Las bacterias del intestino pueden fermentar el azúcar para dar lugar a una gran dosis de alcohol. ¿Qué pasaría si sucediera esto en una provincia como Salta donde la tolerancia es cero?
La secuencia podría convertirse en una verdadera pesadilla incomprendida, mientras la pipeta salta por los aires y el efectivo policial se prepara para labrar una dolorosa multa. Pero resulta que el conductor no ha bebido una gota de alcohol ni esa noche ni nunca, y aun así no pasa el control. El estigma ya es un hecho, es un ebrio irresponsable más en las estadísticas, pero ¿quién puede explicar que este ciudadano es inocente? La Ciencia.
La verdad es que es una realidad médica para quienes sufren el conocido síndrome de autofermentación. El portal XATAKA explica que hasta ahora este problema se los achacábamos a las levaduras, pero un equipo de investigadores de la UC San Diego y el Hospital General de Massachusetts ha identificado cepas específicas de Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae como las responsables de generar niveles intoxicantes de etanol en el intestino, abriendo la puerta a tratamientos tan sorprendentes como el trasplante fecal. Es decir, hay bacterias que literalmente nos pueden emborrachar sin beber una gota de alcohol.
La tormenta metabólica. Para llegar a esta conclusión, el estudio analizó a 22 pacientes diagnosticados con este problema metabólico, comparándolos con 21 familiares sanos. En este caso, los resultados fueron bastante contundentes, porque las muestras fecales de los pacientes en pleno brote eran capaces de producir etanol de forma endógena a niveles alarmantes.
Para poder conocer mucho más, estas muestras se cultivaron y se llegó a ver una concentración de etanol de hasta 136 mg/dl. Para ponerlo en contexto, en muchos países el límite legal para conducir ronda los 50 mg/dl en sangre, por lo que estos pacientes sin beber estarían duplicando la tasa de alcohol permitida al volante.
Una fábrica de alcohol. Lo novedoso de este estudio es que desplaza el foco de las levaduras hacia las bacterias, puesto que los análisis genómicos mostraron un enriquecimiento masivo de genes relacionados con la fermentación ácido mixta.
Pero no hay que caer en la afirmación de estas bacterias son ‘malas’, sino que el ecosistema se rompe para dar lugar a este problema. ¿Y cuál es el desencadenante? Los antibióticos. Y es que el uso de estos fármacos puede barrer la flora equilibrada, permitiendo a los patógenos oportunistas tomar el control del intestino y empezar a metabolizar azúcares en alcohol.
El tratamiento. Lógicamente, esto es un grave problema, no por el hecho de dar positivo en los test de alcoholemia, sino por la toxicidad a la que se enfrenta el organismo. Es por ello que el objetivo ahora mismo está en el tratamiento que ahora tiene el foco puesto en un trasplante de microbiota fecal.
Para este estudio el donante de su microbiota fecal fue un entrenador personal con una salud intestinal envidiable. Y el resultado fue increíble, puesto que el paciente con este problema vio como remitían estos problemas de manera definitiva, y su capacidad para “auto-producir” alcohol desapareció tras repoblar su intestino con las bacterias sanas de otra persona.
Más allá de emborracharse. Como hemos dicho antes, puede parecer ideal tener una sensación de embriagadez sin tener que gastar ni un euro en una copa, pero la realidad es que este problema deriva también en una enfermedad de hígado graso no alcohólico. Y es que producir alcohol de manera constante puede causar daños hepáticos muy graves.
Pero en el tema social, esta sobreproducción de etanol de manera endógena ha llevado a personas a perder su carnet de conducir o enfrentar problemas laborales injustamente. Todo por un problema que puede parecer la excusa perfecta, pero que en realidad es un problema médico de primer nivel.




