La obra de Ben Affleck no solo es un thriller de suspenso, sino también una cápsula del tiempo que explica, con una memorable introducción animada, el origen del rencor persa hacia Estados Unidos, para luego sumergirnos en la angustiante crónica de los seis estadounidenses que escaparon de la embajada.
Desde su estreno en 2012, Argo ha sido aclamada por la crítica no solo como un ejercicio de suspense magistral, sino como una de las piezas cinematográficas más accesibles para comprender la compleja génesis de la revolución iraní y el posterior régimen del ayatolá Jomeini.
El film ganador del Óscar a Mejor Película, dirigida y protagonizada por Ben Affleck, logra un equilibrio perfecto entre la precisión histórica y el entretenimiento de Hollywood, convirtiéndose en una ventana a uno de los capítulos más tensos de la Guerra Fría.
Viñetas que explican un cuarto de siglo de historia
Uno de los aciertos más notables de la cinta es su capacidad de sintetizar más de 25 años de historia en pocos minutos. Argo comprende que, para entender la desesperación de los funcionarios estadounidenses sitiados en 1979, el espectador debe primero comprender por qué miles de iraníes escalaban los muros de su embajada con tanto odio. La película logra esto mediante una secuencia inicial que funciona como una lección de historia visualmente impactante.

A través de una combinación de viñetas estáticas estilo cómic, imágenes de archivo y una voz en off serena pero contundente, la intro resume el derrocamiento del primer ministro democráticamente electo Mohammad Mosaddeq en 1953, un golpe orquestado por la CIA y el servicio secreto británico. La secuencia muestra la instauración del Sha Mohammad Reza Pahlavi, un monarca pro-occidental cuya policía secreta (SAVAK) torturaba y asesinaba a disidentes mientras él vivía en la opulencia.




