Santiago Alurralde, subsecretario de Participación Ciudadana, y Tane Da Souza, director de la Agencia de la Juventud de Salta, protagonizaron el papelón del año al subirse a un escenario y realizar payasadas tratando de imitar a los ridículos que se dedican a “farmear aura”
En el caso de que hayan querido captar el voto joven lo único que lograron fue la sorna de todo un país al contemplar la estupidez en toda su dimensión. Pero resulta que los protagonistas de este papelón no son chicos en la Plaza 9 de julio, sino dos funcionarios con apetitosos salarios.
Santiago Alurralde, subsecretario de Participación Ciudadana, y Tane Da Souza, director de la Agencia de la Juventud de Salta, se subieron al tren de la moda “farmear aura” durante un encuentro juvenil. El resultado fue un acto bochornoso donde estos dos monigotes se llevaron la peor parte, cuando los noticieros de Buenos Aires comenzaron a burlarse.
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Uno tras otro, y para peor uno de ellos fue el filoso Eduardo Feinmann, uno de los periodistas más ácidos de la Argentina, quien a la tarde goza de una audiencia enorme. Siguieron otros y luego los portales a lo largo y ancho del país, para terminar en una catarata de viralizaciones en las redes, de estos dos impresentables, quienes deberían estar honrando sus cargos en vez de dedicarse a estas payasadas dignas de ebrios mal entretenidos, pero no lo son. Se trata de funcionarios.
Los medios nacionales sorprendidos ante tal bufonada
“Los dos funcionarios se subieron al escenario para disputar un particular ´duelo de aura´, para intentar seducir a toda costa a los jóvenes que allí se encontraban pero terminaron dando cringe”, publicaron en DIARIO REGISTRADO, al tiempo que aseguran que aparecieron “despojados de todo nivel de vergüenza, los funcionarios hicieron todo tipo de poses y bailes para intentar ganarse al público pero a qué costo”, indican.
“Iván Mizzau, secretario de Participación Ciudadana, asumió el papel de árbitro y fue el encargado de determinar quién había conseguido acumular más aura”, consiga ese portal.
Lamentablemente mientras el país se hunde en una crisis económica, social, cultural y sobre todo moral, hay que digerir estas horrendas y vergonzantes manifestaciones que no hacen más que dar una elocuente muestra de una falta total de preparación para desempeñarse en la función pública.



