Entre la inacción alarmante de los políticos, la falta de respuesta de la Ciencia, el deterioro de la economía, la ausencia de actividades laborales y educativas, el aislamiento social y la irresponsabilidad de quienes no toman la crisis con la seriedad que amerita; inevitablemente la situación derivaría en un desborde psiquiátrico de tal magnitud que se podría anticipar a la mortandad de la pandemia en si ¿Estará próximo el Apocalipsis o la psicosis colectiva le ganará de mano?

Al abrir el primer sello surge un caballo blanco y el que lo monta lleva un arco; el segundo, un caballo color de sangre y el jinete porta una gran espada (la guerra); el tercero un caballo, y el que lo cabalga tiene en la mano una balanza (el hambre); el cuarto un caballo verde conducido por quien tiene por nombre Mortandad o alegoría de la peste.  

“Se está duplicando el ritmo al que los ciudadanos están enloqueciendo en esta ciudad. La locura es como la Gravedad. Solo necesitas un empujoncito”. La cita parece ser sacada de un dialogo en el actual contexto de pandemia, y no es así. Se trata de una cita de la película Dark night (2008) de Christopher Nolan, cuando el personaje del Joker se lo dice a Batman, tras describirle su parecer acerca de la sociedad desquiciada que habita en esa ficción.

Parece ser que esta vez la ficción superó a la realidad y una reflexión de ese talante cuadraría perfectamente dentro de lo que se vive actualmente ante una pandemia que parece estar lejos de terminar.

“En esta situación de confinamiento e incertidumbre es normal que aparezcan reacciones de ansiedad, estrés traumático, síntomas depresivos o insomnio. Son mecanismos de regulación habituales en situaciones excepcionales y al principio, como hemos visto en el estudio, es corriente que haya un pico inicial de estos; es lo normal y adaptativo”, opina al portal Uppers, Paula Ruiz-Zorrilla, una de las psicólogas investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid.

Ya no se trata de un hato de agoreros que describían una amenaza mundial, la cual acabaría con la raza humana o alarmantes predicciones apocalípticas de ese calibre. El virus se multiplica de una forma tan alarmante que las autoridades solo atinaron a requerirle a los habitantes “quedarse en sus casas”, algo que jamás había ocurrido y que no tiene precedentes.

El distanciamiento social, las prohibiciones a ejercer actividades que sostenían a la economía y la perversa “lotería” de que el virus, a algunos solo los tumba por unos días con fiebre alta y síntomas puntuales; mientras que a otros puede matarlos sin siquiera estar dentro de los grupos de riesgo.

En tanto, el aislamiento les ha afectado a personas que transitaron prácticas sociales relacionadas a reuniones, actividades recreativas y cuanta manifestación festiva se podía llevar adelante. Todo ello ya no es posible y la mayoría decidieron romper con una barrera invisible que jamás les impidió hacerlo.

Violencia verbal y virtual

El uso y ahora abuso de las redes sociales ha convertido a la herramienta de la comunicación por excelencia en una cloaca virtual, donde las agresiones, descalificaciones y denostaciones invaden incluso temas de conversación tan intrascendentes que asusta ver el grado psiquiátrico que muchos sujetos exhiben en los muros de sus cuentas personales.

En tanto los políticos se debaten entre pelearse entre ellos, echarse culpas del desborde sanitario o simplemente no tener respuestas más que entelequias, ante semejante escenario dantesco.

Hablando del Infierno y retoricas bíblicas, es imposible no remitir al Apocalipsis, el cual metafóricamente no solo se ha acercado dramáticamente a la mortandad causada por la peste, sino que también premonitoriamente refirió a hambrunas y guerras.

No por casualidad en los planes urbanísticos de las ciudades la “locura” y la “muerte” son arrinconadas en un vértice. En Salta por ejemplo el cementerio y el manicomio están casi pegados. Cuanto más lejos es más sano para los que aún no se consideran con el diagnostico psiquiátrico, aunque en la actualidad pareciera ser que cada quien carga su locura y la discurre por el ciberespacio.

El absurdo del mal uso de lo virtual

Se llegó a tal grado de irracionalidad que muchos se resisten al cambio laboral en el plano virtual. Por supuesto exceptuando de este concepto a las actividades que no condicen con Internet. Pero aquellos trabajadores que se los enviaron a sus hogares a cumplir con sus tareas de forma remota, entran en una contradicción enorme cuando continúan con sus hábitos sociales sin respetar las distancias ni el uso de barbijos.

En pocas palabras, reniegan de la obligación del teletrabajo y de realizar trámites de forma remota pero permanecen en las redes sociales más de la mitad del día. Es decir, lo virtual solo para el ocio y la catarsis; pero no para el aspecto laboral.

Esa alteración de la conducta no solo se está adueñando de los ciudadanos comunes, también se evidencia en jefes de Estado. Un título de EL PAIS reza: “Un Trump errático añade caos a las perspectivas de recuperación económica”. Si bien muchos tildaba de desequilibrado al presidente de EE. UU. antes de las elecciones, ese comportamiento parece haberse exacerbado.

Por su parte Guillermo Fouce, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras y vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias: “Las poblaciones que en principio son más vulnerables, como las personas mayores, posiblemente van a tener más miedo, respeto al virus y van a intentar protegerse más”. Los enfermos crónicos y las personas que ya tenían en su mochila algún problema de salud mental y que durante este periodo han tenido su atención sanitaria «en stand by» también están expuestos a una posible “reaparición o agravamiento”, consiga el informe de los médicos españoles.

Solo basta esperar a ver que nos alcanzará antes: la pandemia o la locura.