“Si tan solo hubiéramos aguantado dos años más”, le dijo en 1983 a John DeLorean uno de sus colaboradores en clara alusión al estreno de “Back to the future”, una de las películas más icónicas de los 80, donde el modelo DMC-12 hace su rutilante aparición. Esta es la historia del hombre que creó uno de los símbolos más emblemáticos del universo automotriz: el De Lorean DMC-12 o simplemente “El auto de Volver al futuro”. 

Todos se preguntaban que esperaba Hollywood para hacer una película de la vida de John Z. DeLorean. Pues bien, a falta de una realizaron dos. “Framing John DeLorean” de Don Argott y Sheena M. Joyce, protagonizada por Alec Baldwin; la otra es “Driven” dirigida por Nick Hamm.

Nacido en Detroit o la Ciudad del Motor, en 1925, DeLorean fue un personaje que llevó una vida más cercana a la de un “rockstar” que a un fabricante coches.

El obituario que le dedicó The New York Times lo pinta de cuerpo entero: “Era un personaje anómalo en una industria dominada por ejecutivos encorbatados. Se tiñó el pelo de negro, llevaba camisas desabrochadas, se casó con una starlet adolescente y más tarde modelo –Cristina Ferrare– y se convirtió en un prodigio del autobombo”.

Por supuesto que antes de crear su propia empresa tuvo que “regalarles” su talento a otros. Tal como sucede en todos los órdenes de la vida. Tras licenciarse en Ingeniería Industrial, llegó a Chrysler, Packard y General Motors, ganándose su lugar en la industria. Como director general de Pontiac, división de GM, creó uno de sus más grandes éxitos, el legendario Pontiac GTO, como una forma de competirle al gigante de Maranello, o mejor dicho desde Detroit contra Ferrari.

Nace el DMC-12

Obviamente que el combustible de su inagotable creatividad era su ambición. En 1973 fundó su propia empresa, DeLorean Motor Company o DMC, donde sus amigos del mundo del espectáculo como Johnny Carson y Sammy Davis Jr., contribuyeron a financiarlo.

Su cintura empresarial lo llevó a que en 1981 su fábrica automotriz estuviera emplazada en Dunmurry, a las afueras de la convulsionada Belfast, en Irlanda del Norte. Poco y nada le importaban las bombas molotov y los iracundos jóvenes peleándose con la Policía local. Él sabía que los bajos costos estatales y el pago de magros impuestos estaban por encima de cualquier ideología.

En medio de esos desmanes sociales se las ingenió para convencer a la malvada Margaret Thatcher para que invirtiera en su factoría la suma de 120 millones de dólares, considerando que necesitaba 200 para arrancar.

John DeLorean y su mujer, la modelo Cristina Ferrare, posan delante del mítico DeLorean DMC-12 en 1979. –Foto: GETTY–

Pero ¿cómo logró convencer a la “Dama de hierro” de meterse en semejante emprendimiento? Simplemente le dijo que DMC generaría miles de puestos de trabajo en una zona deprimida bajo el influjo del IRA y que incluso mitigaría la violencia social que se vivía por entonces.

Aunque el Gobierno británico empezó a sospechar que el dinero que insuflaba a la compañía se desviaba al bolsillo de DeLorean.

Según un informe del portal EL PAIS de España, se abrió una investigación, que no halló pruebas que lo confirmaran, pero con la mosca tras la oreja los políticos decidieron cerrarle el grifo. En 1982 DeLorean Motor Company se declaró en quiebra.

Pese a todo, se llegaron a fabricar unas 9.000 unidades de aquel portentoso diseño, el cual después de la quiebra se vendían por debajo del precio de coste. Sus líneas afiladas diseñadas por el italiano Giorgetto Giugiaro, sus puertas de alas de gaviota desarrolladas por Grumman Aerospace y su carrocería de acero inoxidable pulido, sin pintura, lo hicieron pasar a la posteridad.

“Es mejor que el oro”

Con la bancarrota declarada decidió una última y desesperada maniobra para salvar a su compañía. Un vecino suyo de quien se había hecho amigo le comentó que tenía contactos en el mundo del narcotráfico. Por desgracia para DeLorean y sus planes futuros, este sujeto era un informante del FBI.

Estos acontecimientos se relatan al detalle en el film “Driven” de Nick Hamm; e incluso “The People vs. Larry Flynt” –1996– de Milos Forman, también se ocupa de éste sórdido episodio, ya que el editor de la Revista Hustler tuvo su “episodio” judicial tras exhibir los famosos tapes de DeLorean, donde se ve al empresario automotriz haciendo aquel famoso trato.

DeLorean fue pescado in fraganti en Los Ángeles mientras aparentemente intentaba vender 25 kilos de cocaína por valor de 16 millones de dólares, escondidos en una maleta.

En la famosa filmación que Larry Flynt hizo pública cediéndoles el material a los productores de CBS y por lo cual fue a la cárcel por negarse a dar a conocer a la fuente que le cedió la grabación donde se le oía decir a DeLorean: “Es mejor que el oro”, mientras tocaba los “ladrillos” de cocaína. Sin saberlo en la otra habitación los agentes del FBI registraban todo a través de un espejo opaco.

Todo se fue al traste cuando el FBI le inició una investigación que planteaba que el empresario sustentaba sus negocios y su frenética vida de rockstar con dinero del narcotráfico.

Por supuesto que acusado con todo el peso de la Ley el asunto se dirimió en los tribunales de Los Ángeles, donde sus abogados argumentaron que había sido víctima de un montaje de los sabuesos del FBI. Finalmente fue absuelto, aunque al poco tiempo, en Detroit, se enfrentó a otra acusación por el desvío de 9 millones de dólares de los inversores, cosa que lo llevó a otro juicio y del cual salió librado, pero su imagen ya se había desvencijado por completo.

Para peor el DMC-12 resultó ser un fiasco comercial. Sus famosas puertas de gaviota no se cerraban; el sistema de arranque no respondía, esa justamente es una de las mejores ironías vistas en el film de Nick Hamm. Todo esto tumbó su carrera inexorablemente.

Ya en el invierno de su vida y unos años antes de abandonar este mundo mortal, tuvo sus últimos 15 minutos de fama. Un selecto grupo de fanáticos lo invitaron a una exhibición exclusiva de DMC-12. Algunos pintados de colores según la preferencia de sus usuarios. Allí fue reconocido como “el padre de la criatura”, donde firmó autógrafos y recibió el cariño de los más fieles seguidores de su legado. Murió a los 80 años por complicaciones de un ictus.

Michael J. Fox y Christopher Lloyd junto al DMC-12, película que inmortalizó a los tres personajes y que recaudó mas de 380 millones de dólares en 1985 –Imagen Universal Pictures–

Al día de hoy DeLorean Motor Company sigue existiendo con sede en Humble (Texas) aunque solo se dedica a la reparación y venta de piezas de ese emblemático ejemplar, famoso por aparecer en la película Volver al Futuro.

La máquina del tiempo del “Doc Emmett Brown”

La idea primigenia de Steven Spielberg, productor del film de Robert Zemeckis, era que la máquina del tiempo sería una heladera. Pero luego temieron que algún niño se metiera dentro de un refrigerador hogareño y terminara con resultados nefastos, por lo que deberían afrontar juicios millonarios.

Entonces se les ocurrió la idea de que la máquina del tiempo del Doc Emmett Brown debería ser un coche con aspecto futurista. Paradójicamente solo dos años después de que la fábrica quebrara y John DeLorean enfrentara a la Justicia; se estrenó esta película que fue un éxito mundial instantáneo, y donde el automóvil DMC-12 es el principal personaje de un film que al día de hoy es considerado de culto y un emblema de la Cultura Pop Americana.

Una de las grandes referencias a éste magnífico símbolo del cine y la industria automotriz es la aparición del DCM-12 en la película Ready Player One, dirigida no de casualidad por Steven Spielgerg, donde el automóvil en cuestión en versión digitalizada hace su aparición en la carrera en busca del “Huevo de Pascua”.

Ernest Cline posa con el DMC-12. Esta fotografía se encuentra en la solapa de su best seller mundial Ready Player One –Imagen: Gyldendal.no–

Hace unos años una de las réplicas de la película fue exhibida en un conocido local de electrodomésticos en Salta, donde además del famoso automóvil se expusieron gadgetes de la película, como la patineta voladora.

La réplica que fue exhibida en Salta en 2012

La icónica escena en la que hace su primera y rutilante aparición el DMC-12 en idioma original

Michael J. Fox y Christopher Lloyd junto al DMC-12, en español

En aquella ocasión, quien escribe estas líneas tuvo el honor de obsequiarle un “Austral” al propietario del automóvil, con la aclaración de que aquel billete de valor nominal similar a un dólar de por entonces data de 1985.

Cabe recordar que la película fue estrenada en la Argentina el 26 de diciembre de 1985, año en el que el film está ambientado, además del viaje temporal a 1955.

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