Lo dijo la madre de Mercedes Kvedaras frente al tribunal, siendo la única testigo en declarar durante la primera audiencia. También se escuchó una declaración del imputado grabada previamente durante la IPP. Durante la lectura del requerimiento sobrevoló en la Sala de Grandes Juicios la imagen de un violento obsesivo y enfermo de los celos, quien atormentó a la víctima hasta su trágico final.
El 4 de agosto de 2023, Andrés recibía de su amigo “Jota” un mensaje que no sería otra cosa que el presagio de una pesadilla. “No puedo más con esto”, decía. Mientras tanto cerca de las 11:30 en la comisaría 9º de San Lorenzo ya había ingresado el alerta de que un hecho de sangre se había producido en calle los Chalchaleros, en el coqueto barrio privado El Tipal.
Al llegar la policía se encontró un el automóvil atravesado en sentido contrario al ingreso, en el cual había una mujer tapada en toallas en el asiento de atrás, sin signos vitales y en el asiento de adelante un hombre con herida de arma blanca en el cuello, aún con vida, por lo que se llamó de inmediato a una ambulancia.
En la escena del hallazgo estaba la madre y la hermana de la víctima, identificada como Mercedes Kvedaras de 37 años, quien había fallecido por asfixia mecánica mixta; mientras que el masculino herido en la parte del cuello era trasladado en código rojo al hospital. La residencia donde apareció el automóvil es propiedad del padre del hombre, identificado como José “Jota” Figueroa, quien además es hijo de la propietaria del country El Tipal, el exclusivo barrio cerrado donde se produjo el hecho.

Apenas habían pasado las 8:00 de la mañana cuando José Figueroa había tenido una fuerte discusión con la madre de sus tres hijos. Tras prepararles el desayuno para los niños comenzaron las acusaciones por parte de Figueroa contra la persona de Mercedes, su esposa, tras 10 años de matrimonio.
El reclamo más fuerte apuntaba directo a infidelidades donde Figueroa le endilgaba un romance con un “tipo separado”. “Con Mer nos hicimos mucho daño, ella eligió a otros hombres. Cuiden a los chicos, yo ya no funciono ni como padre”, decía en uno de los mensajes que envió Figueroa presuntamente luego del fatal desenlace.
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Con la decisión de Mercedes de materializar de una vez la separación y tratar de que fuera en buenos términos. Allí es donde Figueroa aparece como “controlador y celoso”, y es donde el conflicto encontró su punto de quiebre. Tras una serie interminable de inexplicables escenas de celos, donde Mercedes ni siquiera podía ir al gimnasio, jugar al tenis o caminar por el cerro Elefante, que Figueroa no le quitaba los ojos de encima.
Un controlador empedernido que hizo de la convivencia una prisión domiciliaria para la víctima, quien harta de semejante control, incluso llegando a sentirse extorsionada por un hombre que contaba con una fortuna considerable y ante descalificaciones tales como “no tenés donde caerte muerta”, es que Mercedes había decidido retornar a su carrera. Incluso aprobado unas materias, lo que le permitía volver a cursar y lograr en poco tiempo su graduación en la facultad, pero lamentablemente no pudo finalizar sus estudios ya que este obcecado y celoso serial ya la había condenado de antemano.

Otra relación pretérita atravesada por los celos con una amiga de Mercedes
Desde aquel 2023 habían pasado unos 10 años cuando Figueroa había tenido un noviazgo también atravesado por escenas de celos. Una amiga de Mercedes había estado saliendo con “Jota”, una mujer quien fue “eyectada” a Buenos Aires por su familia para resguardarla de su personalidad posesiva. La mujer literalmente huyó de Salta y a Figueroa no se ocurrió mejor idea para que ella regresara, la inconfesa idea de tener un idilio con su amiga, justamente Mercedes.
Lo que parecía solo un romance pasajero para celar a su ex, se convirtió en un embarazo y luego un matrimonio con tres hijos en total. Una relación que parecía perfecta, ambos jóvenes, exitosos y aparentemente felices. Él graduado de abogado, trabajando con su tío y ocupado en la venta de propiedades, le dejaron a “Jota” –para sus amigos– una apetecible fortuna que había hecho del matrimonio un apetecible proyecto de vida que prometía durar muchos años, pero que puertas adentro se iba convirtiendo en un infierno.
En ese punto comenzaron las situaciones de controles sobre su teléfono celular, las persecuciones por la ciudad, el hecho de inscribirse en el mismo gimnasio donde ella asistía. Todo era ya un síntoma de peligro inminente que sin dudas, ninguna de las dos familias detectó, ni si quiera cuando ya la relación era insostenible.
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En la mente de Figueroa, Mercedes era un objeto de su pertenecía, había además una relación desigual de poder, principalmente porque la economía de la familia era administrada y producida por Jota, donde ella era tildada de no tener un peso partido al medio. Despreciada al grado de la humillación, sumado a ello las escenas enfermizas de celos. En cierta ocasión en un boliche durante una salida le llegó a reprochar que se dirigía a la barra no solo a pedir un trago sino a “presumir”, a hacerse desear por los hombres.
Los hábitos de ella comenzaron a cambiar como señal de las ansias de libertad que Mercedes había manifestado. Su regreso a la universidad era auspicioso ya que había rendido con éxito un par de materias, su ilusión era graduarse, independizarse y viajar por el mundo, además de jugar al tenis, una actividad que disfrutaba tanto como cuidar su cuerpo caminando por el cerro Elefante o yendo al gimnasio. Pero en todas esas actividades Figueroa no le quitaba los ojos de encima, de manera controladora, obsesiva, psiquiátrica.

Crónica de muerte anunciada
La verdadera imagen de José Figueroa quedó en evidencia tras la declaración de la madre de la víctima, su suegra. Frente al tribunal la señora lamentó cada escena de celos, cada porción de tiempo en que el joven y prometedor abogado se había convertido en una especie de monstruo, un ser siniestro que había tomado posesión de su hija y a quien consideraba como parte de su propiedad. Luego las pericias darían cuenta de los dichos de la declarante y madre de Mercedes. “Neurótico, obsesivo y narcisista”.
“Ella solo quería tener independencia, jugar al tenis, viajar por el mundo. Tener el apoyo y la fuerza de un hombre que la acompañe. Mi hija tuvo que morir para ser libre”, dijo al tiempo que recordó un mensaje que le había enviado su otra hija a Mercedes: “No te quiere largar por nada”.
Pero en aquel agosto de 2023 todo había llegado a su fin. Como alguna vez recordó el famoso poeta Charles Baudelaire cuando describe la muerte inevitable de la pasión física. Figueroa se levantaba de noche y se sentaba a la mesa del comedor a llorar como un niño desconsolado por la separación que ella le imploraba y que él no aceptaba.
De hecho Figueroa en su dramática declaración unos días después del hecho reconoció que “ella había aceptado que estaba con otro tipo”. Aun así no se resignaba a la separación y solo quería continuar con ella. A esta situación el psiquiatra con el que cuenta la querella, el Dr. Gustavo Vacaflores, la sitúa dentro de “los rasgos obsesivos dependientes”. Esto causaba un temor evidente en Mercedes, quien lo manifestaba en todos los ámbitos.
La violencia reptaba no solo sobre ella, sino sobre su hijo mayor, a quien tenía la costumbre de asfixiar con sus manos. En cierta ocasión el niño relató que era tan fuerte la compresión que le dolían los dientes, pero nadie parecía prestarle atención a estos síntomas alarmantes de un violento quien sin escalas se dirigía a un desenlace trágico.
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La danza de insultos iban de “trola, puta, pajera” a “nariz de gancho” y “pata de pirata”. En esa sintonía donde ya nada tiene retorno y la depositaria de semejantes descalificaciones y humillaciones ya había avisado que estaba aterrorizada, que había sido insultada delante de sus hijos y acusada de andar con “varios tipos”.
Todo llegó a su fin aquel de agosto de 2023, a las 7:30 de la mañana, tras preparar el desayuno se desató el infierno. Según Figueroa comenzó una especie de forcejeo en el antebaño tras una acalorada discusión, donde el imputado aduce que debido a la fuerza física de Mercedes, quien tenía una importante actividad en el gimnasio, aquello no fue un “ataque” sino “una pelea”.
En ese supuesto forcejeo que luego se trasladó al baño, ella cayó al suelo pesadamente contra el jacuzzi y debajo de él. Al levantarse Figueroa se dio cuenta de que ella ya no tenía signos vitales. Desesperado intentó incorporarla pero ella con sus ojos abiertos fijos en un punto invisible ya había expirado, su espíritu se había ido.
Entre interminables llantos Figueroa dijo en esa declaración –que fue reproducida en La Sala de Grandes Juicios– que no había tenido la intención de matarla. Pero lamentablemente para el imputado esta hipótesis se cae a pedazos considerando que la causa de muerte es asfixia mecánica por sofocamiento, esto no es otra cosa que una fuerte presión realizada con las manos hasta que la víctima deja de respirar. Una muerte idéntica a la que sufriera Alicia Muñiz a manos de Carlos Monzón en 1989.
Aterrorizado llevó el cuerpo sin vida envuelto en toallas hasta la cocina, allí sacó un cuchillo y pensó: “Tengo que suicidarme”. Arrastró el cuerpo de Mercedes hasta el auto, la depositó en el asiento de atrás y subió a la parte de adelante con la idea fija de quitarse la vida. Recordó que su padre tenía armas en su casa, por lo que ya contaba con dos opciones para la fatal decisión: o lo hacía con el cuchillo que había sacado de la cocina o bien usaría una de las armas de su padre.
Finalmente el arma no apareció o su psiquis ya no le permitía ni siquiera recordar donde podría buscarlas. La opción más cercana era el cuchillo, por lo que sentado en el asiento delantero del auto con Mercedes sin vida atrás, se cortó el cuello y a medida que se desangraba reposó su cabeza contra el asiento del acompañante.
Cuando creyó que la tragedia shakespeariana había terminado, llegaron su suegra y su cuñada, tras una búsqueda desesperada que incluyó un llamado de su hermano desde Buenos Aires con la localización del celular de Mercedes en la casa de su suegro. Así fue como llegaron desde las canchas de tenis al lugar del hallazgo.
Rápidamente llegó una ambulancia, trasladándolo al hospital en código rojo. Casi al mismo tiempo personal del CIF y Criminalística acordonaron el área, por lo que allí inició la investigación. Desde entonces José Figueroa permanece en la unidad penal de Villa Las Rosas a la espera del juicio que acaba de iniciar; y Mercedes ya no podrá cumplir sus sueños de ser abogada, viajar por el mundo y jugar al tenis.



