CRÓNICA DE UNA LOCURA ANUNCIADA

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Darío Daniel Sirvent se llama el “Joker” argentino que asistió a la movilización de la CGT del 24 de enero y causó un auténtico revuelo por una imagen que explotó en las redes sociales, ya que se asemeja demasiado a la desquiciada ciudad Gótica que muestra la película dirigida por Todd Phillips. ¿Qué nos pasó en los últimos 20 años para que una imagen de un payaso saltando delante de las fuerzas policiales remita directamente con una obra cinematográfica que sintetiza la locura social en toda su expresión?

Quizás creamos que la respuesta deberían darla los políticos pero resulta que en realidad deberíamos ser nosotros los que deberíamos responder. Dicen que una imagen vale más que mil palabras y este es el caso, acabadamente. En la estupenda obra cinematográfica dirigida por Todd Phillips, la tesis que plantea es mostrar la locura desde dos ejes en paralelo: una ronda el estado mental de Arthur Fleck, quien luego se metamorfoseará en el Joker; y la otra atraviesa a una ciudad absolutamente desquiciada y corrompida.

La imagen del “Joker” de Lomas de Zamora tomada el 24 de enero, es decir, el día del primer paro general contra el gobierno de Milei, se la podría comparar perfectamente con el guion del film protagonizado por Joaquín Phoenix desde un punto de vista semiótico. Cabe aclarar que en la película los guionistas tomaron como modelo de ciudad a la New York de principios de la década de 1980 y un hecho en particular, el caso de Bernhard Goetz, un ciudadano estadounidense que el 22 de diciembre de 1984 disparó a cuatro jóvenes afroamericanos en el metro de Nueva York, los cuales –según su versión– intentaron robarle.

Aunque la comparación exacta con el Joker de Lomas es el momento de los disturbios y aparecen en escena dos elementos idénticos: el payaso y los policías. Por un lado están las protestas contra los ricos de Gotham; por el otro está la ciudad de Buenos Aires, en la Plaza del Congreso, también con manifestaciones. El contexto es similar.

Aunque no se trata solo de cuadros parecidos sino que el punto central es la locura. Esa misma que embarga a Gótica en la ficción y que se materializa en la Plaza del Congreso. Porque la pregunta coyuntural es ¿Cómo llegamos a tener un país con la mitad de su población bajo la línea de pobreza y la peor inflación mensual en el mundo? ¿Qué nos sucedió, que pasada la Segunda Guerra Mundial, el mundo nos rogaba para que le vendiéramos alimentos?

La realidad es que países del tamaño de Tucumán hoy en día son potencia mundial y nosotros ni siquiera asomamos en el top 100. Las preguntas surgen unas tras otras ¿Cómo hemos permitido que una cantidad menor de personas que apenas contamos con los dedos de una mano y que hemos votado democráticamente en las últimas dos décadas, hayan destruido a la Argentina hasta sus cimientos? ¿Por qué no aprendemos de nuestros errores? ¿Por qué nuestros candidatos presidenciales cada vez que vamos a votar son impresentables?

Quizás la respuesta a todas estas preguntas encuentre algo de lógica en el hecho de que la Argentina es un país dicotómico. De que en el mismo lodo social conviven, a saber: un ricachón que se toma una botella de Champagne Dom Perignon, la cual pagó casi a medio millón de pesos; mientras con ese mismo dinero come una familia entera durante una semana. La realidad es así de repudiable pero lo más paradójico del asunto es que ese ricachón al que tanto denostamos, es dueño de gastarse su dinero como le plazca y allí la comparación con la Ciudad Gótica de “Joker” encaja como guante. Aunque lo que hay que tener en cuenta es la insania mental de permitir que Néstor, Cristina, Mauricio y Alberto hayan desvencijado por completo un país con capacidad para alimentar a medio planeta.

Resulta que nuestros problemas mentales no acaban ahí. Un señor que conocimos en la televisión y que gritaba como loco cada vez que le hablaban de no achicar el Estado, se volvía loco. Un día apareció haciendo campaña con una motosierra y una estética de “Masacre en Texas” más que de un político que tiene buenas intenciones; y en un abrir y cerrar de ojos es el actual presidente de la Argentina pero resulta que a menos de un mes de gobernar ya recibió un paro nacional.

Lamentablemente el paro no se pareció ni en un ápice a los que azotaban al gobierno de Alfonsín, cuando no encontraba el rumbo económico y nos hizo conocer la hiperinflación en 1989. La misma que estamos saboreando al día de hoy. Pero bueno… paro al fin y aunque como bien dijo Facundo Moyano, “el paro se debería haber hecho hace dos años”.

No se equivoca Moyano cuando dice: “Nosotros, dirigentes del peronismo, nos tenemos que hacer cargo del gobierno de mierda de los últimos cuatro años”. Aunque al ataque de sincericidio debería agregarle unos cuantos años más, aproximadamente hasta llegar al momento en que Eduardo Duhalde le entrega la banda presidencial a Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, dejándole una economía funcionando, cortesía de Roberto Lavagna, el héroe olvidado que apagó el incendio de 2001.

Cabe recordar que la inflación en Argentina en 2003 fue del 3,7%, debido a una serie de factores como la devaluación del peso argentino, que hizo que los productos importados fueran más caros, lo que llevó a una disminución de la demanda; el aumento de las tasas de interés, que hizo que el crédito fuera más caro, lo que también contribuyó a la disminución de la demanda; la implementación de políticas económicas orientadas a la estabilización de la economía, como el congelamiento de precios y la reducción del gasto público.

Según los datos oficiales del INDEC, la inflación en Argentina en 2007 fue del “8,5%”. Sin embargo, según los cálculos realizados por un grupo de técnicos del INDEC que fueron despedidos por aquel gobierno, la inflación real en 2007 fue del 22,3% al 26,2%.

La diferencia entre las dos cifras se debe a que el INDEC, controlado por el gobierno, subestimaba la inflación real para ocultar la magnitud de la crisis económica que se estaba desarrollando en el país. La inflación en 2007 fue la más alta registrada en Argentina desde 2002. La causa principal de la inflación fue la política económica del gobierno de Néstor Kirchner, que se basó en el aumento del gasto público y la emisión monetaria.

¿Como se explica entonces que a un hombre que se lo magnificó como si fuera Winston Churchill, por una serie de medidas populares, terminara aumentando el índice inflacionario hasta dos dígitos? lo que en el resto del mundo es un síntoma de alerta grave.

El festín de desatinos que vendría después con los gobiernos de Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández, no son otra cosa que la muestra de la locura que los ciudadanos muestran al ir a votar, una y otra vez.

Algún iluminado ordenó que “no se debe buscar culpables y mirar para adelante”. Sumarle a eso que no falta el irresponsable que condena la “revisión histórica”. Pero lamentablemente el tiempo pasa rápido, las nuevas generaciones pierden la memoria y le endilgan proezas a quienes jamás las llevaron adelante. Es el caso de algunos personajes que ya pasaron a mejor vida, o en otros casos distorsionan la realidad producto de una propaganda más eficaz que la de Joseph Goebbels.

El hecho es que estamos metidos hasta el cuello en un lio en el cual parece ser que nos quieren hacer pagar en dos meses lo que no pagamos en dos décadas. Pero resulta que no es pecado salir sorteados en un PROCREAR o pagar los servicios subsidiados. Esas fueron la políticas de un hato de crápulas que intercambiaron conquistas sociales por votos durante cuatro gobiernos; y aunque mirábamos el ejemplo del chavismo en Venezuela no éramos capaces de darnos cuenta que nos esperaba la misma receta por estas pampas.