Durante la tercera jornada de audiencias que se sigue por la muerte de Cristian Gallardo, una médica legal sostuvo que el joven murió por un infarto de miocardio. Por su parte el presidente del tribunal solicitó a la familia de la víctima retirarse de la sala por la exhibición de las fotografías de la autopsia. Está previsto que la audiencia de debate se extienda hasta el 3 de mayo. Cristian Exequiel Gallardo falleció el 26 de agosto de 2019

La primera testigo en sentarse frente al tribunal que está juzgando a los policías por la muerte de Cristian Gallardo fue la médica que realizó la autopsia. “Murió por una isquemia aguda de miocardio”, indicó la profesional quien se desempeña en el CIF como medica forense.

Ante esta afirmación una de las vocales, la jueza Norma Beatriz Vera, le preguntó si era lo mismo que un “infarto”; a lo que la médica respondió afirmativamente. “Tengo entendido que no es lo mismo”, afirmó Vera; pero la testigo reafirmó dejando muy en claro la causa de muerte: “El infarto es la isquemia aguda de miocardio”, aseguró.

Este testimonio quizás sea el más importante de todo el debate ya que Gallardo no presentaba lesiones de consideración que le puedan haber causado la muerte. De hecho tiene contusiones leves e incluso cortes y hematomas –uno arriba de uno de sus ojos– pero por ejemplo un traumatismo craneano no existe, ni una asfixia mecánica tampoco.

Pánico, cocaína y alcohol

Con la exhibición de las fotografías de la autopsia llegaban datos reveladores por parte de la médica declarante. “Tenía más de dos gramos de alcohol en sangre y cocaína en la orina. La cocaína incrementa cinco veces más el nivel de adrenalina”, explicó.

A medida que esa información se conocía el tribunal enfatizaba en el nivel del interrogatorio para poder comprender como es que Cristian Gallardo falleció, ya que ningún golpe contundente dañó su cráneo. Tampoco presenta lesiones en los músculos del cuello ni la tráquea, lo que descarta muerte por asfixia o bien por broncoaspiración producto de que tenía un acullico de coca que fue hallado al lado del cuerpo sin vida.

Esto deja al fallecido con una causa de muerte que no es directa por parte de los imputados, lo que lleva a concluir que Gallardo estuvo sometido a un estado de agitación y un estrés tal que  mientras daba gritos e intentaba zafarse de los efectivos policiales que lo golpeaban, comenzó a tener dificultades para respirar.

Su resistencia al arresto traducido en una agitación extrema y un grado de estrés enorme, podrían haberle causado el infarto. Esta posibilidad cobra relevancia si se evalúa un cuadro de intoxicación por sustancias como el alcohol y la cocaína, que le provocó la falta de oxigenación en la sangre.

En ese punto fue cuando Gallardo –ya en la caja del móvil policial– comenzó a sentir que el pecho se le oprimía y sus dificultades respiratorias fueron el preludio del infarto. Para cuando llegó el personal médico el joven ya había fallecido y no había posibilidades de reanimarlo.

Las lesiones

Según informa Prensa del Poder judicial, la perito enumeró los hematomas, equimosis y heridas cortantes observadas en el cuerpo de la víctima. Precisó además que los órganos presentaban una congestión generalizada por hipoxia (déficit de oxígeno).

Acerca de las equimosis irregulares detectadas en la región del cuello, consideró que no sugerirían una compresión manual sostenida. Consultada acerca de si las lesiones podrían deberse a una compresión realizada con el brazo, respondió que no podía ni descartar ni asegurar que se debieran a esa mecánica. Precisó que, a nivel interno (muscular), no se apreciaron lesiones. Agregó que la víctima no presentaba signos de violencia en el cráneo ni cuero cabelludo.

La audiencia de debate se desarrolla con tribunal colegiado integrado por los jueces Roberto Faustino Lezcano (presidente), Maximiliano Troyano y Norma Beatriz Vera (vocales). Por el Ministerio Público interviene el fiscal Leandro Flores. La defensa de los acusados está en manos de Marcelo Arancibia y Marcelo Arancibia –hijo–  (Llaves y Moya) y Ariel Vázquez (Olea, López, Ozuna). En la parte querellante intervienen José Díaz Cueto y Martín Plaza Scheafer.

Matar de miedo no es punible

Seguramente la tercera jornada debe haber sido la más favorable para las defensas de los imputados ya que quedó demostrado fehacientemente que Cristian no murió por traumatismos múltiples, ni por shock hipovolémico –desangrado–, ni otra causa que se les pueda atribuir a los policías. Murió de un infarto.

Lamentablemente Cristian Gallardo en vida tuvo la mala fortuna de no encajar en un sistema que no da oportunidades a personas alejadas de la interacción social y que terminan indefectiblemente en esos “depósitos” de gente que son las cárceles; o muertos en un episodio policial como el acaecido aquella noche trágica del 26 de agosto de 2019.

Había consumido cantidades etílicas enormes y probablemente tenía cocaína en la orina, ello no se puede determinar ya que el CIF increíblemente no cuenta con la posibilidad técnica de discernir entre coca de coquear o cocaína. Ambas devuelven el mismo resultado.

Cristian tras ser buscado por la policía y arrestado entró en pánico. Su estado de agitación y exaltación era tan elevado que testigos dijeron que los gritos de desesperación se habían convertido en alaridos; lo que sumado a su intoxicación fue un combo fulminante que le provocó el infarto.

Por desgracia el accionar de los efectivos policiales tampoco fue el correcto al golpearlo de esa manera aunque se resistiera al arresto. Se supone que estos representantes del orden público tienen un entrenamiento y una instrucción como para poder reducir a un delincuente belicoso y no molerlo a golpes hasta el móvil.

Cristian murió bajo una lluvia de puñetazos y patadas pero la causa fue el infarto y no un golpe contundente. A Gallardo lo mató la Policía… pero de susto. Lo aterrorizaron y lo infartaron pero eso no es punible ante la Ley. Aun así el comportamiento de los imputados no fue el adecuado y el desdén de verlo con dificultades para respirar y no actuar en consecuencia –por un sentido moral– es repudiable. Quizás el hecho de saber realizar RCP por parte de alguno de estos brutos podría haberle salvado la vida pero no fue así.

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