La entrega de los Oscar nos tiene acostumbrados a este tipo de despropósitos. Pero lo que pasó en la última edición supera todo lo conocido a nivel de caprichos porque ignorar la actuación monumental de Timothée Chalamet en esta verdadera épica del espíritu humano por lograr la superación y la redención, hace mucho que no veíamos en el Cine. Marty supreme es por lejos superior a las dos más nominadas y eso no fue solo una anécdota.
No, no es una película de ping pong. Aclaremos eso de inmediato, porque el título y algún que otro tráiler malicioso podrían llevar a engaño. Marty supreme es, en cambio, una verdadera montaña rusa de emociones que no da tregua: un viaje al límite de la obsesión, la soledad y el genio autodestructivo que se siente como un puñetazo en el estómago durante dos horas sin respiro.
Y en el centro de todo, Timothée Chalamet entrega lo que ya no debería llamarse interpretación, sino posesión. Su Marty —un prodigio del tenis de mesa reconvertido en filósofo del caos— canaliza la furia, la fragilidad y la euforia con una fisicidad y una hondura que dejan en ridículo a la mayoría de los nominados al Oscar de los últimos años. Chalamet parece estar desollándose en vivo. Es, sin hipérbole, el mejor nivel actoral que ha dado un intérprete en la última década.
La película, dirigida con pulso de cirujano por Josh Safdie es un descenso a los infiernos sin red de seguridad. Cada punto, cada derrota, cada remontada en la mesa verde se convierte en metáfora de una vida que se desmorona. La cámara no tiembla, el guion no perdona y el público sale temblando.
Pero mientras el año pasado la Academia premiaba con condescendencia a un Michael B. Jordan con su caricatura de ultrasombra —en dos versiones pretenciosas—, con vampiros bluseros y un montón de indecorosas puestas en escena para mostrar una road movie queriendo lograr lo que From dusk till down hizo en 1996; mientras Jordan caminaba entre chupasangres con pose de maldición barata; Chalamet sudaba, lloraba y rugía de verdad en Marty supreme. La comparación es casi ofensiva.
Marty supreme está disponible en Amazon Prime Video. Véanla con el puño apretado y el corazón en un puño también. Y luego pregúntense por qué este film no barrió en los Oscar. La respuesta, como siempre, es que la Academia le teme a las verdaderas montañas rusas, prefiere a los vampiros de salón y hasta una película promedio de las que hizo Paul Thomas Anderson en los 90.
La obra de Josh Safdie desafía todos los límites y ubica a Chalamet entre los mejores actores de su generación, lástima que Hollywood sigue sin notarlo.



