¿CÓMO SERÍA EL MUNDO SI JOHN LENNON VIVIERA?

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Es una de esas preguntas que no tienen respuesta, pero que resultan irresistibles. Si John Lennon no hubiera sido asesinado aquel 8 de diciembre de 1980, hoy tendría 86 años. ¿Qué habría sido de él? ¿Y qué habría sido del mundo con él?

Más allá de lo contrafáctico del planteo, es una de los cuestionamientos más fascinantes si se toma en cuenta de que Lennon creó todo un movimiento de concientización por la paz en el mundo en pleno contexto de la guerra de Vietnam. Que su paso por este planeta no pasó desapercibido, que su potencia creativa y su genialidad aparecieron cuando el mundo más lo necesitó.

Entonces, ante la pérdida de valores que el mundo actual está transitando, ante las crisis morales a nivel global que azotan a la población mundial, ante la mala utilización de la tecnología, ante líderes mundiales ambiciosos y megalómanos con los que convivimos actualmente y representan un peligro para todos; sin dudas su voz sería un bálsamo absolutamente necesario.

Lo primero que hay que decir es que Lennon era un camaleón creativo. Pasó del rock and roll crudo de los Beatles al pop psicodélico, de ahí al activismo político, luego a la experimentación vanguardista con Yoko Ono, después a un retiro doméstico como padre de familia, y finalmente a un regreso musical más maduro con Double Fantasy.

Si hubiera vivido, probablemente habría seguido ese patrón: cambiar, incomodar, sorprender. Muchos imaginan que, como David Bowie, habría migrado hacia terrenos más experimentales o incluso hacia el arte visual y la escritura. Su hermana Julia Baird dijo alguna vez que lo imaginaba “pintando, escribiendo poesía”. No cuesta verlo colaborando con artistas más jóvenes, produciendo, opinando sin filtro en entrevistas.

La voz incómoda que siempre fue

Lennon nunca fue un artista cómodo para el establishment. En los 70, el FBI lo vigiló obsesivamente por su activismo contra la guerra de Vietnam y su amistad con figuras de izquierda. Fue amenazado con deportación. Richard Nixon quería sacarlo del país.

Si hubiera vivido, ¿habría callado? Improbable. Lennon era un crítico natural del poder. Habría hablado de Irak, de Afganistán, de Guantánamo, de la crisis climática, de la desigualdad, de la vigilancia masiva. Habría sido una piedra en el zapato para más de un gobierno. Y también habría sido incómodo para cierta izquierda: Lennon no era un militante disciplinado, era un francotirador lírico, contradictorio y humano.

Quizás hoy tendría un podcast. Quizás escribiría columnas feroces. Quizás estaría en las redes sociales discutiendo con todos. La imagen no es descabellada.

El mito vs. el hombre

Hay algo incómodo en esta fantasía: el Lennon que imaginamos vivo suele ser una versión idealizada. El Lennon real era genial, pero también cruel a veces, contradictorio, egocéntrico, con una relación compleja y a ratos violenta con las mujeres de su vida. Su muerte lo congeló en el momento de mayor plenitud artística y personal, justo cuando parecía haber encontrado cierta paz.

Si hubiera envejecido, habría cometido errores. Habría decepcionado a algunos. Habría hecho discos irregulares. Habría dicho cosas que envejecerían mal. Ser humano, en definitiva.

¿Un mundo mejor? No necesariamente

Es tentador pensar que con Lennon vivo el mundo sería más pacífico, más justo, más creativo. Pero eso es pedirle demasiado a una sola persona.

Lo que sí es razonable suponer: la cultura pop habría sido distinta. Habría más música suya. Habría más entrevistas incendiarias. Habría más momentos incómodos y brillantes. Quizás habría reconciliaciones públicas con Paul McCartney, colaboraciones tardías, álbumes crepusculares como los que Bowie o Leonard Cohen nos regalaron antes de morir.

Y en el terreno político, su voz habría sido una más entre muchas, pero con un megáfono enorme. En tiempos de guerra y polarización, una canción suya en el momento justo puede hacer más que mil discursos.

La respuesta honesta

No sabemos qué habría sido de Lennon. Nadie lo sabe. Lo que sí sabemos es lo que dejó: un puñado de canciones que todavía se cantan en plazas, estadios y cocinas de todo el mundo; una idea simple y radical de que la paz es posible, aunque suene ingenuo; y la prueba de que un artista puede ser popular y a la vez incómodo, masivo y a la vez político.

Quizás la pregunta correcta no sea qué habría hecho Lennon con el mundo, sino qué hacemos nosotros con lo que él dejó. Porque “Imagine” no es una profecía: es una invitación. Y esa invitación sigue abierta, con Lennon vivo o muerto.

Como él mismo cantó: “You may say I’m a dreamer / But I’m not the only one.”