Una veintena de testigos desfilaron por la Sala de Grandes juicios en las primeras cinco jornadas de audiencia. El debate oral y público se fue desarrollando con la presencia de vecinos, peritos y policías, quienes poco y nada aportaron a una causa que se torna cada vez más enigmática.

Tras las cinco primeras audiencias del juicio que se sigue por la violenta muerte de la señora Jimena Salas en el interior de su casa, en el barrio San Nicolás de Vaqueros, el 26 de enero de 2017, se puede concluir que –al menos– hasta aquí solo hay situaciones periféricas con poco y nada de empírico.

Solo son divagaciones. Nada que indique que existen pruebas concretas contra ambos imputados donde parece dejarse todo al terreno de lo subjetivo. Y el más puntual de estos ejemplos es la presencia de una amante que tuvo Nicolás Cajal Gauffin entre 2011 y 2017; o que Sergio Vargas tenía 8 líneas de celulares y diversos chips de teléfonos. Ergo, aquí lo que se está tratando de dilucidar es la “verdad real” de un hecho de sangre aberrante y no la moralidad del viudo o la apariencia de vendedor de un hombre que tuvo la desgracia de pasar por frente a una casa donde estaban masacrando a una mujer indefensa.

Huelga recalcar entonces que lo que se está observando en el presente proceso oral y público no es otra cosa que la evidencia clara de una investigación paupérrima, de la cual en vez de estar escuchando a vecinos que describen a un hombre de contextura “tal” y de tez de piel “cual” y que preguntaba por una “fulana de tal”; son los responsables de tamaña vergüenza investigativa quienes deberían estar explicándole al tribunal y al público en general el porqué de semejante desatino durante el tiempo que duró eso que se conoce como IPP o Investigación Penal Preparatoria.

Nada nuevo bajo el sol

Más allá de las inmoralidades de Cajal con su amante, de los hábitos de lectura de Vargas sobre portales de noticias o su ocupación de vendedor ambulante o albañil; quizás los datos más altisonantes gravitaron en la desconexión de la alarma lo cual taxativamente no es tal como se reprodujo afuera de tribunales (conventillo sin el ánimo de sonar peyorativo).

La alarma, según una testigo amiga de la víctima –quien estuvo en la casa– dijo que ese martes “la alarma se disparó no sé porque” y que tras ese hecho técnico esta fue desconectada para luego ser re-instalada, suspicazmente después del hecho criminal.

En cuanto al otro elemento de vital importancia pero que no se trata de una noticia nueva, es la presencia de dos sujetos masculinos en la escena del crimen; a lo que los peritos del CIF dieron en calificar como “hombre 1” y “hombre 2” en las muestras de ADN. Lo que arrojó la presencia de material biológica de dos masculinos y la víctima, en la brutal secuencia en que Jimena Salas pierde la vida.

Aunque como dato informativo la posibilidad de que los dos asesinos sean “medios hermanos” le da cierto matiz novedoso a la oscura trama de un crimen alevoso perpetrado a pleno medio día de un caluroso enero, el cual cada vez parece más lejano. Tanto como la verdad.

¿Es vendedor o no?

Esa es la pregunta que la fiscalía “refrita” en cada uno de sus interrogatorios en lo que hace a su hipótesis contra Vargas. Para el Ministerio Publico Fiscal el imputado “simuló” ser un vendedor de calzados con la inconfesa idea de dar con el paradero de una “señora con dos hijas”. Lo que aun en la mente más imaginativa de un escritor de novelas policiales sería un disparate por lo raquítico del recurso literario. ¿Qué clase de “campana” o “marcador” que se encargaba de la “inteligencia” del hecho va andarse paseando por todo el barrio preguntando si le quieren comprar zapatitos?

Como para completar el pavoroso cuadro de la acusación se le endilga a Vargas haber preguntado por uno o varios nombres de mujeres, lo que en realidad se trataría de una estrategia de venta que utilizan los trabajadores ambulantes como “gancho” para concitar la atención del potencial cliente.

Entre esas entelequias y divagaciones se fue diluyendo una primera semana en la que los asesinos de la señora Jimena Salas están cada vez más lejos de ser individualizados y POR AHORA los imputados pueden jactarse de que nada comprometedor existe. Aunque habrá que esperar hasta el 21 de mayo, si es que el MPF tiene algo de más sustento contra dos hombres que llegan acusados de participaciones meramente periféricas pero que podrían terminar en penas de varios años tras las rejas en la Unidad Penal de Villa Las Rosas.

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