Ocurrió el sábado 13 de febrero, durante el fin de semana largo del carnaval. Claramente se violaron todos los protocolos del COE ante las pasivas miradas de los oficiales del 911. El año pasado hubo otro casamiento en la misma parroquia y en aquella ocasión intervino la fiscalía.

Cerca del medio día comenzaron a llegar a la iglesia ubicada en Batalla de Salta 485 del Barrio Ciudad del Milagro, los invitados a un casamiento que por obvias razones no cumplía con ninguna de las medidas que exige el COE. Según una fuente del Ministerio Publico, es obligación de cualquier ciudadano llamar al Sistema 911 en el caso de ser testigo de un evento social de estas características.

Ante el fastidio de los vecinos de ver que cada vez eran más las personas que llegaban en sus automóviles vestidos elegantemente y algunos sin el barbijo, fue que un vecino llamó al 911. De inmediato un móvil se presentó en el lugar. Descendieron dos oficiales y se dirigieron a la parroquia. Grande fue la sorpresa cuando en menos de dos minutos y con una laxa explicación de una señora que hacía las veces de moderadora de la reunión y con un espray de alcohol diluido en mano como toda arma para frenar a una pandemia mundial de características apocalípticas.

Al regresar los policías al móvil se les preguntó cuál había sido la grandísima explicación que los dejó más conformes que hincha de boca en el palco de la Bombonera, los oficiales solo se limitaron a justificarse que en caso de que ellos dijeran algo se les venían todos los feligreses encima. Mientas tanto los tortolitos ya se dirigían al altar donde el sacerdote los esperaba para consagrar su amor eterno y que si “alguno no estaba de acuerdo que hable o calle para siempre”, cosa que los primeros en callar fueron los dos pasivos oficiales del orden público.

Producto de la presión de los allí presentes que no podían creer lo que estaban viendo, lo más severo que hizo el que se quedó sentado en la camioneta fue reprender suavemente a uno que llegaba tarde y no tenía puesto el barbijo.

¿Quién se hace responsable?

Nadie. Resulta que el oficial estaba más interesado en saber quién había sido el mal entretenido que llamó por teléfono; que la falta de distanciamientos, la falta de barbijos o bien los barbijos colgando por el cuello como un calzón desvencijado, y obvio la cantidad de gente apiñada allí que excedía con creces lo permitido.

En un momento dado apareció el cristiano que había cometido la herejía de llamar al 911 e interrumpir tan sagrado sacramento. El dialogo era increíble e impensado ya que el “poli” le preguntaba al ciudadano que había alertado el hecho, si es que quería dirigirse a la seccional sexta que está en ese barrio a radicar la denuncia contra el cura párroco. Es decir, que ni siquiera esa molestia se quería tomar el uniformado, la de notificar a la autoridad de la zona de que allí se estaban violando todas las medidas sanitarias.

Según el sitio Arzobispadodesalta.org.ar, esa parroquia es comandada por el padre Raúl Fleckenstein, quien ni se enteró de la tertulia que se estaba desarrollando afuera de la parroquia mientras los invitados seguían llegando a pura franela, besos y abrazos en la vereda del sagrado templo.

El episodio, “amen” de terminar en la nada, es comparable con una fiesta clandestina, de esas que se suspenden todos los fines de semana y se multan a los propietarios de las viviendas donde se llevan a cabo. Porque es de convenir que análogamente es la misma situación, solo que de día y en una parroquia; cosa que el virus ni se entera y solo busca a estos idiotas irresponsables como huéspedes para seguir circulando, contagiando y matando.

La Argentina ya superó la barrera de 50 mil muertos y la nueva cepa británica amenaza con provocar una mortandad aún mayor en 2021. Mientras un párroco siga permitiendo este tipo de reuniones los contagios irán a mayor ante la pasividad de oficiales de la policía que le temen a la reacción de una veintena de imbéciles, el virus tendrá estos lugares como coto de caza para mutar y saltar de un organismo a otro. Así es como se marca la tragedia.