EL ASESINO QUE GANÓ UN “PREMIO MILLONARIO DE LA FUNDACIÓN RIVER”

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El increíble suceso ocurrió en diciembre de 2021. Ese día el mundo conoció a un tal Javier Saavedra, encargado de Abordajes Sociales del Club Social y Deportivo Santa Victoria Este. Cuatro años atrás había masacrado de 45 puñaladas a Jimena Salas frente a sus hijas de 3 años. Su sorprendente capacidad para camuflarse y su “suerte” para que acusaran al marido y a un vendedor ambulante, le ayudaron a desaparecer del radar de la policía.

En una ocasión Lionel Dahmer le dijo a un periodista durante una entrevista para un canal de televisión americano, lo cual luego se convirtió en material para uno de los documentales del famoso caníbal de Milwoky, Jeffrey Dahmer, su hijo: “Es increíble lo que un ser humano puede ocultarle a otro ser humano”.

Esta reflexión surgió luego de que el famoso asesino serial mostrara unos videos caseros a su familia relatando entusiasmado como era su trabajo en una fábrica de chocolates, en ocasión de haberse mudado a vivir con su abuela. Lo más inquietante es saber luego de descubiertos sus atroces crímenes que a solo días de haber grabado ese video había matado y comido a una de sus víctimas.

“´No encuentro las palabras para transmitir toda la emoción, la felicidad de las comunidades y la revolución que se está dando en este pueblito, en el límite entre Argentina, Bolivia y Paraguay, por la alegría inmensa que nos dieron´, dijo Javier Saavedra, quien es el encargado de Abordajes Sociales del Club Social y Deportivo Santa Victoria Este”. De esa manera retrataban las crónicas de la época lo que para hoy en día es un asombroso suceso.

“Resultó que el Club Social y Deportivo Santa Victoria Este, de la localidad de Santa Victoria Este, del norte salteño, y que da contención a más de 500 niños de comunidades originarias, fue el ganador de $1.500.000 para la construcción de su sede, en el marco del Premio Millonario de la Fundación River, del que participó junto a más de 900 clubes de todo el país, anunciaron fuentes de esa entidad”, indicaban los medios nacionales.

Para el caso de Javier Saavedra, como el gran manipulador que era, tenía lista una respuesta donde describía un “cuidado” escenario donde su persona encajaba de manera metódica en un contexto que, de forma lógica y ordenada configuraba a la perfección con su trabajo social y su carrera en la Universidad Católica.

Obvio que a eso habría que agregarle que el asesino tuvo una cuota de suerte enorme, una ayuda extra de quienes colaboraron en su huida al norte y que por cierto en este momento es materia de investigación por parte de la Justicia. Aun con esa cuota de colaboración “el Chino” demostró una capacidad encomiable para lograr que su historia en Santa Victoria Este resulte siendo un relato que daba cuenta de su magnífica tarea comunitaria.

Para cuando la suerte se le terminó en octubre de 2022, es decir casi un año después de ganar aquel premio de la Fundación River, tras una investigación realizada por una nueva unidad fiscal con unos 50 policías trabajando noche y día para arrestarlo; finalmente ya detenido el Chino desde la alcaidía brindó una entrevista exclusiva a MUY CRITICO.

Fue la única vez que el asesino habló con un medio periodístico, ya que el 15 de Septiembre de 2025, abrumado por las pruebas en su contra se cortó las venas en el baño de la prisión, un día antes del juicio.

En aquella entrevista hubo cuatro periodistas invitados, de los cuales uno de ellos era Daniel Gutiérrez, quien envió a esta redacción la siguiente pregunta:

¿Por qué se fue a Santa Victoria Este e hizo un cambio rotundo en su vida?, ¿por qué después de que lo acusan los fiscales que pasó con la muerte de Jimena Salas se fue para el norte? Ellos entienden que fue para ocultarse de lo que pasó aquí en la ciudad de Salta, ¿por qué lo hizo en ese tiempo?, ¿qué explicación da a su viaje al norte provincial?

La réplica del Chino no es más que una perfecta síntesis de su enmascarada crónica de como eludió a la Justicia durante los 5 años que duró su fantástica fuga al norte y su habilidad camaleónica para mostrarse como una persona que jamás sería capaz de asesinar a una indefensa mujer frente a sus hijas. De esto da cuenta el sacerdote franciscano Martin Caserta, quien lo acogió en esos parajes olvidados de Dios y que al día de hoy sigue negándose a creer que haya cometido semejante crimen.

 

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La explicación de Javier Saavedra a su huida al norte

La respuesta a su pregunta servirá para develar tres grandes mentiras que, desde la fiscalía, se quisieron establecer como verdades. Aquello del supuesto “cambio rotundo”, lo de mi ida al norte inmediatamente luego de la fecha del femicidio de Jimena Salas, y aquello del “ocultamiento” a las pruebas me remito.

Durante todo el año 2017 hasta diciembre del año 2018 viví normalmente en la ciudad de Salta, cursando mis estudios universitarios de la Licenciatura en Trabajo Social en la Universidad Católica de Salta, mientras paralelamente realizaba trabajos sociales para la Secretaría de Desarrollo Humano del municipio Capital. Allí formé parte del equipo técnico social del Plan Hábitat Nación: un paquete de obras de urbanización para Villa Floresta. Mi contrato de trabajo (2017-2018) establecía desempeñar funciones de acompañamiento social y de promoción comunitaria en el territorio. De lunes a viernes por las mañanas realizaba el trabajo social territorial en Floresta, por las tardes cursaba mis estudios universitarios y los días sábados brindaba clases de música para niños, niñas y adolescentes en el comedor comunitario Rayito de Sol de Floresta.

Al finalizar mi contrato dentro del Plan Hábitat Nación en diciembre de 2018, recibí una oferta de empleo por parte de una ONG de Buenos Aires llamada CAII, la cual brindaba acompañamiento familiar en Santa Victoria Este. Me interesó la propuesta laboral, por lo que recién en ENERO DEL AÑO 2019 me trasladé al norte provincial para desempeñarme en mi rol social. Fue constatado fehacientemente que las razones de mi viaje fueron puramente laborales, por convicciones ideológicas y por compromiso de justicia social.

Santa Victoria Este es (sino el más) uno de los lugares del país con mayor vulnerabilidad social, con un porcentaje de más de 86% de familias con NBI. Mi vocación siempre fue el trabajo social, por ello ¿dónde más podría estar si no es allí?

A partir de esto, la fiscalía intentó establecer aquello de que mi viaje al norte fue para “ocultarme”, evaluemos por un momento esta falacia:

Debido a mis labores sociales en Santa Victoria Este, me he convertido allí en un referente, llegando a ser enlace territorial de cientos de actores locales, municipales, provinciales, nacionales y hasta extranjeros, del sector civil, privado y estatal.

Mire qué forma tan curiosa de «ocultarme» que en el norte formé parte de una convocatoria de gran difusión provincial y a nivel país, obteniendo un reconocimiento al impacto social deportivo ganando el premio de la Fundación River Plate 2022 entre más de mil clubes barriales de toda Argentina, logrando esto repercusiones a gran escala (véase “un club de Santa Victoria Este gana el premio River Plate”).

Mire qué manera tan curiosa de “ocultarme”, que en el norte fuí protagonista de un documental producido por el canal La Nación (LN+) llamado Hambre de futuro, el cual tuvo gran repercusión local y nacional (véase “Hambre de futuro, Kevin un jóven wichí”).

Así que, seré redundante las veces que sean necesarias con esto: en ningún momento ni antes, ni durante, ni luego de la fecha del femicidio de Jimena Salas nuestras vidas se vieron modificadas en absoluto, quedando constatado con pruebas fehacientes e irrefutables (testigos, gps, contratos laborales, asistencias de estudios, fotografías, videos, llamadas, mensajes, etc, etc.)

Lo irónico a partir de esto fué, que refutada esta falacia del “cambio rotundo” y lo del “ocultamiento”, la fiscalía dió un vuelco rotundo y desesperado, y ya no sostenía que cambiamos nuestras vidas ni que nos ocultábamos, sino que el discurso es el contrario (las siguientes son palabras explícitas de los fiscales): “no hay mejor forma que ocultar un crimen que actuando normal, mostrándose”. Oiga usted qué pensamiento tan peligroso, literalmente para la fiscalía cualquier persona normal en la calle puede ser detenida e incriminada por un crimen, ¿no le recuerda esto a un fatídico lema que decía “algo habrán hecho”?

Suerte, complicidad y una sucesión de eventos “afortunados”

Pisotear el celular de la víctima en su dormitorio hasta volverlo un menjunje de plásticos retorcidos y silicio, no le alcanzó para hacer desaparecer las tres fotos que le tomó Jimena Salas aquel 27 de enero de 2017, sosteniendo a la caniche toy que le había regalado a su novia.

Su sangre estaba regada por toda la casa, seguramente producto de la última resistencia que presentó la victima antes de morir a manos de este auténtico psicópata sacado de una película de Alfred Hitchcock. Quizás la adrenalina de semejante masacre que duró los 14 fatídicos minutos de aquel caluroso mediodía, no lo desenfocó de su plan de huida.

Obvio que como le responde al periodista Daniel Gutiérrez, su contrato de trabajo de 2017 a 2018, establecía desempeñar funciones de acompañamiento social y de promoción comunitaria en el territorio. Entonces es obvio que romper el contrato y huir de la provincia sería el primer indicio de culpabilidad. Por eso es que es correcto plantearse de que tuvo tanta suerte, como coadyuvantes en su huida.

Además tenía que seguir asistiendo a la universidad a cursar y mostrarse como que nada había sucedido, aunque sus compañeras lo vieron arañado en esos días y pensaron que se había peleado con su novia. Esto obra en las declaraciones de testigos que asistieron al segundo juicio, cuestión que sería saludable que los que marchan los jueves en Plaza 9 de julio tuvieran al menos idea de la aberración por la que están reclamando y lo ridículos que se ven haciéndolo. Tanto como el sector del periodismo que compró esta absurda historia.

El otro suceso que le dio al Chino una ventaja tan grande que le permitió crear un personaje en Santa Victoria Este e incluso tener el tiempo suficiente como para dedicarse a participar de concursos nacionales y ganarlos (!), fue el primer juicio que se llevó adelante durante la pandemia y donde quedó demostrada la inocencia del marido, Nicolás Cajal y del vendedor ambulante Sergio Vargas. Absurdamente acusados y sospechosamente llevados al banquillo, sabrá Dios con que intenciones.

Obvio que no era necesario gastar recursos del Estado destinados a buscar la verdad de los casos criminales y por supuesto el tiempo que se desvaneció mientras desfilaban los testigos en aquel frio invierno de 2020, para saber que estos dos eran inocentes; mientras el Chino se establecía de forma más convincente en el norte, frente a las narices de los mismos gendarmes.

Todo terminó el 1 de octubre de 2022, cuando la nueva unidad fiscal le dio caza en el norte provincial, en cercanías a la frontera donde ese muchacho que aparecía en un spot afirmando que esa escuela debía ganar el premio que luego ganó; venía de asestarle 45 puñaladas a una madre en frente de sus hijas.

Por lo general los asesinos pueden utilizar cualquier recurso para esconderse y escapar de la Justicia. Este en particular utilizó a niños pobres en una zona donde nadie quiere ver la vulnerabilidad social.

Quizás todos seamos en parte culpables de esa situación, ya que en nuestra inmensa hipocresía negacionista por no querer mirar la pobreza, no vimos a un feroz psicópata que se ocultaba frente a toda una sociedad plagada de necios y crédulos.