Tras el horroroso crimen de María Leonor Gine ocurrido el sábado 29 de marzo,  quedaron detenidos Agustín Morales, Federico Leonardo Detzel y Tania Rocío Aguirre, esta última es una mujer trans; inevitablemente surgieron las similitudes con el caso de Luz Aimé Díaz, una chica trans involucrada en una tentativa de homicidio en julio del 2018. El diario Pagina 12 publicó un revelador informe en el cual se basa esta crónica. Foto: Revista Anfibia

Los dos casos guardan cierta similitud en su contexto. Dos hombres y una mujer trans en un hecho de violencia. Para el caso ocurrido en calle Belgrano al 900, María Leonor Gine –de 70 años– fue hallada sin vida en el interior de su departamento con evidentes signos de haber sido agredida con un arma blanca.

Unas horas después fueron detenidas tres personas por orden de la fiscal penal 1 de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, Ana Inés Salinas Odorisio. El primero de ellos es el nieto de la víctima, un joven identificado como Agustín Morales.

Con posterioridad se procedió al arresto de Federico Leonardo Detzel y Tania Rocío Aguirre. El detalle es que esta última persona es una chica trans, lo que inevitablemente y por las características de los trascendidos referentes al hecho en sí, remiten al caso de Luz Aimé Díaz.

Foto: M.A.F.I.A

El 20 de marzo de 1997 nacía en Embarcación, provincia de Salta, Luz Aimé Díaz. Una chica trans con una historia de vida difícil. Obligada a prostituirse desde muy joven por las circunstancias y cubrir sus necesidades más básicas y la de su madre, sufrió lo indecible en la Ruta Nacional 34, donde se ganaba sus primeros pesos con camioneros que pasaban por allí como clientes.

“Empecé a trabajar con los camioneros desde los 13 años. Después empezaron los conflictos, ese mismo año, me golpeó un camionero paraguayo que no me quería pagar. Me dejó ciega de un ojo”, relata a Pagina 12, medio que refleja su terrible historia de vida.

El destino la trajo a Salta capital, donde continuó prostituyéndose para poder sobrevivir. Aun con sus sueños intactos de estudiar, recaló en Castelar, Buenos Aires. Allí se enteró de la existencia de Gondolín. “Los profes del bachillerato Mocha Celis estaban en el Gondolín y me inscribieron. Empecé el colegio al día siguiente”, cuenta Luz.

Relato kafkiano 

“Se me acercan unos policías masculinos. El más gordo me pregunta cuánto cobro por un servicio. Me salió de adentro, y le dije ‘yo con viejos y gordos no salgo’”. El sujeto de civil le responde: “¿Qué querés decir, que somos todos viejos?”; “Y… pendejos no son”, le responde Luz.

Tras un breve silencio el sujeto más obeso se dirige a ella con cierta cizaña y con mirada acusadora le dice: “Tenemos un video tuyo entrando a un domicilio”.

En ese momento el tono de los individuos comenzaba a presagiar la pesadilla que se le venía a Luz, a lo que ella le re-pregunta: “¿Qué clase de video?”; “Te están acusando por intento de homicidio y robo. ¿No sabés qué pasó?”, le dice el sujeto ya con pulso policial. “¡No! Si hubiese sabido, no estaría acá”.

Lo que siguió a ese dialogo sería el comienzo del infierno en el que Luz comenzaría a transitar desde ese fatídico minuto. “Me requisaron en la calle, en Oro y Güemes. Una femenina de civil me sacó la bucanera y me pasó las manos para revisarme. Querían que les dé el nombre de los chongos a los que les hice un servicio en un departamento de la calle Güemes. Les respondí mil veces que ‘si supiera quiénes son, se los diría’”, detalla Luz.

Descenso a los infiernos

Me llevaron en una Trafic común y había un solo policía de uniforme. Primero me llevaron no sé adónde, el lugar tenía pinta de oficina. Después sí me llevaron a una comisaría. Estaba en shock, no entendía lo que pasaba. Les decía a los policías: “Ustedes me engañaron, se hicieron pasar por clientes. No conozco a esos chabones ni a la víctima”. Me tuvieron hasta las 6 o 7 de la mañana en la alcaidía de Tribunales. El primer abogado de oficio me informó que la víctima tenía una bandera del orgullo gay.

Después me llevaron a una comisaría. Estaba sola en un calabozo. Pedí bañarme pero no pude, porque no tenía jabón ni toallón. Era agosto, hacía un frío horrible en esa comisaría. No sabía qué hacer, a quién llamar. Y después de 15 o 20 días me pasaron al complejo 4 de Ezeiza. Me dio terror, me imaginaba golpes, la cárcel llena de chongos.

Foto: Cuarto Poder

Me ingresaron y sentí mucha vergüenza, ni yo me aguantaba el olor de transpiración de tantos días sin bañarme. La enfermera me hizo desnudar, no se me movía el pelo de duro que lo tenía. ‘¿Qué es esto?’, dice una celadora. Era la gomaespuma que nos ponemos en la cadera. Había una torta marimacho, una celadora, que me trató de puto. Cuando me sintió el olor, empezó a echar Raid matacucarachas. Me tiró Raid encima. Lloré y cerré la boca. Por suerte no había chongos en el complejo 4.

El director de la Mocha Celis, donde yo estudiaba, Francisco Quiñones Cuartas, me mandó a la abogada Luli Sánchez. Consiguieron un perito que me hizo fondo de ojo y dijo que tengo 75% de discapacidad en el ojo derecho. El otro lo tengo perdido, con una catarata nube. El 2 de abril me dieron prisión domiciliaria con tobillera. Justo cayó lunes y me tocaba limpiar. La celadora me dice: “Díaz, arregle sus cosas. Se va”. Levanté los brazos y grité: “¡Libertad!”. Llegué a las dos de la madrugada desde el Complejo 4. Me trajeron cuatro masculinos con escopetas.

Sin perspectiva de género

Tras este escalofriante relato “tumbero”, se conoció la noticia de que, a mitad del proceso los jueces Luis Rizzi y Javier Anzoátegui, del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 8, fueron apartados de la causa por no haber respetado la Ley de Identidad de Género ni la perspectiva de género, tratando a la acusada como “el travestido”.

Según consigna el portal Cuarto Poder, actualmente y luego de estar nueve meses detenida en el penal de Ezeiza, Luz espera su juicio con prisión domiciliaria en el Hotel Gondolín, donde sus compañeras la están cuidando y sosteniendo –emocional y materialmente–.

Foto: Pagina 12 – Nora Lezano

Integrantes de la comunidad LGBT+ opinaron que: “Por un crimen que no cometió: está acusada de intento de asesinato triplemente agravado contra una persona de la comunidad, condena que le significaría una cadena perpetua en prisión. Los responsables del crimen no están siendo buscados ni investigados.

La Fiscalía se conformó con acusar a una compañera trans, sólo por el hecho de haber estado fortuitamente en la escena del crimen, a pesar de que ella, al no saber que en el lugar al que ella había entrado a hacer un servicio sexual, había una persona golpeada.

Su presencia bastó para que se la responsabilice de un delito que no cometió, reforzando el estigma social y la violencia que ejerce sistemáticamente la justicia patriarcal homodiante y transodiante. Tanto Luz, como la persona agredida, son dos víctimas”.

Las similitudes entre los casos

El juicio estaba programado para el 20 de febrero del 2020, pero se pospuso. Una fuente cercana a la comunidad LGBT+ le dijo a MUY CRITICO que, por las similitudes de ambos casos, temen que “Tania Rocío Aguirre termine siendo otra Luz Aimé Díaz”.

Al día siguiente de producidas las tres detenciones, el diario El Tribuno, consignaba lo siguiente: Según fuentes cercanas a la investigación –el principal imputado– tiene problemas de adicción y vivía a medias con su abuela, dado que estaba en rehabilitación y viajaba a Córdoba u otra provincia.

Una de las primeras hipótesis elaborada por los sabuesos norteños tiene que ver con haber ejecutado a la mujer para robar en función de su adicción.

Con todo lo consignado, se tiene entonces como factor común la prostitución como eje central, más la presencia de terceros participando en el centro de ambos casos, motivados por fuertes cuadros de adicción, lo que lleva inevitablemente al factor de la violencia.