En un partido apoteótico la Selección Argentina dio vuelta un resultado que parecía imposible. A solo 15 minutos y con 2 goles abajo apareció la magia de Messi. Los agónicos pero estupendos goles de los argentinos fueron de Romero, La Pulga y Enzo Fernández. A Egipto afortunadamente le anularon un gol legítimo cuando todo parecía que iba a una goleada. Foto: DSport
En términos pugilísticos podría decirse que Argentina fue ese boxeador que lo tiran a la lona en el primer round y a base de puro corazón termina noqueando a un rival que lo hizo padecer.
Siguiendo con la modalidad de que este es el mundial de las sorpresas, donde ya hicieron las valijas nada más ni nada menos que la Brasil de Neymar y la Portugal de Cristiano Ronaldo,además de los alemanes; todo parecía indicar que nos volvíamos del mundial 2026.
Al cabo de 75 minutos la albiceleste fue una sombra, incluso con toques de baile y un gol tempranero que parecía sellar la suerte de los de Lionel Scaloni, quien deberá revisar semejante agujero en el medio del bote una vez que las emociones bajen, ya que no se puede resignar un partido a que lluevan los contragolpes y esperar el abismo.
Como dijo Shakespeare, “cuando las desgracias llegan, lo hacen de a batallones”. Ese fue el momento en que a Messi le tocó errar otro penal más, por lo que no faltó el detractor que agregó un nuevo record al rosarino y no precisamente algo enaltecedor; en aquello de ser el jugador que más penales viene errando en mundiales. Pero la Pulga tendría todavía la chance de redimirse.
Baile egipcio
En solo 15 minutos un baldazo de agua fría para los argentinos llegó de la mano de Yasser Ibrahim, con un “Dibu” Martínez clavado al piso sin entender que los egipcios parecían un equipo de Copa libertadores que se meten atrás y laburan cada contra como si fuera la última de sus vidas.
Hasta pareció un viejo partido de hace siglos cuando Peñarol de Montevideo se metió atrás y en solo 4 ocasiones le metió 4 goles al mejor Independiente de la historia. Los memoriosos quizás recuerden aquella pesadilla que pareció un calco de lo que se vivió en Atlanta, cuando a los 67 minutos Mostafa Zico corrió como un verdadero demonio y la clavó en el fondo de un Martínez más perdido que vikingo en Mar del Plata, paradójicamente.
En ese momento se sintió el golpe de nocaut. La caída, el bajón anímico. Messi lucía una palidez que evidenciaba lo que todos temíamos, que aun ni siquiera había podido digerir el penal errado cuando estábamos solo un gol abajo. El resto del equipo una sombra y el peor de los peores: Rodrigo Javier De Paul, jugando el partido mas horrendo de su carrera. Parecía que la pelota le quemaba en los pies.

Resurrección y apoteosis
La angustia pareció tener una mínima cuota de alivio cuando a los 79 minutos el Cuti Romero descontó pese al esfuerzo de un arquero que parecía gigante e invencible. Ya había atajado un penal y desviado un gol casi hecho en el primer tiempo.
Aun así existía el problema de la contra. Esa maravilla que existe en el futbol y lo convierte en el más excitante de los deportes, ya que el que domina absolutamente el juego puede sufrir uno de esos contragolpes mencionado anteriormente. De esos bien uruguayos, de esos que te roban el alma.
Al parecer estos egipcios aprendieron de los sudamericanos de antaño y lo combinaron con la potencia del futbol europeo, en lo que hace a un mundial lleno de selecciones sin historia futbolística pero que han evolucionado en las últimas décadas de tal manera que les infringieron un sufrimiento espantoso a los argentinos y a otros que se volvieron.
Messi revive
Solo 4 minutos habían pasado del descuento de Romero cuando el capitán argentino entró al área, se llevó puesta la defensa egipcia y clavó un disparo que dramáticamente rebotó en el travesaño y se metió adentro.
Fue el grito de todo un pueblo futbolístico. En cada casa, en cada oficina, en cada rinconcito donde un argentino estuvo sufriendo frente a una pantalla, llegó el alivio y el desahogo. Empate en 2 tantos por bando, algo increíble si se considera que a 15 minutos del tiempo reglamentario estaban 2 abajo y en realidad deberían haber sido 3, ya que ese gol fue mal anulado: bendito VAR.
Aún faltaba lo más dulce. Aún faltaba el gol de oro, ese que le duele tanto a los rivales porque se concreta en tiempo suplementario, cuando el juego agoniza. Todo parecía indicar que se iba a tiempo suplementario y luego a penales.
Afortunadamente tenía que llegar Don Enzo Fernández, ese de los dientes blancos que está en los enormes carteles de la famosa hamburguesa del arco amarillo. Ese mismo se elevó tras un centro magistral y con un perfecto cabezazo selló la suerte de los egipcios.
En solo 15 minutos los de Scaloni dieron vuelta un partido en el que, en los 75 anteriores fueron una sombra pero que afortunadamente para el pueblo futbolero argento, apareció el campeón.



