En septiembre de 1983, bajo el ardiente sol del desierto de Nuevo México, Atari llevó a cabo un acto que parecía sacado de una película de mafia: enterró miles de cartuchos del videojuego ET: The Extra-Terrestrial en un vertedero de Alamogordo.
No fue un entierro cualquiera. Fue un funeral clandestino, como si se tratara de deshacerse del cadáver de un sicario muerto. Los camiones llegaron cargados con cajas de cartuchos, consolas y otros restos tecnológicos de lo que había sido un imperio en decadencia. Se vertió cemento sobre los restos, como para asegurarse de que nadie desenterraría aquel fracaso monumental. Y así, ET, el videojuego basado en la película de Steven Spielberg, quedó sepultado en el olvido, convirtiéndose en un símbolo de la debacle de la industria de los videojuegos en los años 80.
El juego, desarrollado en apenas cinco semanas por el programador Howard Scott Warshaw, fue un desastre desde su lanzamiento en 1982. Con gráficos confusos, una jugabilidad frustrante y una narrativa inexistente, ET se convirtió en el chivo expiatorio de la crisis que llevó a Atari a la bancarrota. Millones de copias quedaron sin venderse, y la empresa decidió deshacerse de ellas de la manera más dramática posible: enterrándolas en el desierto. Durante décadas, el entierro de ET fue una leyenda urbana, un mito que los geeks contaban con una mezcla de fascinación y horror.

ET The Extra-Terrestrial es un juego de película en más de un sentido. El título se diseñó para Atari inspirado en el film de Steven Spielberg y su historia, no la que narra el videojuego, sino la del propio videojuego, está dando para un documental. La leyenda se ha convertido en realidad: El hallazgo de los cartuchos de ET The Extra-Terrestrial en un desierto de Nuevo México pone punto final a esta increíble historia.
POLITICA EUROPA ESPAÑA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA
LARRY HRYB
Pero en 2014, algo inesperado ocurrió: el mito cobró vida. Un equipo de documentalistas, respaldados por Microsoft y con la participación de personalidades como Ernest Cline, autor de la novela “Ready Player One”, decidieron desenterrar los cartuchos. El evento se convirtió en un acontecimiento cultural para los amantes de los videojuegos. Cientos de personas se congregaron en Alamogordo para presenciar el momento en que las excavadoras removieron la tierra y el cemento, revelando los restos de aquel fracaso legendario. Entre los escombros, no solo aparecieron cartuchos de ET, sino también consolas Atari 2600 y otros artefactos de la era dorada de los videojuegos.
El desentierro fue más que una curiosidad arqueológica; fue una reivindicación para Howard Scott Warshaw, el creador de ET. Aunque el juego sigue siendo considerado uno de los peores de la historia, Warshaw ha sido reconocido por su valentía al aceptar un desafío imposible: desarrollar un juego en tiempo récord para una de las películas más taquilleras de la época. En entrevistas posteriores, Warshaw ha reflexionado sobre aquel período con humor y honestidad, aceptando su lugar en la historia como el autor de un fracaso épico, pero también como un pionero en una industria que aún estaba aprendiendo a caminar.
El desentierro de ET fue un momento emotivo para la comunidad gamer. No solo porque rescató un pedazo de la historia de los videojuegos, sino porque recordó que incluso los fracasos más sonados tienen un lugar en la memoria colectiva. Hoy, algunos de aquellos cartuchos desenterrados se exhiben en museos, y el mito de ET sigue vivo, no como un recordatorio de lo que salió mal, sino como un testimonio de una industria que, a pesar de sus tropiezos, nunca dejó de soñar.
Así, el peor videojuego de la historia terminó por convertirse en una reliquia, un símbolo de resiliencia y, curiosamente, en una de las historias más fascinantes que el mundo de los videojuegos ha regalado al mundo.