Cuando se le preguntó a Santos Clemente Vera por los policías a los que ayudó como guía en la investigación del crimen de Cassandre Bouvier y Houria Moumni, relató una verdadera historia de terror. De esas que parecen pertenecer a las peores prácticas de la Gestapo, pero sucedió en Salta, en julio de 2011.

La Gestapo fue la policía secreta oficial de la Alemania nazi, dirigida desde 1936 por Reinhard Heydrich, quien llevaba adelante interrogatorios en ambientes propicios, en siniestro cuartos, sin ley ni derecho alguno. Unos años después del otro lado del mundo, la CIA consagró esos métodos para los policías represores de la Triple A en la Escuela de las Américas y finalmente el método quedó enquistado en cada comisaria argentina.

El 29 de julio de 2011 comenzaba una autentica caza de brujas en Salta, tras el macabro hallazgo de los cuerpos de las dos chicas francesas. El blanco favorito fue un lugareño humilde y conocedor de la zona.

El candidato ideal

La policía buscaba guías en la Quebrada de San Lorenzo para “peinar” el terreno y buscar pistas. Lamentablemente uno de ellos fue Santos Clemente Vera, quien conocía de memoria la zona. Esa fue su sentencia de muerte.

Según relató a MUY CRITICO desde la cárcel, esos mismos policías que habían requerido de sus servicios como guía, lo señalaron como el candidato ideal para formar parte del grupo de perpetradores que asesinaron a las chicas.

“Al camino lo conozco bien. Por ese lado los he llevado. Después me decían ´¿Porque los llevé por ese y no recto?´. Ellos me decían cuando declaraba eso”, relató Santos en 2018, ya condenado a prisión perpetua.

“Ellos mismos me dijeron que no querían ir por el camino recto, porque había ido gente y que había vuelto por el mismo lugar. Querían algo alternativo, algo que nuevo, que no sea el mismo. Algo que ellos no conocían. Entonces los llevé por ese camino”, detalló.

¿Esos mismos después te detienen y te golpean? ¿vos te los acordás?

Si me los acuerdo.

¿Son los que después te dicen “hacéte cargo”?

Después de ese día me meten a la camioneta. Me dicen: “Bueno… hacéte cargo, hacéte cargo”; les digo: “¿Cómo me voy a hacer cargo de estas cosas? y me dicen:

“Entonces con vos no sé qué va a pasar. Nosotros no tenemos ningún problema. Para nosotros es fácil: te llevamos a otro lado y te dejamos tirado ahí. Donde lo vamos a ir a tirar a este”, decían.

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