Una foto del Paseo Güemes muestra una cantidad inusitada de personas apiñadas en mesas en la calle. Nadie utiliza barbijo y las distancias son una anécdota.  En el peor momento de ascenso de la curva de contagios y tras superar los 500 fallecidos por Covid, la sociedad salteña ha decidido ignorar a la pandemia mundial. Crónica de la locura irresponsable de quienes viven en otra realidad.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y este es el caso. Cuesta creer la veracidad de la foto ya que parece ser anacrónica. Es decir, la semiosis de lo que se puede ver pareciera corresponder a unos años atrás, cuando nadie en sus peores pesadillas hubiera imaginado una situación sanitaria como la que se vive en la actualidad.

Hace solo unos meses Salta “alardeaba” de ser una de las provincias donde la cifra de contagios apenas tenía un digito, tras el aterrizaje del abogado que trajo el virus a Salta. Por aquel entonces y tras aquella crónica lamentable en la que al fin y cabo solo quedó en un trámite en la Justicia Federal,  y tras una psicosis desatada en sede judicial y en la Caja de abogados, al día de hoy ya nadie recuerda la traumática llegada del “paciente cero”.

La pregunta del millón es ¿Qué sucedió que en solo unos meses Salta pasó a 15 mil contagiados y más de 500 fallecidos? Esa pregunta deja picando otra que obviamente es contrafáctica por razones obvias ¿De quién es la culpa de semejante incremento: políticos o ciudadanos que jamás entendieron el concepto y la utilidad de la cuarentena?

Un país sin inversiones en Salud no podría haber afrontado semejante crisis, con lo que hoy por hoy Argentina está entre los 10 países con más contagios en el mundo.

Fuente: Marca.com – 09/10/2020

Aun con todo esto, los idiotas de siempre se las ingeniaron para generar otra grieta en medio de semejante mortandad: los “anticuarentena” vs. los que aún creen que el aislamiento y las medidas sanitarias podrían evitar más muertes.

“Que se inmunicen todos y que siga la joda”

Obviamente que de esta crisis espantosa no se le puede cargar culpas a los empresarios gastronómicos y otros que subsisten de las ventas directas, como los locales de ropas y similares.

Dejando esos conceptos afuera de la discusión y remitiéndonos a la fotografía que recorrió las redes y fue tomada desde la terraza del bar Ciudad Güemes el sábado 10 de octubre de 2020, cuesta creer que la imagen sea reciente. Aunque las espantosas ciclovias son una clara referencia temporal para situar el lamentable cuadro en la actualidad.

Según cuentan en los pasillos del Grand Bourg, el gobernador Gustavo Sáenz está harto de la situación y eso parece verse reflejado en las calles y obvio en la foto que ilustra la presente nota. Los controles parecen haber desaparecido, los permisos para circular son una anécdota, los pares e impares solo quedaron para algunos súper mercados, mientras las vallas del centro se levantarán antes de que esta nota sea publicada.

Todo este cumulo de escenarios permisivos conduce a que un sábado en Salta presente este cuadro inexplicable, donde todo está multitud de irresponsables hacen que el encierro y el auto-acuartelamiento de algunos solo haya sido una estéril medida que nada le aportó a la lucha contra semejante amenaza para la raza humana.

La vida o la joda

La joda es prioridad en Salta, y eso se refleja en la imagen. La vida o la joda… la joda por sobre todas las cosas. Para estas personas el sacrificio de médicos, enfermeros y personal de la Salud que pelean contra un enemigo invisible, una guerra con tufo a Apocalipsis, no significa nada.

La perversa idea de “una simple gripe” se ha instalado y la desquiciada idea de la inmunización a mote personal no es solución para que en el post-Covid los que ya se contagiaron y que probablemente queden con secuelas –en algunos casos neuronales– no están en condiciones de saber que no volverán a contagiarse en un rebrote.

En pocas palabras, el hecho de haber sido alcanzado por el virus no garantiza ninguno efecto inmune, ni los libra de tener que usar el molesto barbijo, tomar las distancias sociales necesarias o usar el alcohol en gel.

Lamentablemente la pandemia está lejos de terminar y la curva sigue trepando. ¿Vale la pena salir de joda un sábado con tal de aliviar las necesidades sociales y las alteraciones emocionales que causa el encierro?