Casi más de cuatro décadas después del estreno de la película de Sergio Corbucci, protagonizada por Franco Nero en la piel de Django, Tarantino en 2012 decidió homenajear no solo a aquella película de origen italiana-española sino a todo aquel fenómeno cultural que fue el conocido como “Spaghetti western”. Se trata del séptimo episodio de CINEMA-VORTERIX, disponible en plataformas de Twich –Vorterix_Salta– y en el 102.9 del dial desde las 20:00 del lunes.

Las raíces del Spaghetti western tienen su origen en el cine de Akira Kurosawa y sobre todo en el film Yojimbo, donde Sergio Corbucci sentó las bases para relatar la historia de Django en 1966. Cinta que junto a la trilogía de Sergio Leone forman parte esencial de aquel maravilloso cine producido en Italia y filmado en locaciones de España en su mayoría, con productores, escritores, técnicos y actores italianos, algunos de Roma.

De un lado estaba el gran Sergio Leone, quien eligió a un jovencísimo Clint Eastwood para protagonizar la maravillosa “Por un puñado de dólares” -1964-, para completar su faena fílmica con títulos como “El bueno, el malo y el feo” (1966), “Hasta que llegó su hora” (1968), hasta la icónica “Érase una vez en América” (1984).

Del otro lado y también con bases en el cine japonés de Kurosawa apareció en los cines en 1966, Franco Nero –el actor elegido por Carbucci tal como Leone había elegido a Eastwood– presentaba a “Django”, el cual fue un éxito mundial.

Tarantino explora y homenajea

En 2012, Quentin Tarantino tras varios éxitos y premios importantes de la industria del entretenimiento decide incursionar en el Espagueti western. Pero no solo haciendo un remake del éxito de Carbucci de 1966, sino de ir más allá –como permanente marca registrada de Quentin– y rendir homenaje a toda una movida cinematográfica que tuvo su apogeo entre las décadas de 1960 y 1970, incluso entrados los 80.

Hasta antes de Tarantino los remake eran –y siguen siendo así– una simple repetición de la versión original, solo con otros actores y otros directores. Pero Tarantino decide hacer algo parecido a lo hecho por Brian De Palma con “Scarface” en 1983. Es decir, cambiar el contexto, el ámbito y la estética pero conservar las motivaciones de sus personajes y seguir una línea argumental similar.

En honor a la verdad hay que reconocer que Quentin va más allá todavía. Lo que hace es tomar muchos recursos de Carbucci, tanto estéticos como argumentales y ponerlos en su nueva película estrenada en 2012 y por la cual se llevó otro Oscar por mejor guión. A saber: la calle principal de un pueblucho de mala muerte atiborrada de lodo, la cantina típica del western original, más las tácticas y técnicas de Kurosawa.

Aunque Tarantino se ocupa fundamentalmente de los aspectos más crudos y violentos planteados por Carbucci, tales como las torturas propias de sus films; cosa que taxativamente se ven plasmadas en las bestiales practicas del patrón de la estancia donde se desarrollan las escenas culmines de la versión de Tarantino.

Es decir, el personaje interpretado soberbiamente por Leonardo Di Caprio, el sádico Calvin, quien hace “masticar” a sus esclavos por perros rabiosos o bien organizar sangrientas peleas entre esclavos hasta llegar a un grado de crudeza insoportable. Eso no es (exactamente) de Tarantino –aunque sus películas tienen ese sello característico– lo visto en la obra de Quentin es puro homenaje a Carbucci.

Tarantino se atreve a jugar con una historia de esclavos sureños y Django pasa de ser un matón blanco de ojos verdes –el de 1966– a un esclavo que busca salvar a su amada, tal como el primer Django lo hace con la figura de una prostituta a la que la sociedad de aquello brutos y despreciables ciudadanos desprecian. Obvio que los capuchones rojos del film de Carbucci son reemplazados por las máscaras blancas de los caballeros blancos del KKK pero la habilidad para disparar como un rayo por parte del héroe, es la misma.

Puntos en común, idénticos recursos pero contextos distintos

Además de introducir un personaje absolutamente foráneo como el Dr. King Schultz –Christoph Waltz, también ganador del Oscar por esta cinta– por cierto una idea tan atinada y creativa que remite a sus habilidades de cazador de recompensas tanto como el propio Django original y su cajón de sepulturero que guarda tantas similitudes como el carruaje de Schultz que también esconde una explosiva sorpresa en su interior.

Por último el factor racial esta tan presente que es el hilo argumental de ambas versiones, pero a Tarantino le sirve para recordarle una vez más y con gran ingenio al pueblo americano aquella infamia de esclavizar hombres y mujeres solo por ser de raza afroamericana.

La película fue un éxito comercial ya que tuvo un presupuesto de 100 millones de dólares y una recaudación de más de 425 millones. Además de cosechar criticas favorables y llevarse dos Oscars, dos Globos de oro y dos BAFTA. Todos para Tarantino por mejor guion y para Waltz por su magnífico trabajo como el co-protagonista de Jamie Foxx.

Ergo, es de destacar los trabajos de Samuel L. Jackson como Stephen Warren, Leonardo DiCaprio como “Monsieur” Calvin J. Candie y sobre todo la aparición de un actor que ya se creía pasado de moda pero “resucitado” por Tarantino. Se trata de magnífica interpretación de un brillante Don Johnson como Spencer “Big Daddy” Bennett, otro de los detestables terratenientes dueños de plantaciones de algodón y detestablemente racista. Una joya absoluta.

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