Se cumple un nuevo aniversario del día en que aparecieron los cuerpos de las turistas francesas. Desde aquel 29 de julio de 2011 hasta el día de hoy ocurrieron dos muertes misteriosas relacionadas al caso; además de torturas y apremio ilegales que llevarán a juicio a varios policías que fueron premiados en su momento. En la actualidad muy pocos creen que Gustavo Lasi solo pudo ser el responsable de los crímenes y el padre de una de las chicas clama por la libertad del otro condenado: Santos Clemente Vera.

Pasaron nueve años de que Gustavo Héctor Goojon, un turista chaqueño, encontrara los cuerpos de las chicas en la Quebrada de San Lorenzo mientras paseaba junto a su esposa cuando se topó con el macabro hallazgo. Eran las 18:30 del 29 de julio de 2011. La historia judicial de Salta acababa de tomar un rumbo oscuro del que jamás vería la luz.

Tras una Investigación Penal Preparatoria penosa dirigida por el juez de instrucción Martin Pérez y una banda de policías represores de la Brigada de Investigaciones que solo se dedicaron a torturar a los imputados; más la actuación del ahora detenido ex comisario Walter Mamani, sobre quien pesa la sospecha de que habría “plantado” los casquillos de las balas que mataron a las chicas, se llegó a un juicio que concitó la atención de medios nacionales e internacionales.

El 2 de junio de 2014, la Sala II del Tribunal del Juicio condenó por unanimidad a Gustavo Lasi a la pena de 30 años de prisión como autor del “robo calificado por el uso de arma, abuso sexual con acceso carnal agravado, y doble homicidio calificado criminis causa”; absolviendo a Daniel Vilte y a Santos Clemente Vera.

Sin embargo y ante el estupor de gran parte de la sociedad salteña, el 3 de febrero de 2016 la Sala III del Tribunal de Impugnación revocó la sentencia absolutoria de Vera y lo condenó a la pena de prisión perpetua por considerarlo coautor de los mismos delitos que Lasi, solo basándose en un ADN filial.

Esta decisión fue apelada por la defensa de Vera ante la Corte de Justicia de Salta, que rechazó el recurso extraordinario, razón por la cual, la organización Innocence Project que lo patrocina, presentó una queja ante el máximo tribunal del país.

Sin embargo para la totalidad de la sociedad salteña y el padre de una de las chicas, el señor Jean Michel Bouvier, los asesinos de Cassandre Bouvier y Houria Moumni están libres y fueron protegidos por el sistema judicial salteño, poniendo en jaque la moral de las instituciones y dejando un océano de dudas tan grande como el que separa a Francia de Salta.

Una serie de hechos de dudosa ética motivaron a que la credibilidad del sistema acusatorio salteño carezca de la suficiente fortaleza como para cerrar el caso definitivamente.

A lo largo de estos nueve años también se han publicado dos libros acerca del caso. “Doble crimen” del periodista Maximiliano Rodríguez y el otro del escritor e investigador Jean Charles Chatard, titulado “Autopsia de un doble asesinato”. Ambas obras son altamente reveladoras, conteniendo un importante valor periodístico e investigativo.

Lo que sigue son datos colectados durante el juicio que se desarrolló desde fines de marzo de 2014, donde llegaron acusados del hecho, Gustavo Lasi, Santos Clemente Vera y Daniel Vilte; y en el cual el tribunal estuvo integrado por los jueces Ángel Amadeo Longarte (presidente), Bernardo Ruiz y Carlos Héctor Pucheta (vocales). Dicho tribunal absolvió a dos de los tres imputados, condenando a Gustavo Lasi.

La data de muerte

Según la IPP (Investigación Penal Preparatoria) las victimas estuvieron en el lugar del hallazgo entre 42 a 78 horas. Sin embargo la última fotografía tomada por la cámara de una de las victimas corresponde a las 18:28 del 15 de julio de 2011. Existe una ventana de 14 días en que las chicas estuvieron desaparecidas.

Sumado a eso, aquel 15 de julio, en la habitación número 20 del Hostal del Cerro, ocupada por Cassandre y Houria, quedaron sus mochilas. Al día siguiente sus pertenencias permanecían en la habitación y las chicas jamás regresaron. Por su parte, la encargada del lugar, una española de nombre Rosa María Gómez Millet, también desapareció antes del juicio sin dejar rastros. Aseguran que huyó a Europa. Al día de hoy la vieja fachada de la casa situada en la calle Santa Fe Nº 456 no existe más.

¿Cómo es posible que la justicia haya determinado la data de muerte con un máximo de 78 horas siendo que la cámara fotográfica de una de ellas tomó la última imagen el 15 de julio? De hecho, en el juicio se marcó ese día como el que supuestamente ambas víctimas fueron abordadas, atacadas, violadas y finalmente asesinadas, en un intento absolutamente anacrónico por situar a los tres imputados en la escena de los crímenes.

¿Por qué levantaron los cuerpos a las tres de la madrugada?

Esta es una pregunta que avergonzaría a cualquier experto en Criminalística, ya que se sabe que la mejor luz para analizar una escena de un crimen y los cadáveres es la luz del alba. Inexplicablemente los cuerpos de las chicas fueron levantados cerca de las tres de la madrugada.

En un protocolo “normal” de un caso de homicidio lo que se hace es delimitar un perímetro, luego crear una cordón policial con custodia compuesto por varios efectivos para resguardar el terreno y no permitir ingresar absolutamente a nadie, hasta tanto se hagan presente los peritos expertos al lugar con las primeras luces del amanecer. La guardia debe ser permanente e ininterrumpida.

Finalmente y como último paso de un protocolo de estas características, los peritos deben ingresar al perímetro protegidos con la indumentaria adecuada para evitar la contaminación con su propio material genético, ya sea pelos, sudoración o cualquier resto de material biológico. Nada de todo esto se hizo.

Solo queda preguntarse si el hecho de llevarse los cuerpos a esa hora a la morgue y no respetar pormenorizadamente el protocolo que lo conoce cualquier consumidor de series de televisión referida a investigaciones de crímenes, se hizo motivado por una infinita estupidez y negligencia o fue hecho con la inconfesa idea de ocultar las huellas que dejaron los verdaderos asesinos.

Dos muertes misteriosas

A lo largo de cuatro meses la investigación del comisario Néstor Píccolo, Jefe de la Brigada de Investigaciones de la Policía de Salta por aquel entonces, tenía una línea diferente a la del juez Martin Pérez.

En la 5º jornada de audiencia, el cuarto testigo en prestar declaración fue, el por entonces oficial Walter Omar Mamani, quien dijo textualmente bajo juramento: “El primer plomo lo encuentro yo. El sargento ayudante Puca encuentra el segundo plomo”.

En ese punto la querella le preguntó si llevaba consigo algún detector de metales, a lo que Mamani respondió negativamente. También se le preguntó si se realizó otro rastrillaje a lo que dijo no saber pero que tenía entendido que sí.

La tangente que existe entre la hipótesis de que los casquillos “encontrados” por Mamani y el “hallazgo” del arma, tiene su origen el 4 de agosto de 2011, cuando se produjo un robo caratulado como Delitos contra la propiedad –robo a la finca La Ciénaga – Juzgado Formal de Segunda Nominación. En la requisa tras ese hurto en la casa de Raúl “El Diablo” Sarmiento, aparece el arma que habría percutado los casquillos que encontró Mamani sin la ayuda de un detector de metales.

Cabe recordar que Raúl Sarmiento es el padre de Luis Sarmiento, asesinado posteriormente en un confuso episodio donde fue apuñalado detrás del cementerio de la localidad de San Lorenzo. “En la casa de este hombre es donde se secuestró el arma que fue plantada para inculpar a mi defendido”, le dijo el doctor Marcelo Arancibia (defensor de Daniel Vilte) al semanario Cuarto Poder en una entrevista publicada el 13 de octubre de 2013.

Foto: La République de Seine & Mame

En esa misma publicación se consigna que, resultó que la Brigada de Investigaciones en agosto de 2011 allanó el domicilio de Sarmiento buscando dos motosierras, dos motoguadañas, una bicicleta y una caja de herramientas, que habían sido robadas de la mencionada finca; hecho denunciado por un señor de nombre José Carrera.

Lo extraño es que la Brigada no encontró ni una sola motosierra, pero suspicazmente hallaron en el jardín dos escopetas y un revolver calibre 22 con 5 vainas percutadas y 2 cartuchos sin percutar. Esa es el arma que en la causa aparece manipulada por Daniel Vilte.

Aunque allí no termina el “misterio” de cómo fue que el arma apareció como por arte de magia en un allanamiento de un robo que nada tenía que ver con el hecho en sí. Unas 72 horas antes de que Walter Mamani encontrara los plomos de las balas; Piccolo había buscado en el mismo lugar sin encontrar nada.

Según consigna una nota del comisario Piccolo fechada el 12 de agosto de 2011 al juez Martin Perez: “Fueron exhaustivamente rastrillados centímetro a centímetro, y se hizo con un detector de metales solicitado a Gendarmería”. En el mismo informe se detalla que los proyectiles “podrían haber sido plantados”. Dicho informe fue reconocido por Mamani en el debate oral y público.

Por su parte Arancibia dijo que Luis Sarmiento tenía planeado declarar que la Brigada de Investigaciones había “plantado” un arma en el fondo de la casa de Daniel Vilte, uno de los detenidos, para inculparlo por el doble crimen. “Sarmiento vio cuando gente de la Brigada cavaba en el fondo de la casa y enterraba el arma”, afirmó Arancibia.

El 24 de noviembre de 2011, el comisario Néstor Píccolo aparecía “suicidado” y el 15 de octubre de 2013 asesinaban a Luis Sarmiento, el testigo clave que jamás llegó a declarar en el juicio que inició en 2014. Ergo, solo el sentido común dicta que, de producirse dos muertes dudosas durante una investigación por un caso de homicidios, al menos merece una investigación interna. Pero jamás se hizo.

Apremios ilegales, tormentos y torturas

La culpabilidad de Gustavo Lasi es al menos dudosa desde el punto de vista que desde un principio fue sometido a tormentos por los elementos de la policía local, razón por la cual esos funcionarios del orden público serán juzgados en otro proceso judicial.

Una fuente muy cercana a la investigación y que cuenta con información de primera mano, confió a MUY CRITICO que el ADN de Lasi habría sido obtenido de forma ilegal mediante coerción, violándose todos los derechos del acusado y sometiéndolo a una acusación absolutamente falsa y carente de toda base legal.

Puntualmente a Lasi lo habrían secuestrado de su domicilio las fuerzas del orden, tras tener relaciones íntimas con su pareja María Fernanda Cañizares, para luego desnudarlo y tomar los restos de esperma de sus partes íntimas. Según la fuente que informó acerca de esta novedad, es la explicación que cierra acerca de cómo es que el ADN de Lasi llegó a los cuerpos de las víctimas.

Por su parte El juez de Instrucción Formal 2, Esteban Dubois, dictó auto de procesamiento en perjuicio de seis efectivos de la Policía de la Provincia que participaron de las investigaciones. Taxativamente se los acusa de someter a salvajes apremios ilegales a cuatro sospechosos del hecho.

Los imputados, que arriesgan penas de hasta ocho años de prisión y la exoneración de sus cargos, son: Juan Carlos Paz, Alfredo Daniel Ferrarotti Cattáneo, Carlos Fernando Villagrán Guerrero, Rodrigo Emanuel Bautista, Osvaldo René Guanca y Martín Alberto Flores Saravia.

El juez de la Sala VI del Tribunal de Juicio de la ciudad de Salta, José Luis Riera, ha ordenado la ampliación de la declaración indagatoria de los 11 agentes de la Policía de Salta que se encuentran procesados por su supuesta participación en las torturas y apremios ilegales infligidos a cuatro de los detenidos en 2011. Se trata de Francisco Ariel Tejeda, Nelson Ricardo Vilte, Daniel Octavio Vilte Laxi y Gustavo Orlando Lasi, los destinatarios de las vejaciones y tormentos con la intención de que se incriminaran en la autoría de los asesinatos.

En tanto los policías imputados que serán sometidos a juicio son: Héctor Adrián Vázquez, Adrián José Quipildor, Dante Eduardo Ceballos, Ricardo Hernán Tabarcache, Rubén Ángel Aguirre, Gustavo Rodolfo López, Néstor Orlando Chilo, Miguel Bernardino Flores, Diego Oscar Aguirre Guantay, Rodrigo Emanuel Bautista y Favio José Guitián.

¿Sera justicia?

Mientras el conventillo iba en aumento en la ciudadanía acerca de los “daños” que sufriría la industria del turismo en Salta tras los salvajes asesinatos; los “perejiles” eran sometidos a las peores prácticas de coerción mediante tormentos asociados a la época de la dictadura militar durante los años de plomo.

En tanto, el poder político parecía tener la intención de cerrar cuanto antes un caso del doble femicidio –aun no existía esa figura en el Código–  para que todo quedara en un simple hecho motivado por la salvajada de “tres negros violentos” que pululaban por los cerros de la Quebrada de San Lorenzo y que se toparon con las chicas, las asaltaron, golpearon, violaron y asesinaron.

Paradójicamente lo que parecía ser un estigma que terminaría extrapolando en el doble crimen traducido en un evidente “daño” al Turismo local, el cual había que taparlo lo más rápido posible con una investigación vergonzosa; fue esa misma investigación la que acabó en los medios de todo el mundo señalando a Salta como la cuna de la violencia machista contra las mujeres.