer el cuerpo sin vida, el golpe le produjo quebraduras post morten, incompatibles con una caída en vida, que hubiera activado reflejos defensivos en la victima tales como levantar la palma de ambas manos.

Luego Monzón se arrojó cayendo al suelo y produciéndose una quebradura de la clavícula, con la inconfesa idea de simular una burda pelea que obvio el tribunal que lo juzgó no le creyó.

Horror en el country

El 4 de agosto de 2023, apenas pasadas las 8:00 de la mañana en el exclusivo barrio cerrado El Tipal, donde vive la “La crème de la crème” de la sociedad salteña, es decir los ricachones más encumbrados de una población atravesada por escandalosos contrastes sociales, iniciaría la última y peor de las discusiones, puertas adentro, entre José “Jota” Figueroa y su pareja Mercedes Kvedaras.

Celos, pases de factura y acusaciones de infidelidades, eran la comidilla cotidiana de una pareja que estaba destruida y que no tenía forma de regresar a sus primeros tiempos de felicidad. Al igual que Alicia Muñiz, Mercedes Kvedaras estaba aterrorizada, aun así toleró a su marido hasta el último día, con justificativos absurdos tales como que había tenido “un pasado difícil”.

Aunque durante el juicio se están ventilando situaciones en las que Figueroa habría querido quitarse la vida, la pregunta que queda hacerse es ¿a que atribuía Mercedes algo como “un pasado difícil” en alguien que podía comprar con su dinero los beneficios de una vida idílica, con una cuenta bancaria que le permitiría prácticamente darse lujos que el resto de la población apenas podría soñar.

Esta desigualdad de poder entre ambos es otro punto en común que tiene este caso con el de Carlos Monzón. Un púgil que contaba con una considerable fortuna económica, ya que había tenido la suerte de contar con un entrenador que había guardado el dinero de su última pelea contra Rodrigo Valdez. Amílcar Bruza había cuidado celosamente de no dejar que Monzón lo dilapidara. Cabe recordar que en esa última defensa de su título cobró 250 mil dólares, una fortuna a valores actuales.

Por ello es que Monzón se quejaba constantemente de que Alicia solo quería su dinero, generando rencillas y malestares constantes que actuaron como una olla a presión; en el caso de Figueroa, este le recordaba a Mercedes que “no tenía donde caerse muerta”, ya que no contaba con un trabajo del cual percibir un sueldo y por ende una independencia de la que no gozaba.

Por ello su deseo de conseguir trabajo urgentemente, además de regresar a cursar en la universidad unas materias que estaba debiendo y que había rendido con éxito. Pero en ese terreno Figueroa llevaba la batuta, tal como sucedía con Monzón. Ambos eran los dueños de la billetera, como se dice vulgarmente a quien costea los gastos.

Celos mortales

Otro de los factores comunes en ambos casos: celos enfermizos que llevaron a ambos a situaciones rayanas con la locura a llegar a extremos enfermizos. Monzón estaba convencido que Alicia Muñiz tenía un amante en Mar del Plata aquel verano, o bien en su país natal, Uruguay. Monzón aducía que cada vez que ella se iba de viaje estaba con algún hombre.

Para el caso de Figueroa la situación era idéntica. El abogado e hijo de la dueña del country, tenía metida la idea en la cabeza de que Mercedes ya estaba con “otro tipo”, tal como contó en su declaración. De hecho ya lo tenía identificado, como un sujeto separado con quien ella se veía ocasionalmente.

Esta situación destruyó la psiquis de Figueroa a tal punto que inició una cruzada absurda que incluía perseguirla en su automóvil donde la desafortunada mujer fuera, sea al cerro Elefante, sea el centro de la ciudad o al gimnasio, incluso se inscribía en los mismos a los que ella asistía.

Una pesadilla que tanto Muñiz como Kvedaras vivieron en carne propia y que la familia de ambas pasaron por alto, con la esperanza de que –en los dos casos– la relación mejorara, cosa que nunca sucedió e incluso empeoró hasta llegar al trágico final, para ambas víctimas.

Presidentas de tribunales para juzgar femicidios

“Para peor le tocó una mujer de jueza”, decían asiduos chismososo de café, bares, confiterías y todo antro social donde no se hablaba de otra cosa en el país,  a los días de iniciado el juicio que finalmente condenó a Carlos Monzón. Quizás la época era otra y la palabra femicidio ni existía, menos aún su noción, pero aquel sorteo para designar a ese tribunal presidido por la Dra. Alicia Ramos Fondeville no fue una buena noticia para Monzón, quien por entonces contaba con el apoyo incondicional de medios importantes como la revista Gente, El Grafico y por supuesto un sector del periodismo que simpatizaba con la figura del “campeón” y apoyaba la hipótesis de la pelea que terminó de forma trágica.

Aquel tribunal estaba presidido por Ramos Fondeville y los vocales eran Carlos Pizarro Lastra y Jorge Simón Isaach. Obvio que para la época un juicio de esa magnitud con ese imputado, la elección de una jueza fue todo un tema no solo conceptual, sino de debate social. Incluso en una de las películas que se hicieron de Monzón y de ese caso, en 1989 fue elegida la famosa actriz Norma Aleandro para interpretar a la magistrada en el film Carlos Monzón, el segundo juicio.

Para el caso de José Figueroa, la responsabilidad recae sobre la Dra. Cecilia Flores Toranzos, la presidenta del tribunal y los vocales, Eduardo Sángari y Leonardo Feans. Según el Boletín oficial, la magistrada fue designada el 7 de junio de 2023, en el cargo de Juez del Tribunal de Juicio Sala IV, Vocal Nº 2 del Distrito Judicial del Centro.

Manos que matan

Las manos de Monzón eran monstruosas, metían miedo a quien se las veía incluso en el casino de Mar del Plata. Su mala alimentación desde niño le produjo debilitamiento en los huesos pero luego fue operado y pudo hacer su exitosa carrera pugilística. Con esas manos destruyó a 14 hombres arriba del ring mientras fue campeón mundial.

Aquella noche trágica tomó del cuello a Alicia Muñiz y le rompió el hueso hioides, el cual es una estructura ósea impar, mediana y simétrica en forma de U, situada en la parte anterior del cuello, aproximadamente a nivel de la tercera vértebra cervical. Al romperse la víctima no tiene ninguna chance de sobrevivir.

En el caso de Figueroa, un hombre entrenado para jugar al rugby, un deporte de contacto que requiere de mucha fuerza física y entrenamiento del más duro, también poseía mucha fuerza en sus manos, no del poder de las de un boxeador como Monzón pero si con la fuerza necesaria para romperle el cuello a una mujer del peso y el tamaño de Mercedes.

Figueroa insiste en su declaración que jamás tuvo la intención de matar a la madre de sus hijos, pero lamentablemente en la dinámica de esa agresión y siendo un hombre joven dotado de una fuerza capaz de practicar ese deporte de brutos que es el rugby, el resultado es probable que termine siendo la muerte.

En ambos casos la mecánica es idéntica y la consecuencia la misma, para el cual el resultado de la autopsia será inapelable para el caso de Figueroa y para Monzón, ya forma parte de uno de los casos en la historia judicial argentina más emblemáticos que se conocieron.