{"id":5823,"date":"2025-03-30T20:05:29","date_gmt":"2025-03-30T23:05:29","guid":{"rendered":"https:\/\/muycritico.com.ar\/web\/?p=5823"},"modified":"2026-01-18T19:18:13","modified_gmt":"2026-01-18T22:18:13","slug":"pantallas-llenas-vidas-vacias-de-los-adolescentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/muycritico.com.ar\/web\/?p=5823","title":{"rendered":"PANTALLAS LLENAS, VIDAS VAC\u00cdAS DE LOS ADOLESCENTES"},"content":{"rendered":"<p><strong>Los j\u00f3venes \u2013y no s\u00f3lo ellos- tienen todo a un clic de distancia, pero algo les falta. Nada les interesa o casi nada, pero ese hast\u00edo es saturaci\u00f3n. Les sobran accesos y les faltan encuentros cuerpo a cuerpo, desaf\u00edos, calle y mundo de verdad, presencia. Un informe de Laura Lewin, especialista en educaci\u00f3n, formadora docente y autora, publicado en PERFIL asegura que\u00a0\u201cla dopamina, esa sustancia maravillosa que nos empuja a buscar placer, sol\u00eda liberarse con una charla, una carcajada, un beso, una meta cumplida, una salida con amigos. Hoy tambi\u00e9n se activa, claro, pero con una notificaci\u00f3n, un \u00b4like\u00b4, o el scroll infinito de videos\u201d.\u00a0<\/strong><strong>Foto: Pixabay<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Si miramos hacia atr\u00e1s, podr\u00eda parecer que los adolescentes de antes se aburr\u00edan. Ten\u00edan pocos recursos, pocos est\u00edmulos, poca tecnolog\u00eda. Se sentaban en la vereda a mirar pasar autos, iban a cumplea\u00f1os donde el mayor entretenimiento era una pi\u00f1ata con caramelos, y se escrib\u00edan cartas que llegaban una semana despu\u00e9s. Pero, \u00bfse aburr\u00edan de verdad? Puede ser. Aunque tambi\u00e9n jugaban, se trepaban a \u00e1rboles, se re\u00edan hasta dolerles la panza y se inventaban planes con lo que hab\u00eda.<\/p>\n<p>Hab\u00eda m\u00e1s pausa, s\u00ed, pero tambi\u00e9n m\u00e1s cuerpo, m\u00e1s encuentro, m\u00e1s presencia. Hoy, en cambio, los adolescentes lo tienen todo: Wi-Fi, pantallas, memes, inteligencia artificial, delivery y stickers de WhatsApp. Y sin embargo, muchos dicen sentirse vac\u00edos, tristes o simplemente&#8230; apagados.<\/p>\n<p>Cada vez m\u00e1s investigaciones coinciden en algo inquietante: desde que los smartphones se volvieron una extensi\u00f3n de la mano, la curva del disfrute adolescente parece haberse desinflado. M\u00e1s conectados que nunca, pero menos presentes. M\u00e1s seguidores, menos amigos. M\u00e1s est\u00edmulos, menos ganas.<\/p>\n<p>Antes, un s\u00e1bado a la tarde implicaba salir a dar una vuelta, tocar timbre en casa de alguien sin previo aviso, armar una juntada con lo que hubiera en la heladera. Ahora, un s\u00e1bado puede implicar estar cinco horas en una habitaci\u00f3n mirando vidas ajenas en TikTok, sin levantarse de la cama. Y eso, que parec\u00eda libertad, termina pareci\u00e9ndose bastante al encierro.<\/p>\n<p>No se trata de demonizar a la tecnolog\u00eda \u2014nadie va a hacer una fogata con los celulares\u2014, sino de entender qu\u00e9 est\u00e1 pasando con una generaci\u00f3n que tiene todo al alcance del pulgar, pero se siente cada vez m\u00e1s lejos de s\u00ed misma. Los adolescentes no disfrutan menos porque sean diferentes a los de antes, sino porque la forma en que experimentan el mundo ha cambiado radicalmente. Y no siempre para bien.<\/p>\n<p>La dopamina, esa sustancia maravillosa que nos empuja a buscar placer, sol\u00eda liberarse con una charla, una carcajada, un beso, una meta cumplida, una salida con amigos. Hoy tambi\u00e9n se activa, claro, pero con una notificaci\u00f3n, un \u201clike\u201d, o el scroll infinito de videos. El problema no es la dopamina, sino la v\u00eda de acceso: cuando el cerebro se acostumbra a gratificaciones instant\u00e1neas, pierde inter\u00e9s por las gratificaciones reales, esas que requieren tiempo, cuerpo y presencia.<\/p>\n<p>Muchos adolescentes reportan que \u201cnada les divierte\u201d. Ni salir, ni jugar, ni encontrarse. Y no es que no quieran, es que muchas veces no pueden. Su sistema de recompensa est\u00e1 secuestrado por est\u00edmulos artificiales, hiperveloces, dise\u00f1ados para atrapar su atenci\u00f3n. El mundo real, con su ritmo m\u00e1s lento, ya no divierte.<\/p>\n<p>Y ojo, porque esto no es una cuesti\u00f3n de voluntad. No es que \u201cno se esfuerzan\u201d, como suele escucharse. Es que hay una desregulaci\u00f3n profunda entre lo que el cerebro necesita y lo que la vida virtual ofrece. El exceso de pantallas no solo impacta en el estado de \u00e1nimo; tambi\u00e9n altera el sue\u00f1o, el apetito, la concentraci\u00f3n y hasta el sentido de prop\u00f3sito. Cuesta disfrutar cuando el cuerpo est\u00e1 agotado, la mente dispersa y la emoci\u00f3n embotada.<\/p>\n<p>Algunos adultos en casa, preocupados, buscan soluciones r\u00e1pidas: castigan, quitan el celular, proh\u00edben redes. Pero sin comprender el trasfondo, eso solo agrava la desconexi\u00f3n emocional. Lo que los adolescentes necesitan no es menos Wi-Fi (aunque un poco no vendr\u00eda mal), sino m\u00e1s anclaje en la realidad, m\u00e1s momentos compartidos, m\u00e1s presencia afectiva, m\u00e1s modelos adultos que no est\u00e9n igual de pegados a la pantalla.<\/p>\n<p>Porque, seamos honestos: a veces los adultos tambi\u00e9n estamos atrapados en un loop de notificaciones, correos, grupos de WhatsApp, y el famoso \u201cesper\u00e1 que termino esto y te escucho\u201d. \u00bfC\u00f3mo exigir atenci\u00f3n plena si vivimos en piloto autom\u00e1tico?<\/p>\n<p>Tal vez el desaf\u00edo no sea que los adolescentes disfruten m\u00e1s, sino que aprendan c\u00f3mo disfrutar. Volver a registrar lo placentero en lo simple. Reentrenar al cerebro para que no necesite fuegos artificiales digitales para sentir algo. Reconectar con experiencias sensoriales, humanas, imperfectas.<\/p>\n<p>Un picnic en el parque, una tarde sin apuros, una charla sin celulares a la vista. Juegos que no est\u00e9n gamificados, v\u00ednculos que no dependan de emojis, silencios que no incomoden. Recuperar el tiempo compartido, no como excepci\u00f3n, sino como derecho emocional.<\/p>\n<p>No se trata de nostalgia por el pasado, ni de volver al Nokia 1100. Se trata de rescatar lo esencial: el deseo, la curiosidad, el sentido de pertenencia. Esos ingredientes que hacen que la vida tenga gusto, aunque no sea posteable.<\/p>\n<p>Y si algo tenemos que hacer como adultos, no es solamente alertar, sino modelar. Mostrar que se puede vivir con tecnolog\u00eda, pero no vivir en la tecnolog\u00eda. Que hay otras formas de estar, de vincularse, de disfrutar. Que la vida no siempre viene en formato vertical ni con filtros de colores.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s el problema no son los adolescentes. Quiz\u00e1s el problema es que olvidamos c\u00f3mo se disfruta en el mundo real y, sin darnos cuenta, se lo estamos transmitiendo a ellos. No se trata de que abandonen el celular. Se trata de que no abandonen la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los j\u00f3venes \u2013y no s\u00f3lo ellos- tienen todo a un clic de distancia, pero algo les falta. Nada les interesa o casi nada, pero ese hast\u00edo es saturaci\u00f3n. Les sobran accesos y les faltan encuentros cuerpo a cuerpo, desaf\u00edos, calle y mundo de verdad, presencia. 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