SUICIDIOS EN LAS CÁRCELES: EL SÍNDROME DE “EL EXPRESO DE MEDIANOCHE”

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El lunes 24 de agosto se quitó la vida en el pabellón “F” de la Unidad Penal de Villa Las Rosas, un interno que hasta hace unos meses atrás fue noticia prácticamente todos los días que duró el juicio donde resultó condenado por el femicidio de su pareja, Mercedes Kvedaras. José Jota Figueroa se colgó con una cuerda hasta perder la vida. Los suicidios dentro y fuera de las cárceles han trepado a un número alarmante en las encuestas en los últimos meses convirtiéndolo en un fenómeno al cual se le debería prestar más atención.

El 4 de agosto de 2023, José “Jota” Figueroa, tras una acalorada discusión golpeó a su esposa Mercedes Kvedaras y luego la ahorcó con sus manos hasta matarla. El hecho conmocionó a la sociedad salteña, no solo por sus características violentas sino también por el estatus social de la pareja.

Pero por sobre todos los aspectos a la vista lo que terminó de disparar el morbo de una sociedad famélica de truculencias fue que el femicidio ocurrió dentro del country más exclusivo de Salta. Ese donde viven los ricachones más acaudalados y encumbraos de la sociedad salteña. De hecho, la propietaria del barrio privado es la madre de quien en vida fuera José Figueroa y quien había resultado condenado por la cantidad abrumadora de pruebas en su contra, incluso su mismo relato concluye en su propia acción criminal, donde la desafortunada mujer y madre de sus tres hijos se llevó la peor parte.

José Figueroa abatido psicológicamente durante el juicio

“Apenas soportó 4 meses”, se escuchó decir apenas se conoció la noticia del suicidio. Habría que preguntarle a alguien que desconoce absolutamente del ámbito carcelario si aguantaría 4 horas en esa verdadera letrina humana, ante esa “inquietud” sociológica.

Estos verdaderos depósitos de gente donde el reo pasa a ser abono de esa basura social que anida tras los muros, está muy lejos de aquel concepto de “resocialización” y todo parece conformar aquello que tan sabiamente describe Michel Foucault en su notable obra “Vigilar y castigar”.

Es imposible no remitir a la misma trágica decisión que tomara hace un año atrás otro reo que concitó la atención pública desde su arresto hasta el día que apareció muerto con un profundo corte en el brazo y desangrado en el baño de la alcaidía. El “Chino” Javier Saavedra también pudo zafar de la justicia cuando logró hacerse de una hoja de Gillette y morir desangrado a horas de ser enjuiciado, aquel 15 de septiembre, cuando decidió que era hora de escapar de una condena que ya era un secreto a voces. En su bitácora había escrito: “Se me terminaron las fuerzas”.

El Chino Saavedra se cortó las venas el día antes de comenzar su juicio

El Expreso de medianoche

En 1970, Billy Hayes, un joven estadounidense, fue detenido en el aeropuerto de Estambul cuando se disponía a subir a un avión con varios paquetes de hachís. Acusado de uno de los delitos considerados más graves en Turquía, Billy es condenado a cuatro años de cárcel, los cuales se extendieron sin solución de continuidad. En prisión sufriría las atrocidades propias de un sistema penitenciario brutal e inhumano con prácticas que ejecutaban sus ancestros incluso en los siglos en que existía la esclavitud.

Apenas llegado a la bestial cárcel y notar que las paredes eran porosas y antiguas, se le ocurrió que podría idear un plan de escape. Mientras planeaba una huida que de buenas a primeras era algo impracticable, otro reo americano llamado Max, solo lo escuchaba y lo observaba. Era otro preso viejo, amargado y resignado quien le dijo: “La única manera en la que podrás escapar de aquí es en el Expreso de medianoche”. Claramente la metáfora refería taxativamente al suicidio.

Desde entonces el título del libro que escribió Billy y que fue un best seller mundial se ha convertido en sinónimo de suicidio, de lograr la verdadera redención y escapar de esos muros infernales, solo que ya en otro plano diferente al terrenal.

Más allá de los análisis sociológicos que puedan hacerse para los dos casos citados (Saavedra y Figueroa) el incremento del suicidio afuera de las cárceles tiene múltiples factores que desencadenan en peligrosas crisis.

Portada de la película basada en el best seller de Billy Hayes

Estadísticas alarmantes  

Las principales causas, entre otras son debido a depresión y trastornos del estado de ánimo, consumo problemático de sustancias, crisis y angustia económica, y desesperanza profunda; en los últimos años, el suicidio se ha convertido en una de las principales causas de muerte violenta y no intencional en adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años en la Argentina.

Según el informe del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) de 2025, Argentina registró un total de 5.209 suicidios, con una tasa nacional de 11,8 casos por cada 100.000 habitantes. Esa estadística publicada en lalupamedios.com.ar, detalla que Salta esta tercera en el país en índices de suicidios cada 100 mil habitantes, a solo un punto de la segunda provincia.

  • Entre Ríos: 20,8 casos por cada 100.000 habitantes.
  • San Luis: 18,9 casos por cada 100.000 habitantes.
  • Salta: 17,4 casos por cada 100.000 habitantes.
  • Santa Cruz: 16,0 casos por cada 100.000 habitantes.
  • Catamarca: 14,2 casos por cada 100.000 habitantes.

En el caso de Salta, se registraron 243 suicidios en 2025, lo que equivale a un suicidio cada dos días. Hasta ahora no hay publicados datos de 2026 pero de seguro serán cifras alarmantes y lo que llama la atención es la falta de interés de las instituciones con respecto a una problemática que no para de crecer.