La primera versión hablaba de una caída accidental pero las lesiones del menor encendieron las alarmas. La abuela ya había alertado acerca de presuntos maltratos. Según informan desde la fiscalía interviniente el menor fue derivado desde el hospital Papa Francisco al Materno Infantil, donde llegó sin vida. Se dispuso la realización de la autopsia para determinar la causa del deceso y preventivamente se detuvo a su madre y al padrastro.
Otra vez el horror, otra vez un niño indefenso es víctima de los maltratos de dos violentos. Al menos es lo que se avizora de una situación que ya su abuela había advertido a la justicia y por supuesto los elementos de la ley no actuaron preventivamente.
Según consta en las actuaciones, el niño fue llevado al hospital Papa Francisco por su madre y, ante la gravedad de la situación, fue derivado al hospital Materno Infantil, donde arribó sin signos vitales.
Ante el reporte de lo sucedido, desde la Fiscalía se dispuso la intervención de personal del Cuerpo de Investigaciones Fiscales para realizar las tareas de rigor en la vivienda, así como el traslado del cuerpo del menor al Servicio de Tanatología Forense del CIF para realizar la autopsia.
Las tareas investigativas se encuentran a cargo de la Unidad UGAP del Departamento de Investigaciones y Criminologia del CIF.
El fiscal Espilocín solicitó ante el juez de Garantías en turno la detención preventiva de la madre del menor de edad y de su pareja.
Además, los familiares directos recibieron asistencia, asesoramiento y contención por parte de la trabajadora social Daiana Alanis, integrante del equipo interdisciplinario de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas.
El caso Thiago Quipildor
El 8 de julio de 2015 la ciudad de Salta se vio conmocionada por un caso que vuelve al recuerdo con la luctuosa noticia de la muerte de otro niño en Barrio Convivencia.
Los asesinos Marcelo Senise y Patricia Sánchez, los padres sustitutos de Thiago, son dos monstruos. Los dos mataron de hambre y golpes al niño que debían cuidar. El caso es una bisagra en la historia criminal de Salta ya que jamás se había visto –al menos en tribunales– una situación en la que dos sádicos pudieran actuar con la impunidad que lo hicieron estos dos psicópatas.
Los llantos de Thiago por las interminables palizas que recibía por parte de estos dos parias, jamas fueron denunciados ni siquiera por los vecinos y su martirio es algo difícil de olvidar para los que pudieron seguir aquel proceso judicial que resultó ser una pesadilla, por lo tortuoso de repasar una historia de terror.
Finalmente los dos asesinos fueron condenados a la pena máxima, por ello deberán pasarse los 35 años de prisión que les tocó como pena, reflexionando del porqué de someter a un niño a semejante horror.



