CASO FRANCESAS: ¿PORQUE GUSTAVO LASI MENCIONA A SU PADRE DURANTE SU RELATO DE LOS CRIMENES?

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Con la reapertura del caso que conmociona a Salta desde 2011, de las violaciones y asesinatos de Cassandre Bouvier y Houria Moumni, en la Quebrada de San Lorenzo, se han abierto algunas líneas de investigación que llaman poderosamente la atención. Una de las hipótesis más suspicaces es la situación del padre del único condenado, Walter Lasi, quien es el propietario del arma que se usó para matar a las víctimas y que jamás fue imputado por el juez de instrucción Martin Pérez.

En una de las audiencias durante el juicio, puntualmente el 22 de mayo de 2014, la defensa de Gustavo Lasi lo mandó a declarar con un evidente guion tan falaz que se notaban las evidentes mentiras. En esa declaración la estrategia obviamente era culpar a Daniel Vilte Laxi y a Santos Clemente Vera, como quienes habían sido los que lideraron la supuesta banda que atacó a las víctimas y lo obligan a tener relaciones al propio Gustavo Lasi con las chicas.

La cronología del relato de Lasi inicia desde las primeras horas de la mañana, indicando que había cumplido con su jornada laboral desde las 7:00 hasta las 14:00; para luego regresar a su casa y encaramarse alrededor de las 17:00 a una caminata por la Quebrada, con la escopeta Bataan, la que luego sería peritada y confirmada como el arma usada para matar a las víctimas. Esa arma es propiedad de Walter Lasi, el padre de Gustavo Lasi.

El relato es inconsistente, vago, inexacto, lleno de puntos ciegos y de imprecisiones que evidencian un manifiesto ánimo de falsear todo y que el único objetivo era inculpar a Vera y a Vilte, quienes al final del juicio resultaron absueltos por el beneficio de la duda.

Pero hay algo que llama poderosamente la atención y es la mención se su padre Walter, en, al menos dos oportunidades, en solo un minuto y medio de su declaración.

La explicación científica

Para abordar este fenómeno desde la Neurociencia, la Psicología cognitiva y la Psiquiatría forense, debemos partir de una premisa: El cerebro que miente consume más recursos cognitivos que el que dice la verdad, y las “fugas” inconscientes son el residuo de ese sobreesfuerzo.

El análisis científico estructurado en los mecanismos que operan aunque el padre no sea nombrado explícitamente.

  1. La huella de la “Teoría de la Mente” (Mentalizing)

Cuando el asesino miente su cerebro debe mantener activo dos modelos mentales simultáneos:

  • El modelo de lo que realmente ocurrió.
  • El modelo de lo que él quiere que el investigador crea (realidad ficticia).

Esto activa de forma masiva la corteza prefrontal dorsomedial y la unión temporoparietal. El coste energético es tan alto que, al relatar, el asesino “filtra” mal la información: su cerebro, sobrecargado, etiqueta –en este caso– al padre como “información relevante” (por su carga emocional) y la ubica en la memoria de trabajo, aunque sea para excluirla. Esa exclusión activa genera marcadores de supresión que delatan su presencia.

  1. El “Efecto Sturgeon” o Filtro Semántico

A nivel lingüístico inconsciente, el asesino aplica lo que en psicolingüística se llama “esquema de evitación”:

  • Uso de construcciones pasivas o impersonales: Dirá “El arma fue disparada” en lugar de “Yo disparé”.
  • Sustitución por defecto: El análisis de frecuencias muestra que los encubridores usan un 40% más de términos evasivos en las inmediaciones del momento crítico.
  1. Activación del Sistema Límbico en la “Zona Prohibida”

Aunque el padre no esté en el relato, está en el hipocampo del asesino con una carga emocional intensa (miedo, lealtad o culpa). Al narrar la escena del crimen, el asesino evoca el contexto espacial y temporal.

Cuando su discurso se acerca al punto donde el padre debería estar (aunque lo omita), se produce un pico de activación de la amígdala. Esto genera micro-expresiones faciales de asco o angustia y, lo más relevante: cambios en la frecuencia fundamental de la voz (se agudiza o se vuelve grave de forma abrupta) en los segundos previos a omitir el nombre. Es un “marcador somático” que un perfilador entrenado detecta como una omisión con carga afectiva.

  1. El “Paradigma de la Ventana de Baker” (Efecto de la carga cognitiva)

En neurociencia forense, pedir al sospechoso que narre los hechos en orden inverso es demoledor para el encubridor. Si el padre no está en la historia, pero sí en la escena real, al invertir el relato el asesino comete errores de intrusión:

  • Menciona detalles sobre el movimiento del padre: “Ver por ahí que mi papá siempre recorre ese circuito, también lo hacía”, sin darse cuenta, porque al trabajar contra el cronómetro mental, su cerebro recurre al guión base almacenado (la verdad) y el padre emerge como un “intruso semántico” en la narrativa falsa.
  1. La “Prosa del Engaño” (Análisis de Coh-Metrix)

El análisis computacional del discurso muestra que, cuando se encubre a un familiar, el texto presenta:

  • Menos conectores causales (“porque”, “ya que”) en la zona del crimen, pero más conectores temporales (“luego”, “antes”). El cerebro evita establecer relaciones lógicas que incluyan al padre, pero se refugia en la línea temporal para dar coherencia, creando un “espacio en blanco lógico” justo donde el padre debería intervenir.

Como conclusión forense queda inferir que el padre, aunque no esté en el relato, sí está en el “mapa de co-ocurrencias” neuronal del asesino. A nivel inconsciente, el dato del padre opera como un “atractor extraño”: cada vez que el asesino elige una palabra para describir el arma, el lugar o la hora, su cerebro mide la distancia semántica entre esa palabra y la mención del padre. Si esa distancia es demasiado grande (para excluirlo), el esfuerzo cognitivo genera pausas anómalas (latencia > 1.5 segundos) y dilatación pupilar medible por eye-tracker. En la primera mención del padre se ve que abre ambos ojos de forma exagerada.

En términos prácticos, la mentira no es un edificio, sino un colador: el cómplice ausente se delata por los silencios que lo rodean, por la excesiva precisión en detalles irrelevantes (para desviar la atención) y por la incapacidad del asesino de generar una representación mental fluida del evento sin la silueta paterna en el fondo.