No se trata de ninguno de sus icónicos personajes como Rocky o Rambo, sino de Tony Manero, aquel bailaran interpretado por John Travolta en la exitosa “Saturday Night Fever” de 1977. Esa fallida secuela fue un fracaso espantoso. Foto: Mauvais-genres.com

La primera parte de éste latrocinio del cine de fines de los 70 fue un éxito comercial traducido en una recaudación de 237.100.000 de dólares.

No solo se trató de un taquillazo por obra y gracia del dinero que la gente dejaba en la puerta de los cines, la épica “bailantera” dirigida por John Badham tenía otros condimentos tales como la frustración de uno de los amigos del protagonista, quien se despide de este mundo cruel con una tragedia nocturna; el abandono de los hábitos de su hermano sacerdote o la redención del protagonista, quien de día es un simple vendedor en una pinturería pero que en la noche encuentra el reconocimiento en la pista de baile.

Mientras tanto Silvester Stallone ya se había llevaba un Oscar por su guion del boxeador de taberna a quien el súper campeón –inspirado en Mohamed Ali– le brinda la oportunidad de su vida. Además le valió el Oscar a la mejor película del año de la mano de John G. Avildsen en la dirección.

Increíblemente ese año estaba nominada la sensacional “Taxi driver” de Martin Scorsese y “aunque Usted no lo crea”, perdió en la categoría de mejor película del año en el Academy Awards. Por lo que Stallone en 1979 proyectó una secuela para Rocky.

El resultado de aquella idea fue un furioso éxito y posicionó a su Rocky como una leyenda del cine mundial. Con una humilde inversión para la época de solo siete millones de dólares, Stallone multiplicó de forma exponencial las ganancias llevando a su personaje a la cima del mundo con una recaudación de 200.182.160 de dólares.

Al ver esto, a los productores –con Robert Stigwood a la cabeza– no se le ocurrió peor idea que trasladar semejante éxito a una segunda parte de la película que había hecho popular a Tony Manero cuando las pegadizas canciones de los Bee Gees reventaron las listas de albums y simples en todo el planeta, sobre todo con «Stayin’ Alive» y «Night Fever».

La calamidad hecha carne

Por lo que todo se preparó para que Staying Alive sea estrenada en 1983 con Stallone como director. Había un tufo a Rocky en la producción indisimulable, eso se notaba a la legua y no solo por el cameo de Stallone en el primer minuto de metraje, sino porque él mismo se había ocupado del guion y la música había ido a parar a lo de un viejo conocido por los fanáticos de Rocky: Bill Conti.

Pero no fue hasta que el mismo John Travolta se quitara la ropa y mostrara un físico absolutamente espigado, musculoso y aceitado, pero ni de cerca daba el aspecto de un bailarín, sino de un peso welter.

Stallone y Travolta en el set durante el rodaje. Foto: Twitter

El desatino no terminó solo en la estética del protagonista. Rápidamente las intenciones de Stallone quedaron evidenciadas en el supuesto de que esos escenarios donde se evaluaban las habilidades de los bailarines –del tipo de “Fama” 1980 de Alan Parker– eran rings de boxeo y que su “héroe” bailarín vivía todo al ritmo de un púgil y no de un artista que debe mostrar sus habilidades corporales.

Una intensa y cruenta lluvia de cliches invaden la pantalla al mismo tiempo en que cae en tantos lugares comunes que el pobre Tony Manero de los 70 queda inexorablemente relegado por la estética de púgil y el chillón hit del hermano del director, un tal Frank Stallone, quien interpretó “Staying Alive – Far From Over”.

Al final todo lo que queda de éste adefesio a medio camino entre “Flashdance” y “Rocky” no es más que otro de los desastrosos intentos con los que Hollywood quiso imponer una marca y solo logró este fiasco de campeonato.