EL REY DEL TABACO

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Se llama Pablo Otero y ha convertido a su tabacalera “barata” en una mina de oro quedándose con el 33% de las ventas del sector. Otero justifica la maniobra de no pagar el impuesto interno mínimo a los cigarrillos porque sería “injusto” frente a la capacidad económica de los grandes aglomerados como Massalin Particulares (Phillip Morris) y British American Tobacco. En tanto Carlos Zapata quedó en el ojo de la tormenta señalado como uno de los lobbistas de Otero

Desde que Carlos Zapata ha sido señalado por el periodista Carlos Pagni como uno de los legisladores que hacen lobby por Pablo Otero, conocido como el “Señor del Tabaco”, el legislador salteño no sería el único, ya que otras figuras políticas también estarían involucradas en gestiones a favor de Tabacalera Sarandí, la empresa señalada. Entre estos nombres, se destacan los de Cristian Ritondo y Diego Santilli, del PRO.

¿Pero de donde salió el tal Pablo Otero y como hizo para pasarle por encima en ventas a dos gigantes del tabaco? Según una investigación publicada en el diario Clarín, la razón del éxito de la Tabacalera Sarandí -que en los últimos años pasó de abarcar el 5% del mercado a más del 30%- se basa en tres patas: una judicial, otra política y otra mediática.

Para sus competidores, las multinacionales British American Tobacco Argentina (ex Nobleza Piccardo) y Massalin, se trata de un empresario con un importante poder de lobby -acá es aparece el nombre de Carlos Zapata- y que evade “millones de dólares” por año. En concreto, lo acusan de subfacturar el precio de sus cigarrillos ante la AFIP y, mediante varias cautelares judiciales, logró pagar menos impuestos y vender sus productos a un precio mucho menor.

Detrás de la guerra entre las tabacaleras hay dos contendientes que, a simple vista, parecen estar en desigualdad de condiciones. Por un lado, una multinacional valuada en billones de dólares, con presencia en más de 100 países. Y, por el otro, un empresario dueño de una pyme nacional productora de los cigarrillos más baratos del mercado.

Zapata señalado como uno de los lobbistas de Otero

Según un informe de LA NACION, Otero descalifica a quienes lo cuestionan y los acusa de querer destruir la industria nacional. Pese a ello, su compañía no compró ni un gramo de tabaco argentino a los productores locales en todo 2023, según los registros de las cámaras de Salta, Jujuy y Misiones.

En momentos de cierre total de importaciones, Otero tuvo acceso a las SIRA necesarias para traer del exterior cada kilogramo de materia prima que requirió para fabricar los cigarrillos que se venden con las marcas Red Point, West, Master y Kiel.

Según datos de las plataformas de importación oficiales, en 2023 Tabacalera Sarandí adquirió 7,9 millones de kilos de tabaco picado o en hebras por un total de US$44 millones. Un precio promedio de US$5,55 por kilo. En la Argentina, un kilo se vende a entre US$2 y US$4, según diversas fuentes del mercado.

El año pasado se vendieron alrededor de 1800 millones de atados en la Argentina, por lo que Tabacalera Sarandí expendió unas 603 millones.

Las cuentas no cierran con respecto a lo que tributan a la AFIP. El empresario dijo públicamente que factura unos US$800 millones por año, un valor promedio de venta de $1324 si proviniera solo de la venta de cajetillas. Sin embargo, a la agencia impositiva le reportan un precio entre $500 y $600 por atado. La mitad de lo que Otero declaró facturar.