El senador viajó al Mundial y habló de una invitación sin pruebas. En Metán, la agenda es otra: inseguridad, crisis económica y servicios al límite. Esa necesidad imperiosa de fotografiase y postear en redes ¿es necesario ostentar siempre?
Mucho antes que existan las redes sociales a este tipo de sujetos que no pueden estar sin mostrar que la están pasando de lujo en algún lugar del mundo se los tildaba de “figurones”. Esa denominación parece haberse esfumado con el advenimiento de las redes sociales pero los que parecen tener problemas siempre con este tipo de manifestaciones son los funcionarios públicos como Daniel D’Auria, quien apareció en fotografías en una tribuna de un estadio donde se está jugando el mundial 2026 y la imagen no cayó nada bien.
Las críticas le llovieron desde todos los sectores de la Prensa, tanto provincial como nacional, pero en las redes sociales recibió un apoyo que inexplicablemente roza con la obsecuencia. “El que puede, puede” y “Ya era millonario antes de ser político”, planteó más de un iluminado, en aquello de la batalla cultural, al perecer lo que vienen proponiendo los libertarios.
Misma situación se dio con el “dipu-tesla”, cuando el hermano de la Quintar apareció con semejante vehículo costoso en el Congreso de la Nación. Resulta que el sujeto es diputado nacional y según los jujeños que lo apoyaron –como en el caso de D’Auria– “ya era millonario antes”.
Evidentemente los planteos que justifican estos casos están a la altura del nivel académico de las redes sociales, el cual no supera el raciocinio de un chimpancé con Alzheimer, si es que la metáfora abarca a la masa ingente de idiotas que escriben allí libremente sin ni siquiera pensar por un segundo que se trata de funcionarios públicos que deben honrar el mandato del pueblo y no pasárselas viajando por el mundo.
Más allá de encasillar la anécdota en alguna probable dadiva, ya que D’Auria salió al cruce de las criticas justificando que se trató de un reconocimiento otorgado por el Banco Macro debido a su condición de cliente, vinculado a su actividad empresarial y no a su función pública.
También hubo desvelados que destacaron su trayectoria como empresario y aseguraron que “no necesita de la política para darse esos gustos”. Incluso algunos vecinos consideraron que existe un componente de “envidia” detrás de las críticas y pidieron “dejarlo disfrutar”.
Lo que esta bola de brutos no entiende ni entenderá jamás es que la función pública es casi un sacerdocio –o debería serlo– y que de ser posible este tipo de funcionario mientras dure su cargo debe ser coherente con la austeridad y quedarse en casa, como se pedia en tiempos de pandemia.
D’Auria en todo caso en vez de estar ostentando su presencia en un mundial –el sueño de todo clase media y baja de un pueblo como al que él pertenece– debería ubicarse en el contexto que su país está atravesando, con un ajuste brutal y una recesión jamás vista en la Argentina.
Existe una situación con este tipo de imágenes hechas públicas en redes sociales que obedece a un simple pasaje semiótico que le ocurre mentalmente a quien visualiza esto y no le hace falta analizar fortunas pretéritas o un buen pasar económico de quien ostenta estas situaciones. Porque una foto no necesita explicaciones, es el poder de la imagen y habla por sí misma.
Los detractores de D’Auria cargaron sobre el hecho de considerar que un senador debe priorizar su función pública por encima de cualquier viaje personal, o lujo que el pobre que lo votó no espera verlo en una tribuna de un mundial de futbol sino defendiendo los intereses de quienes le dieron la sagrada tarea de velar por el pueblo.
Quizás era más fácil no registrar el momento y ahorrarse toda crítica, a menos que algún metanense lo viera de casualidad, pero evidentemente existe una necesidad fisiológica de ostentar aun cuando las consecuencias sean la denostación pública.



