El asesino serial más famoso de la historia judicial argentina lleva 47 años en prisión. Con solo 20 años mató a 11 personas en un raid delictivo y sangriento nunca visto en la Argentina. Vivió su infancia en el barrio de Olivos, Buenos Aires y actualmente está alojado en la Unidad Penal Número 22 de Olmos, La Plata. Pasó casi toda su vida en prisión, de hecho es el preso más viejo del sistema penal argentino.

Literalmente se pudrió en la cárcel. Tiene 68 años y ha pasado el 70 por ciento de su vida entre rejas, condenado a reclusión perpetua por 11 homicidios; aunque él niega todos los cargos, los cuales son tan variados que casi se podría redactar un catálogo de su carrera delictiva y criminal.

Además de los 11 homicidios simples, tiene una tentativa de homicidio, diecisiete robos, es cómplice de una violación, y de una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos. A una de sus víctimas le quemó la cara con un soplete, era un sereno. La ferocidad de sus actos lo llevaron a una condena de por vida en la cárcel de Sierra Chica, donde pasó la mayor parte de su encierro, en el pabellón de homosexuales.

Muerte digna

Actualmente con su salud muy deteriorada producto de problemas en sus bronquios que lo aquejaron ya en su vejes, está alojado en la Unidad 26 de Lisandro Olmos, dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense​ (SPB), un penal con una población carcelaria de 390 privados de libertad y de régimen semiabierto. La última novedad fue que pidió que lo maten, que le den la inyección letal, aunque esto no se permita en el país.

Había sido noticia por sus quejas contra la película que hicieron de su vida, titulada “El Ángel”, del director Luis Ortega, protagonizada por Lorenzo Ferro, en la piel del asesino serial. Trascendió que su enojo puntualmente fue porque en la película lo relacionan mucho con su cómplice como pareja, respecto a la relación entre el personaje de Ferro y el Chino Darín.

Lo cierto es que ahora Robledo Puch está más preocupado por su actual situación de salud y aquel enojo parece haber quedado en el olvido, tras desatarse la pandemia del coronavirus, lo que ha sido casi una sentencia de muerte para los alojados en las prisiones. Sobre todo en internos de su edad y con sus problemas respiratorios.

Según consigna Clarín, hoy transita sus días en una celda unicelular, la número 17 del pabellón 8, en un sector bajo el régimen semiabierto modalidad limitada. Allí, el asesino serial añora la Unidad 2 de Sierra Chica, donde pasó gran parte de su vida y sobrevivió a ocho motines, entre ellos el más sangriento de la historia carcelaria argentina, en 1996, cuando Los Doce Apóstoles mataron a ocho presos y tomaron 17 rehenes, entre ellos a una jueza.

Solo es cuestión de tiempo para que el asesino serial más famoso de la historia argentina, quien al fin y al cabo sobrevivió a una de las prisiones más duras del país, muera finalmente contagiado de Covid 19; o bien algún juez se apiade de él y le conceda por fin la muerte, esa “amiga” suya con la que coqueteó casi una docena de veces en su juventud, y la cual hoy en día se niega a llevárselo para siempre.