Una obra maestra que toca las fibras mas íntimas del alma y nos ponen cara a cara con lo trágico de la condición humana dignas de un film de Tarantino o Scorsese. Foto: qtoplife.com

«Caballero, la  pobreza no es un vicio (…) Cuando se es pobre, uno conserva el orgullo nativo de sus sentimientos; pero cuando se es indigente no se conserva nada. La indigencia no se arroja entre los humanos a palos, sino a escobazos, lo que con razón resulta mas humillante, porque el indigente es siempre el primero que esta dispuesto a envilecerse por sí mismo. » Marmeladov en Crimen y Castigo

Una historia dura que desnuda los laberintos del alma y la psiquis en situaciones extremas de miseria, que a través del sufrimiento y la supervivencia revelan los claros oscuros de la condición humana: somos capaces de experimentar el mas profundo amor, de conmovernos con la desgracia ajena y la vez de pergeñar las mas terrible de las acciones como el asesinato de una usurera millonaria.

El protagonista Rodia Románovich Raskólnikov es la síntesis perfecta de como la piedad y la caridad se conjugan con la violencia, el desamor y la culpa, y que todas ellas se entrelazan ele espíritu humano revelando una cruda realidad que es ni más ni menos que la gran tragedia de ser humano: una combinación de bien y mal convivientes dentro de una misma entidad. La perfección y la santidad no existen, que solo son un hermoso cuento utópico que no se corresponde con la difícil realidad cotidiana de las almas rotas.

El contexto social de la novela básicamente es la pobreza y la historia conmovedora de un ex funcionario al inicio del relato configura una fotografía exacta de las penurias de una familia similar a las vividas en los barrios populares actuales: la prostitución, la violencia de género, el hambre, la desnutrición infantil, el alcoholismo y el hacinamiento.

Marmeladov formula una pregunta que interpela la sensibilidad más profunda del lector “¿Comprende, caballero lo que significa estas palabras: no tener a dónde ir?” refuerza en Rodia la necesidad de equilibrar la balanza, de buscar una especie de justicia cósmica” ante tanta miseria desgarradora. El resultado será el asesinato de una usurera millonaria que se provecha de los indefensos. Rodia sostendrá en este sentido “(..) porque en la ejecución procedí con tanta justicia como era posible; elegí entre todos los gusanos al más perjudicial, y al matarlo no pensaba en tomar de él más de lo que justamente me hacía falta para poder comenzar con mi vida”

El asesinato también es una metáfora del sistema capitalista vigente y la novela en determinados pasajes formula una crítica a la razón instrumental, al individualismo y al liberalismo económico que sostiene que la caridad y el amor al prójimo no son rentables ni son bueno ejemplos para el “progreso” de una nación.

En relato de la pesadilla que Rodia tiene también subyace una crítica a los valores morales vigentes que impulsan hedonismo y la morbosidad de una sociedad que se regodea con el sufrimiento de los más humildes que suelen morir luchando. La muerte del caballo que intenta galopar ante los golpes del carrero es la representación de dicha metáfora y porque no decirlo la deformación del mito del carro alado de Platón en donde el alma racional no conduce al jinete, sino que es un parte vegetativa y animal.

Mas adelante en la locura e hipocondría de Rodia se ve reflejada la culpa pero ello no le impide hacer reflexiones filosóficas sobre el sufrimiento humano y su concepción y justificación del crimen.

La novela desentraña todos los aspectos más oscuros de nuestra humanidad los diversos demonios con los que lidiamos cotidianamente.

“Si al menos el destino le hubiera enviado el arrepentimiento, un arrepentimiento lacerante que destroza el corazón, que quita el sueño; un arrepentimiento cuyos tormentos son tan espantosos que hacen soñar con la cuerda de la horca o con las aguas profundas… ¡Con qué satisfacción lo habría recibido! Sufrir y llorar también es vivir. Pero él no estaba en absoluto arrepentido de su crimen. ¡Habría podido, por lo menos, lamentar su estupidez, como se lamentaba en otros tiempos por las aberraciones y los desatinos que lo habían llevado a la prisión! Pero ahora, en el penal, en libertad, reconsiderando y volviendo a juzgar su conducta pasada, ya no la encontraba, ni mucho menos, tan aberrante y tan desatinada como entonces, en aquella época fatídica. «¿En qué sentido era mi idea —pensaba— más estúpida que las demás ideas y teorías que pululan y luchan entre sí desde que el mundo es mundo? Basta con mirar la cuestión con un criterio lo suficientemente independiente, amplio y libre de la influencia de los prejuicios cotidianos para que mi idea no parezca tan… extraña. Oh, detractores y sabios de tres al cuarto, ¿por qué os quedáis a medio camino? »¿Por qué les parece tan monstruoso mi acto? —se preguntaba—. ¿Por qué es un crimen? ¿Qué significa la palabra “crimen”? Tengo la conciencia tranquila. Sin duda, se ha cometido un acto criminal; sin duda, se ha infringido la letra de la ley y se ha derramado sangre; pues bien, tomad mi cabeza a cambio de la letra de la ley, y ¡asunto concluido! Pero, claro, en ese caso, muchos benefactores de la humanidad que no heredaron el poder, sino que lo conquistaron, habrían tenido que ser entregados al verdugo al dar sus primeros pasos. Estos hombres, sin embargo, pudieron llegar hasta el final, y por eso están justificados; yo, en cambio, no supe llevar a buen término mi plan y, por lo tanto, no tenía derecho a dar siquiera el primer paso.”

Fragmento Crimen y Castigo

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