Dirigida por David Yarovesky y protagonizada por Jackson A. Dunn, Elizabeth Banks y David Denman, el planteo de esta fábula de terror en sentido inverso a un super héroe altruista, es al menos, una novedosa propuesta del cine de ficción. Foto: stulovesfilm.com

Lo primero que sobresale de esta película de terror basado en un personaje sobrenatural son las similitudes con los inicios de “Superman” que guarda Brightburn. A saber, viene del espacio en una capsula extraterrestre que se puede esconder fácilmente en un granero, el chico es rescatado por dos granjeros de Kansas y obvio no podían tener hijos y esto es “un regalo del cielo”.

Hasta ahí un “pichón de Superman” con todas las prestaciones posibles. Ya de niño se percata de sus poderes inimaginables cuando mete su mano en una podadora que le podría haber arrancado la mano pero que termina con la cuchilla doblada como si fuera un plátano. De todos modos ya la había revoleado unos 200 metros, cuando el vetusto aparato no encendía. He aquí el nene con un mal  genio de importante cuantía.

De todos modos no se trata de un cretino mocoso 2.0 por naturaleza, como lo son los millennials de hoy en día (en su mayoría), sino que este ya trae una absoluta oscuridad de la cuna, vaya a saber de qué rincón del universo lo habrán expulsado, la película no lo aclara. No se trata de un “criptoniano” exiliado, sino simplemente de un recién nacido que ha caído en medio del bosque a bordo de un vehículo muy similar al del Superman de Zack Snyder.

El conflicto surge cuando Brandon dimensione que sus poderes son ilimitados, pudiendo volar como Peter Pan, quemar un bosque entero con sus ojos o tumbar un jumbo jet de una trompada. El problema es que la única persona que logra lastimarlo –pero emocionalmente– a lo largo de todo el metraje, es una compañerita de la escuela. Pero la niña no está preparada para que el “super-mocoso” llegue a mitad de la noche volando a lo Hancock, con una flor –cual romanticón empedernido– para ofrecérsela, pero al ver la negativa de la niña, enfurece como todo púber rechazado, solo que el resto de los púberes no tienen los poderes de éste adolescente.

Para peor de males la nena se lo hace saber al otro día en el colegio, en una clase de educación física, donde se trabaja la confianza. Allí la niña lo deja caer de espaldas y el escarmiento para ella es demasiado brutal, le quiebra la mano como si se tratara de una nuez. A partir de ese acto maligno, Brandon comienza a mostrarse más oscuro y sus rabietas se convertirán en escalofriantes asesinatos.

 

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La idea es buena e innovadora pero en la practica la película cae en el mismo recurrente lugar común que cae su primo lejano Superman ¿Qué hacer con un ser con el que nada se lo puede detener, más que algún elemento que no está en la tabla periódica perteneciente a su mundo?

A mitad de camino las grietas del guion comienzan a filtran desde ese planteo y se termina trasladándola a toda la arquitectura de la historia. Afortunadamente los parches llegan con estética de noticiero sensacionalista y una resolución de conflicto antes de los créditos muy beneficiosa para el film.