El thriller creado y dirigido por Ian Brennan y Ryan Murphy, relata en 10 episodios el caso real de uno de los asesinos más notorios de la historia de EE. UU. Evan Peters interpreta a Jeffrey Dahmer y Richard Jenkins a Lionel Dahmer, su padre. Imagen: Netflix

¿Por qué causan tanta fascinación y morbo al mismo tiempo las historias de asesinos seriales? La del “caníbal de Milwaukee” es archiconocida entre los cultores del género True crime, quizás el predilecto de una gran parte del público que sigue contenidos on demand o bien ya vieron su famosa entrevista desde la cárcel por YouTube.

Por ello los productores de Netflix decidieron retratar la vida de este asesino y sus inexplicables crímenes, los cuales van más allá de una matanza serial. Dahmer se excitaba no solo matándolos, sino comiéndolos; y a diferencia del payaso asesino John Wayne Gacy –quien también es referenciado en la serie– no los torturaba durante días, sino que tenía la fantasía de tumbarse al lado de ellos y acariciarlos ya estando muertos.

Según referencia Netflix: Entre 1978 y 1991, Jeffrey Dahmer se cobró horriblemente la vida de diecisiete víctimas inocentes. Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer es una serie que expone estos crímenes desmesurados, centrados en las víctimas desatendidas y sus comunidades afectadas por el racismo sistémico y las fallas institucionales de la policía que permitieron que uno de los asesinos en serie más notorios de Estados Unidos continuara con su ola de asesinatos a la vista durante más de una década.

Un asesino gay encantador y una policía racista indiferente –alerta de spoiler–

Los creadores de la serie se ocupan de mostrar a una policía de Milwaukee absolutamente desinteresada ante los múltiples llamados de alerta de las vecinas de Dahmer, en un complejo de departamentos a los que se había mudado en una zona de vecinos de raza morena, después de que su padre harto de sus correrías de alcohólico y su extraño comportamiento lo enviara a vivir con su abuela.

Pero a Jeffrey esa estancia tampoco le sirvió, aunque el ejército en un principio pareció una solución pero su terrible adicción al alcohol y sus extraños hábitos lo alejaban de la normalidad constantemente. Todos estos datos están consignados en la famosa entrevista que concedió desde la cárcel.

Mientras tanto su descenso a los infiernos se incrementaría cuando mató a su primera víctima y cabe aclarar que no era un asesino racial. Le gustaban los hombres morenos, caucásicos, latinos o asiáticos, le daba lo mismo. Sus fantasías eran tumbarse al lado de un hombre que le apeteciera y al que pudiera controlar. Tal es así que llegó a taladrarle el cráneo a algunas de sus víctimas y verter acido en el cerebro con la idea de convertirlos en “zombis experimentales” que no vivieron más de un día.

El otro eje que la serie aborda es la paupérrima actuación de la policía, a la cual Jeffrey eludió varias veces a base de mentiras y un arma con la que contaba el asesino, Jeffrey era encantador y su aspecto de joven con cara de buena gente convencía a cualquiera.

La serie aborda la problemática de la policía racista y homofóbica de aquellos años, ya que Dahmer cada vez que estaba a punto de ser atrapado, minimizaba la situación aduciendo que se trataba de una simple pelea entre una pareja de homosexuales y que estaban ebrios. Así logró eludir infinidad de veces a las autoridades.

El otro planteo que se aborda son las posibles razones por las cuales el comportamiento del asesino era tal, como una infancia donde destripar animales muertos era su hobby, o la cantidad de píldoras que tomaba su madre estando embarazada; a ello sumarle la traumática separación de sus padres. Todas conjeturas propias de la necesidad de buscar un culpable o un responsable de semejante comportamiento psicopático.

Dahmer junto a otros infames asesinos como el mencionado Jhon Wayne Gacy y Ted Bundy, forman parte del bestiario de celebridades y monstruos que asolaron los EE. UU. en las últimas décadas y que Netflix se ha ocupado de retratar ya sea en docu-series o ficciones True Crime.

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