{"id":18196,"date":"2026-11-01T16:38:10","date_gmt":"2026-11-01T19:38:10","guid":{"rendered":"https:\/\/muycritico.com.ar\/web\/?p=18196"},"modified":"2026-11-01T17:22:52","modified_gmt":"2026-11-01T20:22:52","slug":"como-reconocer-a-un-cocainomano-social","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/muycritico.com.ar\/web\/?p=18196","title":{"rendered":"C\u00d3MO RECONOCER A UN &#8220;COCAIN\u00d3MANO SOCIAL&#8221;"},"content":{"rendered":"<p><strong>En el mundo hay 25 millones de consumidores de coca\u00edna, seg\u00fan el \u00faltimo informe de la ONU. En Salta, aunque los datos oficiales indican un consumo menor que la media nacional, los especialistas advierten que muchos de estos adictos caminan entre nosotros, en \u00e1mbitos laborales, sociales y familiares, y sus gestos los delatan.<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Habla demasiado, su verborragia interrumpe a los que lo acompa\u00f1an, se le cae de la mano el celular m\u00e1s de una vez, imagina una historia fant\u00e1stica y la magnifica al nivel de un guion de serie de Netflix. Estamos frente a un \u201ccocain\u00f3mano social\u201d.<\/p>\n<p>La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) actualiz\u00f3 sus cifras: el Informe Mundial sobre las Drogas 2026 estima que 25 millones de personas consumieron coca\u00edna en el \u00faltimo a\u00f1o registrado. La producci\u00f3n global se cuadruplic\u00f3 en la \u00faltima d\u00e9cada, superando las 4.000 toneladas. La disponibilidad nunca fue tan alta.<\/p>\n<p>En Salta, la situaci\u00f3n tiene matices. El secretario de Salud Mental y Adicciones de la provincia, Mart\u00edn Teruel, se\u00f1al\u00f3 que en el NOA el consumo problem\u00e1tico se inclina m\u00e1s hacia la pasta base y el paco, mientras que los \u00edndices de coca\u00edna son m\u00e1s bajos que la media nacional. Sin embargo, eso no significa que no existan. Existen, y muchos transitan la vida social sin ser se\u00f1alados. La nota no habla de narcotr\u00e1fico ni de grandes operativos. Habla de ellos, de los adictos que vemos en una reuni\u00f3n, en una oficina, en una mesa de bar.<\/p>\n<p><strong>Las se\u00f1ales en el cuerpo<\/strong><\/p>\n<p>Un consumidor de coca\u00edna estimula su sistema nervioso central hasta el l\u00edmite. Habla r\u00e1pido, se mueve r\u00e1pido, piensa r\u00e1pido. La verborragia excesiva es una de las primeras alarmas: el discurso se vuelve atropellado, interminable, salta de un tema a otro sin pausa. Esa euforia comunicativa suele ir acompa\u00f1ada de una delgadez extrema. La coca\u00edna quita el hambre; el cuerpo se consume mientras la persona se siente llena de energ\u00eda.<\/p>\n<p>Las pupilas dilatadas son otro indicio visible incluso en ambientes con luz. Tambi\u00e9n los tics nerviosos, los temblores finos en las manos o la mand\u00edbula, la imposibilidad de quedarse quieto. Quienes aspiran la sustancia suelen tener la nariz irritada de forma cr\u00f3nica, sangrados frecuentes o la costumbre de tocarse la nariz constantemente. El insomnio prolongado y luego el desplome: d\u00edas sin dormir seguidos de un agotamiento que parece enfermedad.<\/p>\n<p>En el plano emocional, el patr\u00f3n es reconocible. La persona pasa de una locuacidad euf\u00f3rica a una irritabilidad repentina. Puede mostrarse paranoica, desconfiada, convencida de que alguien la observa o la quiere perjudicar. Esa oscilaci\u00f3n brusca, de la simpat\u00eda excesiva al enojo sin motivo aparente, es una firma qu\u00edmica.<\/p>\n<p><strong>Lo que la coca\u00edna le hace al l\u00f3bulo frontal<\/strong><\/p>\n<p>El da\u00f1o org\u00e1nico m\u00e1s profundo ocurre donde residen los buenos modales. La coca\u00edna afecta de manera particular las v\u00edas dopamin\u00e9rgicas del l\u00f3bulo frontal, la corteza prefrontal. All\u00ed se alojan las funciones ejecutivas: la capacidad de inhibir impulsos, de medir las consecuencias, de planificar, de autorregular la conducta. Los estudios muestran que los consumidores cr\u00f3nicos presentan d\u00e9ficits en la inhibici\u00f3n de respuesta y en la toma de decisiones.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos sociales, eso se traduce en algo simple y devastador: la persona pierde el freno. Dice lo que no deber\u00eda, interrumpe, invade espacios, no registra los l\u00edmites ajenos. Lo que antes era una persona con tacto puede volverse alguien que habla demasiado fuerte, que no escucha, que se vuelve centro de toda conversaci\u00f3n sin percibir el malestar de los dem\u00e1s. El l\u00f3bulo frontal quemado no duele, pero se nota.<\/p>\n<p>A nivel org\u00e1nico, el da\u00f1o es sist\u00e9mico. La coca\u00edna acelera el coraz\u00f3n y eleva la presi\u00f3n arterial, con riesgo de infarto o accidente cerebrovascular incluso en personas j\u00f3venes. El tabique nasal puede perforarse por la vasoconstricci\u00f3n repetida. El sistema digestivo sufre n\u00e1useas, v\u00f3mitos, \u00falceras. El h\u00edgado y los ri\u00f1ones cargan con las impurezas de una sustancia que rara vez alcanza una pureza superior al 20% o 40%.<\/p>\n<p><strong>El despu\u00e9s<\/strong><\/p>\n<p>La euforia dura poco. Cuando baja, llega el derrumbe: cansancio extremo, tristeza, una necesidad imperiosa de consumir otra vez para no sentirse as\u00ed. Ese ciclo, invisible para quien mira desde afuera, explica por qu\u00e9 el &#8220;cocain\u00f3mano social&#8221; que parece funcionar en p\u00fablico puede estar desmoron\u00e1ndose en privado.<\/p>\n<p>Reconocerlo no es un acto de juicio. Es, acaso, el primer paso para dejar de mirar hacia otro lado.<\/p>\n<p><strong>El gui\u00f3n que solo existe en su cabeza<\/strong><\/p>\n<p>Hay una dimensi\u00f3n del cocain\u00f3mano social que no se ve en la delgadez ni en las pupilas dilatadas, pero que termina siendo la m\u00e1s inquietante: los delirios paranoides. La intoxicaci\u00f3n cr\u00f3nica altera el juicio hasta que la persona empieza a construir un gui\u00f3n \u2014una trama, una &#8220;pel\u00edcula&#8221;\u2014 en la que ella es protagonista. No es una fantas\u00eda inocente: es una convicci\u00f3n que crece al ritmo de la dosis.<\/p>\n<p>Su actividad cotidiana, su trabajo, sus v\u00ednculos, todo empieza a encajar en ese relato imaginario; cada gesto ajeno, cada conversaci\u00f3n casual, cada situaci\u00f3n ordinaria parece confirmar que esa trama existe y que \u00e9l est\u00e1 cerca de ella, o dentro. Entonces grita que es real. Lo anuncia, lo denuncia, lo amplifica hacia la sociedad con una intensidad que desconcierta a quienes lo rodean, porque lo que \u00e9l ve como evidencia contundente solo existe en su cabeza.<\/p>\n<p>Es el l\u00f3bulo frontal intoxicado el que le impide distinguir entre lo que piensa y lo que pasa, entre la sospecha y el hecho. Y mientras m\u00e1s lo repite, m\u00e1s se convence: la coca\u00edna le devuelve una realidad magnificada, distorsionada, teatralizada, que \u00e9l ofrece al mundo como verdad absoluta. El problema no es que imagine una pel\u00edcula. El problema es que ya no puede salir de ella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el mundo hay 25 millones de consumidores de coca\u00edna, seg\u00fan el \u00faltimo informe de la ONU. 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