En medio de los bocinazos de la multitudinaria convocatoria del 25-09, debido a la inacción total de la Justicia, no pasó desapercibida la imagen de la hermana de Sergio Vargas, el perejil que la fiscalía señala como uno de los partícipes del crimen de Jimena Salas.  El INOCENTE hombre padece por estas horas en carne propia el infierno de la Unidad Penal de Villa Las Rosas. Mientras se pudre en la cárcel el sistema que lo acusó no trabaja.

Comúnmente el recurso se conoce como “manotazo de ahogado”, el hecho de “dibujar” una maniobra para resolver un problema sin solución en el corto plazo. El 27 de enero de 2017 en su casa de barrio San Nicolás, en Vaqueros, asesinaban a la señora Jimena Salas.

Los primero indicios mostraron que ingresaron sin forzar la entrada, ya que el candado estaba colgado del portón de entrada. La víctima se encontraba boca abajo con heridas de arma blanca. Una silla volteada junto a ella en el comedor, pero más allá de eso la escena no denotaba desorden ni evidencia de lucha.

Las hijas habrían sido conducidas hasta el baño mientras ultimaban a la madre. Esto nos deja con más de un asesino en la escena del crimen. Un dato inquietante fue revelado a MUY CRITICO durante la investigación por una fuente altamente confiable: una de las niñas tenía una mancha de sangre en una de sus mejillas y en una de sus prendas de vestir.

Entre gallos y medianoche

El 18 Junio de 2019 la vida de Sergio Vargas iba a dar un espantoso giro. Como en una crónica kafkiana, el simple vendedor ambulante recibiría sobre su cabeza todo el peso de un poder que jamás podría dimensionar.

El Ministerio Publico decidió su suerte mediante una absurda acusación. “Supuesto homicidio calificado por ensañamiento, alevosía y por precio o promesa remuneratoria”, fue lo que se les ocurrió en ingentes esfuerzos intelectuales por armas una delirante imputación.

Fue tan disparatada la calificación que al momento de “bajarles la espuma” a los “diseñadores” de esta extravagante trama, con el correr de los días se les ocurrió otro “rol” para el pobre Vargas: el de “campana”.

El hecho es que en casi dos años de no lograr una sola prueba, indicio, testigo creíble o lo que fuere; y de cambiar a los dos fiscales que trabajaban en la hipótesis del robo, se pasó a reemplazarlos por Salinas Odorisio y Torres Rubelt, quienes no se sabe a ciencia cierta si lo acusan a Vargas de participar en el crimen en sí; o en hacer de vigilante por si algún elemento de la ley se presentaba y así alertar a los asesinos.

A todo esto y como para que toda la mala suerte del mundo cayera sobre el pellejo del infortunado perejil,  aterrizó el Covid 19 a manos del paciente cero, quien paradójicamente es un abogado que trajo el virus a Salta, sellando la suerte de Vargas, ya que los magistrados y funcionarios judiciales ante los primeros contagios salieron presurosos a esconderse en sus casas. Así es como decretaron cuantiosas ferias judiciales y de esta manera ralentizaron aún más la Justicia, que ya de por si era lenta, abúlica y errática en muchos casos.

Evidentemente la maniobra de acusar a Vargas y cerrar lo que hasta aquí parece ser el crimen perfecto, parece haber sido un capricho desde la Procuración General y cuesta creer que un catedrático tan preparado como el doctor Abel Cornejo comande a los fiscales que acusan a Vargas.

Si la intención era resolver el crimen lo más rápido posible se podría haber convocado a investigadores foráneos, ya que en Salta evidentemente no se está a la altura para realizar una investigación medianamente seria cuando aparece un caso complejo. De esto dan cuenta los casos Luján Peñalva y Yanina Nüesch; Cassandre Bouvier y Houria Moumni, solo por nombrar dos causas que alcanzaron notoriedad gracias a los medios.

La nada misma

En tanto, Verónica Vargas, su hermana siempre al pie del cañón rogaba por su libertad en las puertas de Ciudad judicial, mientras centenares de abogados hacía sonar sus bocinas pidiendo que la Justicia vuelva a trabajar.

Ergo, Sergio Vargas se pudre en Villa Las Rosas y hasta podría morir de Covid o asesinado por algún ser infrahumano que repta entre los pabellones, mientras, en su contra no hay nada más que las inconfesas intenciones de llevarlo a juicio.

En este contexto hay datos que se desprenden del expediente que son inquietantes. Por un lado los asesinos fueron directamente a revisar el alhajero del dormitorio de Jimena y el famoso portafolios, el cual tenía manchas de sangre.

Según consta en el expediente a Vargas nunca nadie lo vio conversando con Jimena Salas; tampoco en actitud sospechosa o ensayando algún gesto de vigilia. Menos aun hablando con los sujetos que podrían ser los responsables del crimen.

A solo un mes de sucedido el hecho, Vargas se presentó espontáneamente para un hisopado, el cual dio negativo. Como si todo eso no fuera poco, el día que mataron a Jimena Salas, Vargas no hizo ni recibió una sola comunicación en su teléfono celular, a excepción de un sobrino que lo llamó.

Ante semejante cumulo de pruebas que denotan la inocencia total del hombre, a la fiscalía no se le ocurrió mejor cosa que argumentar en su raquítica acusación de que Vargas había ingresado en el sitio de La Gaceta para leer acerca del crimen. Es obvio que cualquier ciudadano que pasó vendiendo sandalias por la calle donde sucedió un asesinato, va a leer los diarios al otro día, aunque lleve viendo paginas porno durante meses.

Solo con eso la fiscalía va a llevar a juicio a Sergio Vargas, del cual es obvio que va a resultar exonerado de toda culpa. Pero antes se habrá “comido” años en una de las cárceles más duras de la Argentina, se contagiará de Covid en ese hacinamiento espantoso al que los internos de ese penal están expuestos y deberá soportar a cuanto violento decida atormentarlo por el solo hecho de estar en ese zoológico.

Así es como la administración de justicia en Salta trata a sus contribuyentes, tomándose un año judicial sabático porque temen contagiarse y parecen ignorar que existe algo llamado “teletrabajo”, lo cual se está utilizando en el resto del planeta ante la pandemia.

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