MENUDO INFIERNO

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Una docuserie que rompe el silencio: el infierno detrás del brillo de Menudo y su conexión con el caso Menéndez. Hay producciones que no se ven: se sufren. Menendez & Menudo: Boys Betrayed (disponible en Disney+, 2023) pertenece a esa categoría de documentos audiovisuales que golpean con la fuerza de una confesión largamente postergada.

Como ocurrió con Leaving Neverland en torno a Michael Jackson, esta docuserie de tres episodios no busca entretener: busca desenterrar una verdad que el sistema prefirió ignorar durante décadas. Y lo logra con una contundencia que incomoda, que no da tregua, que deja al espectador con la sensación de haber sido testigo de algo que debió salir a la luz mucho antes.

La figura central es Roy Rosselló, exintegrante de Menudo, quien a sus 56 años decidió hablar. Y al hacerlo, no solo narró su propio calvario: conectó dos tragedias que la historia oficial había mantenido convenientemente separadas. Por un lado, el asesinato de José y Kitty Menéndez a manos de sus hijos Lyle y Erik en 1989. Por otro, el sistema de abuso sexual que, según Rosselló, operaba en el corazón mismo de la maquinaria que convirtió a Menudo en un fenómeno global.

Edgardo Díaz: el arquitecto del silencio

Las acusaciones de Rosselló contra Edgardo Díaz, fundador y mánager de Menudo, no son nuevas. Ya en 2014 las había formulado públicamente. Pero la docuserie les otorga una dimensión distinta: las contextualiza dentro de un patrón sistemático de abuso que, según la demanda civil presentada en febrero de 2025, se extendió por múltiples países y durante los años en que Rosselló tenía entre 14 y 16 años .

Rosselló describe a Díaz como un monstruo que creó el grupo con fines perversos. “Yo fui el único integrante que no hizo ningún tipo de audición en Menudo, porque todos saben que yo entré en Menudo porque Edgardo simplemente me vio y se enamoró de mí”, relata en la serie. La demanda federal detalla agresiones sexuales en Arizona, California, Florida, Hawái, Illinois, Luisiana, Massachusetts, Nevada, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Carolina del Norte, Pensilvania, Carolina del Sur, Texas, Puerto Rico, Guam, Bahamas y varias regiones de Sudamérica.

Uno de los episodios más estremecedores ocurrió en el Hotel Biltmore de Los Ángeles. Según el relato de Rosselló, Díaz lo ató a la cama, lo golpeó con una toalla mojada y lo violó después de descubrir que él y sus compañeros habían invitado a chicas de su edad al hotel. “Más vale que esta sea la última vez que te vea con una mujer porque eres mío. No te voy a compartir con nadie”, le habría dicho.

El Departamento de Policía de Los Ángeles abrió una investigación criminal contra Díaz en 2023, la primera relacionada con Menudo. El caso sigue en curso.

La conexión siniestra: Díaz, Menéndez y el contrato con RCA

El tercer eje de la docuserie —y quizás el más escalofriante— es la conexión entre Edgardo Díaz y José Menéndez, el padre de Lyle y Erik, quien fuera vicepresidente ejecutivo de RCA Records.

Según el testimonio de Rosselló, Díaz lo llevó en una ocasión a la mansión de los Menéndez en Nueva Jersey. Allí, José Menéndez lo drogó y lo violó. Rosselló tenía 14 años. “Ese es el hombre que me violó. Este tipo. Ese es el pedófilo”, dice en la docuserie mientras señala una fotografía de Menéndez junto a los miembros de la banda y Díaz.

La tesis que emerge de estos testimonios es estremecedora: Díaz habría utilizado a los miembros de Menudo como moneda de cambio para asegurar el contrato de la banda con RCA. El “premio” para Menéndez era el acceso sexual a los niños. Todo encaja con precisión milimétrica en el relato de Rosselló: el día que fue llevado “como un cabrito al matadero”, vio a los dos hijos de Menéndez, Lyle y Erik, con expresiones quebradas. Los mismos niños que, años después, matarían a su padre y a su madre, esta última por ser cómplice de un perverso silencio.

Lyle y Erik Menendez en el tribunal en 1990. Los hermanos solicitan su excarcelación por distintas vías. Credit…Nick Ut/Associated Press

El juicio que no escuchó

En 1996, Lyle y Erik Menéndez fueron condenados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por el asesinato de sus padres. Durante el primer juicio, la defensa argumentó que los hermanos habían matado movidos por el miedo tras años de abuso sexual y psicológico por parte de su padre. El jurado de ese primer proceso no logró un veredicto unánime: quedó estancado entre el asesinato premeditado y la legítima defensa.

En el segundo juicio, el juez Stanley Weisberg limitó severamente la evidencia sobre abuso sexual y las declaraciones de testigos. Los fiscales ridiculizaron la “defensa por abuso” y sostuvieron que los hermanos habían matado por avaricia, para acceder a la fortuna familiar de 14 millones de dólares. El jurado los declaró culpables.

Si el testimonio de Rosselló hubiera estado disponible durante ese juicio, ¿habría cambiado algo? Es imposible saberlo. Pero la pregunta queda flotando, incómoda, como una herida que no cierra. Rosselló mismo ha expresado su arrepentimiento por no haber hablado antes. Erik Menéndez, al conocer las declaraciones de Rosselló, dijo sentirse “horrible”: “Es triste saber que hubo otra víctima de mi papá. Siempre esperé y creí que algún día saldría la verdad sobre mi papá. Pero nunca deseé que saliera así”.

Lo que queda pendiente

José Menéndez fue ejecutado por sus propios hijos. Eso es atroz y no se justifica. Pero también es atroz que un sistema judicial haya decidido, deliberadamente, no escuchar el testimonio de abuso que podría haber explicado —no justificado, pero sí explicado— lo inexplicable.

En cuanto a Edgardo Díaz, la justicia sigue esperando. Rosselló presentó una denuncia criminal en Los Ángeles en 2022 y una demanda civil federal en 2025. Díaz ha negado todas las acusaciones. En una entrevista reciente con su abogado, afirmó que nunca fue a la casa de Menéndez y que no sabe dónde vivía. Pero las investigaciones siguen su curso.

Menéndez & Menudo: Boys Betrayed no es una serie fácil de ver. No lo pretende. Es un documento que exige ser tomado en serio, que nos obliga a confrontar la posibilidad de que el brillo de la fama infantil haya servido, en demasiadas ocasiones, como cortina de humo para horrores que preferimos no imaginar.

Tras la búsqueda de testigos que apoyen su verdad y las denuncias radicadas por Roy Rosselló solo queda esperar y saber una sola cosa: ¿será justicia? solo el tiempo lo dirá.