VUELVE MYSPACE: EL GRAN BASTIÓN INTERNÁUTICO DE LOS 2000

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Los nuevos dueños de Myspace.com, dominio que hasta hace muy poco pertenecía a Justin Timberlake, están deseando ejecutar un relanzamiento, pero nadie está del todo convencido de que sea buena idea. Creada en 2003 por Chris DeWolfe, Aber Whitcomb y el ínclito Tom Anderson, cuyo perfil se agregaba automáticamente a cualquier cuenta creada por un nuevo usuario

“¿Cuál es el legado de Myspace, el primer sitio web importante de redes sociales?”, se pregunta el director Tommy Avallone –responsable de, entre otras, Bill Murray: Consejos para la vida (2018)–, en su nuevo documental, titulado precisamente Myspace.

Para ello, Avallone se embarca en un proceso de búsqueda nostálgico que incluye testimonios como los de Dane Cook, Chris Carrabba o Tila Tequila, nombres que no escuchábamos desde hacía eones (pero que, veinte años atrás, se erigieron en parte esencial de la cultura internáutica gracias a esta pionera red social).

“Myspace realmente normalizó el hablar con extraños”, ha declarado el cineasta. “Es una locura cómo nuestro día a día consiste en hablar con gente que no conocemos. Incluso Kevin Smith ha dicho que gran parte de su validación proviene de extraños”.

Como bien lo consigna el portal GQ, fue creada en 2003 por Chris DeWolfe, Aber Whitcomb y el ínclito Tom Anderson, cuyo perfil se agregaba automáticamente a cualquier cuenta creada por un nuevo usuario (convirtiéndolo, de facto, en la persona con más amigos del mundo), Myspace es un bastión millennial que atravesó diferentes estadios evolutivos hasta acabar cayendo en una irrelevancia más o menos relativa, pues lo cierto es que sigue activa a día de hoy –aunque nos apostamos lo que sea a que no lo sabías–.

Katy Perry y Tom Anderson, fundador de MySpace, en la foto más Finales de los 2000 que existe. Amy Graves

En su mejor momento, era el lugar al que acudir si querías labrarte una reputación online basada en tus gustos y aficiones, años antes de que el Facebook primigenio le copiase los deberes con su famoso Sandbox. También pasó a la historia como el trampolín de lanzamiento para numerosas carreras artísticas, desde Justin Bieber hasta Lily Allen, pasando por bandas como My Chemical Romance o la mismísima Taylor Swift. Myspace también enseñó código HTML a toda una generación (era la mejor manera de customizar tu foto de perfil o conseguir que una canción determinada sonase al pinchar sobre ella) y, según Tommy Avallone, configuró una suerte de fuente primigenia para el Internet que vendría después: “(Su) ADN está en todo: las apps de citas, TikTok, todas las redes sociales”.

Por ello, resulta interesante comprobar cómo, al final de su documental, los actuales propietarios del dominio, los hermanos Chris y Tim Vanderhook, prometen una resurrección inminente, si bien no la apoyan con nada parecido a una fecha concreta. “Aún tenemos Myspace”, recuerda Tim, desafiante. “Vamos a relanzar Myspace, simplemente estamos esperando al momento correcto para hacerlo”.

No sería la primera vez. Dos años después de su creación, la empresa fue adquirida por la News Corporation de Rupert Murdoch, en una operación de 580 millones de dólares que no tardaría en dar sus frutos: para mediados de 2006, Myspace ya era la dirección más visitada en Estados Unidos, superando incluso a Google Search (todos esos adolescentes que se pusieron su perfil como página de inicio tuvieron, lógicamente, algo que ver). Su innegable cúspide llegaría en 2009, cuando aproximadamente 1.600 empleados moldeaban las preferencias musicales de millones de usuarios, influían en la industria cultural y daban fiestas-concierto con Katy Perry y Vampire Weekend como cabeza de cartel.

Entonces todo cambió. No ocurrió de la noche a la mañana, sino que hablamos de una pérdida gradual de usuarios (o, más concretamente, una migración hacia los pastos, en teoría más verdes, de Facebook y Twitter) que terminó por enfriar su relación especial con News Corp. En junio de 2011, Specific Media Group y Justin Timberlake compran Myspace por solo 35 millones y, unos meses después, realizan un primer relanzamiento hiper-enfocado a la música como principal activo, lo cual no acabó de funcionar. La web todavía cambiaría de manos unas cuantas veces hasta llegar a los Vanderhook, que hace poco admitieron haber perdido unos 150 millones desde su compra… pero que siguen planteándose muy en serio un nuevo reboot capaz de transformar esas pérdidas en inversión.