El próximo 2 de febrero se conocerá el veredicto por el homicidio del niño que fue asesinado a golpes, delito por el que se juzga a su madre Magdalena Espósito Valenti y su novia Abigail Páez. Ambas podrían ser condenadas a la máxima pena por la naturaleza del horrendo crimen, el cual estaría directamente orientado al odio de género. La prueba de la violencia ejercida es sobreabundante y ya fue presentada en el debate oral y publico. Foto: mdzol.com

Lamentablemente los cambios sociales a veces arrastran consigo daños colaterales trágicos como el brutal homicidio de Lucio Dupuy a manos de dos psicópatas dueñas de una frialdad que desconcierta y de una ausencia total de culpa y empatía.

El médico forense explicó que el nene de 5 años presentaba “lesiones en varias partes del cuerpo”, que había sufrido de abuso sexual en el pasado y antes de su asesinato, al tiempo que tenía “un fuerte golpe que le afectaba la cadera, el glúteo y la pierna, con una data de 7 a 8 días”.

Habría que preguntarse cómo es que dos psiquiátricas con tal grado de perversión llegaron a obtener la guarda de este niño, quien tendría que haber sido entregado a su abuelo, quien afirma que Lucio fue asesinado “por ser varón”. Pues bien, la responsable tiene nombre y apellido: se trata de la jueza Ana Clara Pérez Ballester, quien determinó su muerte obligándolo a vivir con dos asesinas.

Parece increíble que una magistrada no haya tenido el sentido común de someter a estas bestias a un examen psicológico y psiquiátrico antes de aprobar el trámite de la guarda. Eso como mínimo; pero mucho no podemos rasgarnos las vestiduras los salteños cuando frente a nuestras narices sucedió el caso Thiago Quipildor.

En aquel horroroso episodio ni siquiera los cobardes de los vecinos fueron capaces de dar aviso a las autoridades y ni hablar de los profesionales de la salud Lorena Alejandra Recchiuto, María del Huerto Vargas, Yaqueline Mónica Rosas y Sergio Alejandro Gonza, quienes fueron condenados por los delitos de incumplimiento de deberes de funcionario público y falsedad ideológica en concurso real; en tanto Patricia Alejandra Sánchez y Víctor Marcelo Senise se pudrirán la cárcel, pero el pequeño Thiago jamás podrá volver con sus verdaderos padres.

Psicópatas y feminismo mal entendido

El feminismo avanza saludablemente a pasos agigantados en todo el mundo… menos en la Argentina. Lamentablemente mientras en el resto del planeta la mujer ha ganado un lugar que antes no tenía en lo social, en la Argentina se está reclamando por una “Ley Lucio”, hasta el presidente Fernández la pidió.

En una nota de opinión redactada por el periodista Pedro Paulin dice puntualmente: “Hablé este tema con Alberto Fernández, que tuvo la generosidad de atenderme. Se involucró y prometió exigir la aprobación de la Ley Lucio, lo que no es menor. Ahora debería el presidente en su capacidad de sugerir que la jueza Ballester, a partir de mañana, deje de impartir justicia. De lo contrario, será cuestión de horas, semanas, días o meses para que otro Lucio nos vuelva a hacer llorar y abrazar a nuestros hijos como si fuera la última vez”.

Por su parte el periodista se pregunta algo muy atendible: “¿En qué andarán Male Pichot, Flor Peña, Flor de la Vega, Nancy Pazos, todas las gritadoras seriales que hacen silencio cuando una mujer mata?”.

Lamentablemente el feminismo en la Argentina parece no haber llegado con la suficiente claridad como si resultó en el resto del mundo. Una horda de mujeres convertidas en un grupo de tareas gritando a viva voz “muerte al macho” en plena vía pública provocando un caos social y temor en la ciudadanía, no parece sumar mucho.

A eso agregarle la ausencia total de estos “colectivos” en los juicios por femicidio, tampoco en las comisarías donde una mujer golpeada por su concubino ruega asistencia mientras los efectivos policiales se burlan de su condición de mujer. Allí no están jamás.

En cuanto a las asesinas que están siendo juzgadas, más allá del principio de inocencia, el cumulo de pruebas es de tal abundancia que causa estupor escuchar las declaraciones durante el juicio. “Le pegué varias pataditas”, dijo Abigail Páez, la novia de Magdalena Espósito Valenti, ambas eran asiduas concurrentes a las marchas del pañuelo verde. ¿Qué dirán ahora las que lideraban esas manifestaciones públicas ante esta monstruosidad?

Por su parte la otra psicópata dijo en el último día de audiencias: “Era un nene feliz y estaba contento de estar conmigo”; cuando se supo durante el juicio por pericias que su cuerpito estaba mordido, le habían quemado cigarrillos, lo habían golpeado y lo abusaron sexualmente.

“Yo sólo quiero aclarar que teníamos una vida normal. Lucio era un nene feliz y estaba contento de estar conmigo. Él quería estar conmigo porque ya había pasado un tiempo lejos mío y él me decía que quería estar conmigo”, dijo la arpía.

El móvil

En un párrafo que vale la pena analizar ya que tiene de toda clase de matices, la madre deja huellas evidentes de odio de género. Desde falsa victimización, una escandalosa muestra de poder feminista y la furia a flor de piel contra la figura del padre y del niño.

“Yo nunca tuve problemas con Cristian más allá de que él me haya violentado física, psicológica y económicamente. Yo jamás lo odié, ni tuve un problema con él. Cuando terminamos nuestra relación lo tomé como que había terminado la relación y nada más. Es más, siempre le reclamé que él se preocupara por su hijo y se ocupara de su hijo, que cumpliera su rol como padre”. No hay más que agregarle a esa confesión dicha a la inversa.

Abigail Páez, la novia de la madre de Lucio Dupuy, dijo que “solo le dio unas pataditas” –Foto: El Litoral–

Ergo, estas brutas no deben tener idea de que existe una ciencia que llamada Análisis del discurso donde lo que se lee entre líneas no está directamente relacionado con la forma de la sintaxis sino con el eje de la temática. Esto además de que el cerebro jamás deja de trabajar, sobre todo cuando se está hablando.

Tal como dijo su abuelo Ramón, a Lucio lo mataron por ser varón, por odio al género opuesto porque, según ellas, interfería en la relación. Y, por ende también, para que sufra el padre, porque odian a los hombres que les dieron la vida.

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