ENTRE “LA DÉCADA GANADA” Y “LA MOTOSIERRA”

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En los últimos 20 años la Argentina pasó del boom de la Soja a una brutal devaluación que ha llevado a preguntarse si valía la pena semejante golpe a la economía con la idea de “evitar la hiper”; como resultado de emitir dinero sin respaldo durante dos décadas. Precios por las nubes y una inflación que no se detiene ante nada generando más y más pobreza.

La metáfora del moribundo al que hay que quitarle el respirador y darle un shock para que sobreviva no alcanza para explicar semejante descalabro en el que la Argentina se ha metido hasta el cuello. Mientras los enfermos y trastornados de las redes sociales se siguen insultando entre ellos porque (aunque usted no lo crea), Cristina y Macri tienen quien los defienda. Lo cierto es que exactamente en dos décadas la Argentina y su clase política han destruido el país.

El nuevo milenio arrancó con dos hechos particularmente antagónicos para la economía. Por un lado la crisis de 2001 cuando estalló la burbuja tras 10 años de menemato; y del otro lado el boom de la soja y las commodities en Argentina, que alcanzó un pico en los años 2007 y 2008. Durante este período, los altos precios internacionales de la soja y otros productos agrícolas generaron un importante crecimiento económico en Argentina, lo que llevó a la popularización del término “viento de cola” para describir la situación favorable que experimentaba el país. ¿Quiénes gobernaban? Néstor y Cristina.

Pero en un país de ignorantes y desmemoriados a esta altura ya nadie recuerda a estos personajes nefastos quienes con una mano regalaban migajas subsidiando los servicios; y con la otra desmantelaban la economía que comenzó a emitir billetes de una manera insalubre en épocas ya de Amado Boudou, ese que se robó la máquina de hacer billetes, que les hizo creer a los peronistas que él lo era y llegó a la vice presidencia. Después fue en cana pero el daño ya estaba hecho.

El remedio fue peor que la enfermedad

En 2015 llegó Mauricio Macri solo por obra y gracia del voto bronca y se despachó con un subidón del dólar que pasó de 20 pesos a 40 en una semana. Cabe recordar que sus antecesores le tenían una sorpresa desagradable: en aquel noviembre le hicieron una expansión monetaria como para que le estallara apenas terminara de bailar el tema de Gilda en el balcón.

Los del “Frente de todes” tenían resuelta la estratagema con Guillermo Moreno, quien entre promesas de golpizas, guantes de boxeo y la presencia del matón “Acero” Cali al lado del secretario de Comercio Interior, cada vez que salía a la calle; les aseguraba una inflación atada y falaz con índices de pobreza que más se acercaban a Alemania que a la real situación.

Hay una realidad que va a contrapelo incluso con la manera en que se presentaron, ante un país que los votó cuatro veces en 16 años: Los gobiernos de Cristina y Néstor jamás redujeron los índices de pobreza, se fueron con el número que llegaron.

Aunque aún existía la ilusión de que “Juntos por el Cambio” acabaría con los despilfarros de los “K” y la historia resultó peor. Macri elevó la pobreza a un grado alarmante y la inflación le estalló en la cara. De no ser por los números de Alberto Fernández podría decirse que lo de Macri ha sido lo peor que le ha pasado a la Argentina en términos económicos desde 2001. Ergo, el daño ya estaba hecho y deducir quien es más culpable, si Macri o Cristina o Cristina y Macri, es ya como el huevo y la gallina.

Obvio que aún faltaba el gobierno de Alberto Fernández con Cristina, quien hace unos días les dijo a los de TN, muy relajada: “Ustedes insisten en que el gobierno fue mío y yo solo presidía el Senado”.

Obvio que la gran ganadora del concurso “¿Cómo me juzgará la historia?” es Cristina. Tiene dos gobiernos y medio, fue presidenta dos veces y vice una vez. Parece increíble que con populismo, mucha propaganda y subsidios, Cristina haya logrado superar a Perón en términos de popularidad aunque los contextos eran más favorables en las épocas de “El General” aunque después se haya tenido que ir a esconder como rata en Puerta de Hierro, mientras le contaba sus memorias a Thomas Eloy Martínez.

Lo cierto es que Alberto, con Cristina respirándole en la nuca, y finalmente traicionarlo con la foto de la fiesta de Olivos publicada en un portal obediente a ella y la Campora, terminó desgastándolo en un juego maquiavélico digno de las mejores estrategias políticas que se han visto en siglos. Primero lo usó para ganarle a Macri y al cabo de dos años se despegó de su compañero de fórmula como si fuera una mala costumbre.

Masacre en Texas

La motosierra como metáfora real de una campaña que sedujo a los jóvenes con estética del justiciero que viene a terminar con el pseudo progresismo que tanto daño le ha hecho a la credibilidad de los valores morales, de pronto se puso en el papel del esperado mesías que salvará a todos.

Blandiendo una motosierra, Javier Milei prometió una sola cosa: “Acabar con la casta política en la Argentina”. Pero primero habrá que acabar con la inflación y evitar la “hiper”, según sus cálculos. Para ello y apenas asumido al mando del caldero del infierno, Milei azotó a los “argentinos de bien” que votaron por Néstor y Cristina durante la “década ganada” a una devaluación brutal donde el precio de la nafta se disparó hasta las nubes y eso se trasladó a precios de inmediato, generando que el transporte público también se incremente críticamente y de allí directo a las góndolas de los supermercados y almacenes.

La imagen es la de la película “Masacre en Texas” pero la masacre se trasladó a los bolsillos de los argentinos que ven como la clase media ha desaparecido del mapa y solo quedan pobres y ricos en un país que llegó a ser un crisol de razas; y el lugar soñado por aquellos pobres y hambrientos que vinieron después de la Segunda Guerra Mundial a buscarse un porvenir.

Al día de hoy los contrastes sociales son alarmantes, solo basta con calcular cuántos kilómetros hay desde el “Club 20” hasta un merendero de las periferias para ver como los cholos toman Champagne mientras docenas de niños pobres se abarrotan por una taza de mate cocido y un bollo como único alimento del día.

Esta es la Argentina que nos dejaron en solo 20 años un gobierno populista al que Duhalde y Lavagna le entregaron un país funcionando en 2003 con viento de cola incluso y hoy asistimos a un presidente que ya nos está haciendo sentir el rigor de los tarifázos en una brutal devaluación que no se sabe si funcionará.

El mes límite es marzo, mientras tanto se vivirá un estado de guerra en cuanto a la hambruna, la inseguridad y un estrés que pondrá a los argentinos y argentinas a pensar en los próximos meses si valía la pena semejante enema.