Durante la investigación del crimen de Cassandre Bouvier y Houria Moumni, oficiales de la Brigada utilizaron a Santos Clemente Vera como guía. Uno de ellos casi cae por un barranco de no ser por la intervención de Santos, quien lo salvó. El mismo policía días después lo torturó.

En el relato kafkiano de Santos Clemente Vera la infamia más miserables de las que le tocó vivenciar durante aquellos horrorosos días que la Justicia salteña decidió su suerte, fue el episodio del policía de la Brigada de Investigaciones que casi cae por un barranco y que Santos en un acto de absoluta humanidad le salvó la vida.

Sucedió durante la vergonzosa investigación ejecutada por el juez de instrucción Martin Pérez, quien envió a una manada de elementos de la Policía a peinar la zona de la Quebrada de San Lorenzo.

Para esta tarea ordenada con premura desde las más altas esferas del poder, utilizaron a Santos como guía por sus conocimientos de la zona. Según relató el, ahora reo de la Unidad Penal de Villa Las Rosas, los policías estaban exhaustos. La expedición requería de unas cuatro horas y buen estado físico, pero los “investigadores” ya no soportaban el ritmo al que los había sometido la Naturaleza.

En un terreno escarpado, cubierto de nieve, las probabilidades de caer barranco abajo eran muy elevadas, por lo que Santos echando mano a su experiencia decidió tender una cuerda para crear una improvisada baranda y así poder sostenerse de ella y evitar una muerte segura.

La hilera de policías caminaba temerosa por el angosto sendero lindante con el precipicio, cuando uno de ellos en su infinita torpeza resbaló. Rápido de reflejos, Santos –cual secuencia de película de aventuras– le tendió la mano y lo sostuvo, salvándole el pellejo de una muerte segura.

“¿Así me pagas?”

Unos días después y ya con la orden en mano de detenerlo y golpearlo hasta que el mártir de esta horrorosa historia se hiciera cargo del crimen de Cassandre Bouvier y Houria Moumni, ese mismo policía participó de las golpizas.

Tal como consignan los sórdidos relatos de quienes tuvieron que padecer tormentos en la ESMA, en los años de plomo, Santos con su cabeza tapada con un buzo era golpeado sin piedad, hasta que pudo reconocer la voz del torpe que resbaló por el sendero de la Quebrada, unos días antes y a quien salvó milagrosamente.

“Yo te cuidé como a un hermano, tendí una cuerda para que te sujetés de la baranda y te agarré para que no te cayeras ¿y así me pagás?”, se escuchó decir al prisionero en medio de los puñetazos y con el buzo cubriéndole su cara.

Con la poca vergüenza que le quedaba el policía esgrimió un simulacro de retirada de la sala de torturas. “Ya no puedo hacer nada por vos Vera, declará y hacéte cargo. Te va a salir más fácil”, le dijo el torturador al reo. “Yo me voy”. Por supuesto que no se fue, ya que estos sádicos disfrutan de estas golpizas hasta los límites del orgasmo mental.

“Obvio que no se fue, yo le escuchaba la voz y que me seguía golpeando”, dijo Santos en aquella entrevista que hoy recorre el mundo y que avergüenza a todo un sistema de Justicia absolutamente podrido desde sus entrañas.

Será justicia

Más les vale a quienes sometieron a éste hombre inocente a semejante martirio de liberarlo ahora, ya que es toda una sociedad la que está sintiendo la vergüenza en carne propia.

Ergo, ese puñado de represores y sádicos NO representan a la ciudadanía salteña, la cual merece el respeto que le corresponde y la Justicia que se merece. Sobre todo Santos Clemente Vera.

En cuanto a esas almas, merecen descansar en paz y ese padre debe hacer su duelo como corresponde. Mas nos vale como seres dignos y no como las bestias que somos ante los ojos del Mundo, el cual mira de reojo y con asco a una sociedad que permite que la violencia contra las mujeres sea un hecho natural, cotidiano y lo peor: absolutamente impune.

Libertad a Clemente Vera ya…