El lunes desde las 20:00 por Twich en Vorterix_Salta y la 102.9 del dial, se podrá disfrutar del penúltimo episodio del mes dedicado al gran cineasta a quien ese ciclo está homenajeando. Con una constelación de estrellas como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Dakota Fannin, Al Pacino, Maya Hawke, Kurt Russell y Michael Madsen, entre muchos otros.

Situada en pleno corazón temporal de la edad dorada de Hollywood –año 1969–, el personaje de DiCarpio, “Rick Dalton”, es protagonista de una serie de televisión del tipo western Bounty Law.

Al inicio del metraje tiene una charla con un productor interpretado por Al Pacino, quien le hace dar de bruces contra la dura realidad, de que su aura se está apagando y solo lo utilizan para caracterizaciones de malos de pacotilla; lo que no es más que un anuncio de que su carrera se está acabando y le ofrece una salida que parece ser la única solución: viajar a Italia a trabajar en películas de Spaghetti Western.

Al finalizar la dolorosa reunión en un restaurante de L.A. el pobre Dalton se desmorona ante su doble de acción, quien también oficia de asistente para toda clase de tareas domésticas como cuidar su casa o arreglar su antena, además de acompañarlo a todos lados. Este no es otro que Cliff Booth –Brad Pitt, ganador del Oscar por este papel–, quien trata de animarlo y darle contención. A partir de allí se definirá el espiral de frustraciones en los que el actor se irá hundiendo conforme se pasea por Cielo Drive, donde casualmente su vecino de al lado es Roman Polanski y su bellísima esposa Sharon Tate interpretada por Margot Robbie.

Utopías y arte contrafáctico

Es obvio que Tarantino aprovecha una situación que estremeció al mundo en aquel año como lo fue el horroroso asesinato de Sharon Tate embarazada y sus invitados, aquella noche en que jamás se olvidará por el terrorífico festín de sangre que se llevó a cabo en esa residencia de Cielo Drive, para mostrar un cine que ya no existe. Un contexto que elevaba la simetría del séptimo arte hasta un grado de romanticismo que muchos como Quentin añoran.

Por supuesto que ya no es el Tarantino de sus primeros films, es un Quentin más personal, tal como él mismo definió a “Había una vez en Hollywood”, donde lo simbólico está por encima del arco argumental, el cual parece importar menos que el contexto.

Hablando de simbolismos, solo basta remitir a la pareja protagónica, quienes evocan a un célebre “dueto” de actores como Paul Newman y Robert Redford; o bien con Steve McQuen, quien tiene una aparición fugaz en la escena de la mansión Play boy.

Aunque lo que importa es el derrotero de Cliff Booth por esos sets de épocas y el glamour siempre presente rodeando una carrera que se le está desmoronando y no puede evitarlo. Mientras periféricamente el clan de la familia Manson ronda peligrosamente aquello que hubiera convertido el film en un horror-movie, pero que Quentin prefiere poner el foco de una forma crítica sobre un Hollywood que ya no existe.

De hecho, el año 2019 en que se estrenó la película, esta era la única que contaba con un guion original. La crítica de Tarantino apunta directo a las grandes producciones de hoy en día, las cuales son productor pochocleros atestados de CGI y continuaciones o reboot de productos que ya se conocen.

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