Antes de los alegatos lo que dejó el juicio por el brutal homicidio de Fernando Báez Sosa es una sensación de que se está ante un hecho que no fue motivado por ningún desencadenante más que por el placer de matar. Incluso causa más desconcierto que otros crímenes famosos como el del pequeño James Patrick Bulger en Inglaterra o el de la familia Clutter en Kansas, Estados Unidos. Máximo Thomsen, Luciano Pertossi, Ciro Pertossi, Lucas Pertossi, Ayrton Viollaz, Enzo Comelli, Matías Benicelli y Blas Cinalli fueron enjuiciados por el hecho.

La mayoría de los asesinatos violentos suceden cuando un cumulo de situaciones ha quebrado los límites de la razón humana, pero el de Fernando Báez Sosa es un crimen atípico motivado solo por el placer. Eso lo hace diferente a todos.

Por lo general el hecho criminal es el resultado de un cumulo de pulsiones que llevan a una situación desbordada por diferentes contextos previamente fagocitados por odio, furia incontrolable o intolerancia. La muerte de Fernando fue solo para el placer de las bestias que lo atacaron y le provocaron la muerte en menos de un minuto.

Otra de las particularidades que tiene este hecho aberrante es que jamás había llegado a juicio en la Argentina un homicidio con tanta cantidad de prueba. A saber: videos del momento en que se produce, los cuales provienen de celulares y cámaras de seguridad; una cantidad importante de testigos que vieron todo; una zapatilla de uno de los imputados marcada en la cara de la víctima.

Además la existencia de chats donde dan cuenta de lo actuado y el minuto a minuto. Pericias en los celulares de las búsquedas en Google que referencian palabras que tienen que ver con el hecho, y como si todo eso no alcanzara, un sobreviviente del ataque y amigo de Fernando quien pudo salvarse de milagro para contarlo.

Carencia estremecedora de empatía

El 12 de febrero de 1993 un niño de tres años llamado James Patrick Bulger fue secuestrado del centro comercial New Strand, en Gran Bretaña, para luego de unos minutos ser torturado y asesinado por dos chicos de diez años, llamados Jon Venables y Robert Thompson.

El 24 de noviembre de 1993, Thompson y Venables de once años tras un juicio fueron declarados culpables de la muerte de Bulger, convirtiéndose en los asesinos convictos más jóvenes en la historia del siglo XX. Los dos fueron sentenciados a pena de cárcel hasta que alcanzaran la edad adulta, inicialmente hasta los dieciocho años y fueron liberados en junio de 2001.

Varios expertos y peritos que participaron de ese proceso judicial dijeron que jamás habían visto una falta de empatía igual a esa; pues parece que los ocho rugbiers superaron a ese caso por agotar la capacidad de asombro incluso del médico que realizó la autopsia.

Estos ocho violentos fueron más allá de aquel bestial hecho del niño británico con la diferencia de que el pequeño Bulger murió por los golpes propinados con barretas de hierro; en el caso de Fernando lo golpearon con sus manos y pies, los cuales fueron entrenados para soportar golpes en la cancha. De hecho hay un video que se ve al psicópata Máximo Thompsen golpeando una bolsa de boxeo como un verdadero desquiciado.

Contextos del homicidio

Estadísticamente los homicidios y femicidios se llevan a cabo en condiciones de marginalidad, de carencias sociales y de falta de contención por parte del núcleo familiar y allegados. Aunque existen excepciones a la regla con crímenes por odio al género tales como el femicidio ocurrido en barrio privado Martindale Country Club, cuando Fernando Farré le asestó 66 puñaladas a su ex pareja Claudia Schaefer y ni hablar del sonado caso de María Marta García Belsunce.

Ergo, todos estos casos son la punta del iceberg de una situación que lleva al resultado muerte, donde sin el ánimo de justificar sino comprender la naturaleza del crimen, son la sumatoria de una cantidad de eventos desafortunados que terminan desencadenando en un hecho criminal. A diferencia de los rugbiers que mataron a Fernando quienes estaban de fiesta en un boliche mientras veraneaban en un lugar turístico.

“A sangre fría”

Un caso que ilustraría muy bien la situación de llegar a un “punto de no retorno” tras un derrotero trágico es el de 1959, cuando un violento crimen sacudió la tranquila vida de Holcomb, Kansas, cobrándose la vida de cuatro miembros de la familia Clutter al ser asesinados a escopetazos en el interior de su casa sin ningún motivo aparente por Richard Hickock y Perry Smith, quienes luego fueron arrestados, enjuiciados y ejecutados, según las leyes de ese estado.

El horroroso caso dio como resultado el libro “A sangre fría” del periodista Truman Capote, quien documentó con un encomiable trabajo de campo toda la investigación, junto a la autora Harper Lee. La obra fue un éxito instantáneo y es el segundo libro sobre crímenes reales más vendido en la historia, detrás de Helter Skelter (1974) de Vincent Bugliosi sobre los asesinatos de Charles Manson.​ Algunos críticos consideran la obra de Capote como un trabajo pionero de no ficción.

Al finalizar la lectura del libro de Capote se puede comprender porque los mataron e incluso de la forma en que los asesinaron. Resultó que había un plan previo de robar la casa de los Clutter, cuando los autores del crimen durante su estadía en la cárcel habían escuchado la falsa información de que tenían grandes sumas de dinero, lo que les llevó a dirigirse directo al rancho de la familia en cuestión, tras huir de la cárcel e intentar ese robo para luego escapar a México.

Obvio que la carga de resentimiento de los asesinos está muy bien retratada en los escritos de Capote, lo que fue el catalizador para semejante decepción experimentada al comprobar que no tenían el dinero que ellos creían. Por eso los mataron de esa forma.

Dicho esto se puede llegar a tener una dimensión del odio que llevó a estos asesinos a cometer el sangriento hecho; cosa que con el homicidio de Fernando Báez Sosa no se puede llegar a comprender la saña y el grado de desprecio por la vida para luego tener el estómago de ir a comer hamburguesas, después de festejar como si estarían en el tercer tiempo tras la obtención de un triunfo en la cancha. “Vamos a premiarnos”, escribió uno en un mensaje en el chat.

El crimen de los rugbiers en perjuicio de Fernando Báez Sosa debería estar en los anales de la literatura judicial mundial ya que desconcierta tanto o más que los casos citados –Bulger y Clutter–. Es más debería haber una “Ley Fernando Báez Sosa” donde se contemple el odio de clase, porque es la única explicación lógica que podría existir en un asesinato en manada que no tiene antecedentes en la Argentina.

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