Lo dijo en declaraciones ante el tribunal un albañil que detalló que Vargas había estado con él desde las 10 de la mañana hasta horas 14; lo que motivó un férreo pedido de detención por parte del Ministerio Publico, a lo que el Tribunal no hizo lugar. Además declararon empleados de Garbarino que brindaron detalles de los movimientos de los caudales y por último se dieron a conocer los informes psiquiátricos de ambos imputados los cuales resultaron favorables tanto a Vargas como a Cajal, quienes no mostraron rasgos psicopáticos ni consumo de estupefacientes.

En el inicio de la octava jornada que se sigue por el asesinato de Jimena Salas en el Salón de Grandes Juicio, ocurrido en Vaqueros en 2017, prestó declaración en primer lugar un albañil de nombre Demetrio Matías Vilca, quien dijo haber estado con Vargas el día del hecho, entre las 10 y 11 de la mañana; hasta las 14 horas aproximadamente.

Dijo que estuvieron en una obra, brindando los nombres del arquitecto y el dueño de la propiedad. Incluso agregó que estuvo presente un gasista y que Vargas apareció preguntando por el “gordo” Miranda. Motivaba a Vargas dar con ese señor ya que decía que buscaba trabajo. Cabe señalar que luego presentó declaración Raúl Miranda ratificando esos dichos.

Dijo que tomaron un vino y que luego lo llevó en su moto y lo dejó en el puente de Vaqueros, ya que allí había controles de la Policía Vial y que solo tenía un casco, por lo que le solicitó a Vargas bajarse antes y que él seguiría hasta Ciudad del Milagro, donde su esposa lo esperaba para almorzar.

Ante esta versión, la cual echaría por tierra con todo lo que viene planteando el Ministerio Publico, fue que el fiscal Ramos Ossorio intempestivamente solicitó al tribunal la inmediata detención del testigo por las flagrantes faltas a la verdad, en lo que entendió que su versión se contraponía a lo dicho por todos los vecinos e incluso a los registros de las tarjetas de Saeta.

Ante esto el tribunal respondió que la decisión iba a ser tomada luego de que los tres miembros del tribunal colegiado dirimieran ese pedido por parte del MPF, por lo que el pedido quedó en suspenso. Atento a ello el defensor Marcelo Arancibia solicitó que se le cotejara la declaración durante la etapa de la Investigación Penal Preparatoria al testigo y que se comparara las declaraciones.

Ante otro vendaval de preguntas y la persistente amenaza de detención, el albañil se mantuvo impertérrito. Mantuvo sus dichos y no se quebró; aunque la insistencia de los fiscales lo llevó a dudar si es que habrían estado con Vargas “un viernes” –día del crimen– o “un sábado”. Finalmente y ante las presiones de los tres fiscales que se mostraron muy enfáticos con enviar al albañil a la alcaldía, el tribunal no hizo lugar y Vilca se fue a su casa.

Cabe destacar que luego de la declaración de Vilca, declararon, otro trabajador de la construcción –además de Miranda y el hijo de este–, quienes ratificaron que Vargas trabajó con ellos, aunque el MPF seguía insistiendo en las contradicciones que podrían haber incurrido con declaraciones pretéritas en donde detallaban, si es que Vargas era “cumplidor” o era “vago”; o bien nimiedades del talante de que Vargas era conocido con por el apodo de “Testigo”, ya que creían que era “testigo de Jehová”.

Los empleados de Garbarino

En la presente jornada declararon también ex empleados de Nicolás Cajal. El primero de ellos relató que aquel día lo llamaron desde Buenos Aires para solicitarle que se dirigiera de inmediato a la vivienda de Vaqueros para constatar que era lo que estaba sucediendo que Cajal no respondía el teléfono; a lo que le sorprendió que desde casa central se le hiciera una solicitud de esas características ya que jamás un encargado como lo era él debía abandonar la sucursal, en este caso la del Shopping.

Finalmente accedió y se fue con destino a Vaqueros. Al llegar hasta el barrio San Nicolás comenzó a divisar patrulleros y al encontrarse con su jefe ya en el lugar, este le comunicó llorando que habían asesinado a su mujer. Luego a este mismo empleado se le preguntó por su despido de la empresa y que se lo había comunicado el mismo Cajal a la situación, que el despido había sido producto de una nota de crédito aparentemente con alguna deficiencia.

Al siguiente testigo, también ex empleado de Cajal en Garbarino, se le solicitó que describiera con detalles los movimientos de los caudales que salían de ese local en la peatonal, a lo que el testigo indicó que las cajeras contaban el dinero en sobres firmados y eso se introducía en una caja fuerte, a lo cual luego el dinero era retirado por camiones de una empresa de caudales.

Por su parte este empleado en particular relató que había rumores de los amoríos de Cajal con otras empleadas, a lo que dijo que “había compañeras que corrían con alguna ventaja” pero no ahondó en mayores detalles; como así también se le consultó por algunos ascensos de los que él no estaba de acuerdo ya que no eran “personas capacitadas” para esos cargo. Todas estas situaciones bajo supervisión de Cajal.

Otro empleado del local de la peatonal fue instado desde la empresa a que se dirigiera hasta la vivienda de Vaqueros para comprobar que estaba sucediendo con Cajal; y que al llegar encontró a su jefe desolado diciendo “me cagaron la vida”, mientras se agarraba la cabeza.

Pericias psiquiátricas

La licenciada Rocío Lazarte perteneciente al Poder Judicial brindó los detalles del informe psiquiátrico de ambos imputados. Ambas mostraron idénticos resultados los cuales dieron cuenta de una total ausencia de rasgos psicopáticos, así como ausencia de sustancias toxicas y que ambos pueden representarse sus actos de manera clara.

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