Mario Federico Condori fue condenado a 23 años de prisión efectiva por el homicidio de Cintia Vanesa Fernández. El tribunal entendió que el policía y ex pareja de la joven fue el autor del barbárico hecho. En cuanto a la acción civil, el condenado deberá pagarle a Ana Fernández la suma de seis millones de pesos por daños morales y por haberle causado sufrimiento emocional

En ocasiones el Bien vence al Mal. No solo sucede en los finales felices en el cine, hoy sucedió en los tribunales de Salta, ya que los jueces Norma Beatriz Vera, Roberto Lezcano y Paola Marocco, condenaron al asesino de Cintia Fernández a pasar los próximos 23 años en la unidad penal de Villa Las Rosas.

Después de una soberbia demostración de catedra en Derecho Penal a cargo del representante del Ministerio Publico, el doctor Ramiro Ramos Ossorio, donde dejó acabadamente demostrado que la comisión del delito de homicidio fue ejecutado de forma artera, violenta y casi metódica por el acusado, quien ejecutó la más deleznable de las practicas, golpeando y asfixiando a su víctima hasta matarla. Para luego y con posterioridad, encubrir su detestable acto criminal.

No conforme con la ejecución de un crimen alevoso, Condori sometió a su ex pareja, ya muerta a un tratamiento perverso, donde intentó por todos los medios simular un suicidio, profanando su delicado cuerpo, cortando sus muñecas, tapando su cabeza con una bolsa y encintando su cuello hasta dejarla descomponerse.

El deprecio por la vida de una joven y hermosa mujer que su único pecado fue terminar con una relación en la cual ella no se sentía cómoda, fue la sentencia de muerte para éste perverso que sin temor a Dios continuó con su ritual de sadismo, modificando la escena de su aberrante crimen.

Es muy probable que Condori haya sometido a una larga  y espantosa paliza a su víctima antes de matarla, configurando un auténtico calvario, arrastrándola por el piso de su departamento, al cual ella misma le había concedido la confianza de brindarle la hospitalidad que se le brinda a un amigo, pero que Condori no aprobó jamás. Él la quiso solo para él y para nadie más.

Una verdadera postal que resumen ocho años de lucha, Ana felicita a su abogado, Pedro García Castiella por el encomiable trabajo  

No le permitió ser libre y probar las mieles de su juventud con otros hombres que ella –en su libre albedrio– podría elegir a gusto y paladar, ya que en una sociedad perversa como la salteña, las mujeres están condenadas a que, bestias como estas, pongan en tela de juicio su moral.

Cintia era dueña de elegir a quien quisiera y hacer de su intimidad lo que se le viniera en ganas, regalándole su belleza y su juventud a quien ella deseara; pero el execrable sujeto no se lo permitió.

Afortunadamente en esta historia de terror hubo héroes, sin capas ni botas. Héroes del mundo real, quienes le dieron al destartalado sistema de Justicia salteño al menos un alivio, en medio de semejante podredumbre, donde muchas “Cintias Fernández” siguen gritando desde sus tumbas por Justicia…

Justicia que por fin llegó después de ocho años de que una madre enfrentó a todo un sistema y ganó. Sola contra el mundo.

Como en el relato del camino del héroe, aparecieron adyuvantes en el árido sendero de la heroína. Su abogado, Pedro García Castiella, un virtuoso del Derecho Penal; su co-equiper, el doctor Pablo Del Pino. Y obviamente un capítulo aparte para el soberbio trabajo desplegado por el fiscal Ramiro Ramos Ossorio.

Se hizo Justicia, por lo que es un aviso de alerta para los corruptos que pululan entre las Fuerzas de seguridad, quienes embarraron varias causas. La lucha sigue, se ganó una batalla enorme, pero no la guerra contra la corrupción judicial. Aún hay otras víctimas que esperan por un resarcimiento. Pero no todo está perdido. Hoy ganaron los buenos.

Descansa en paz querida Cintia… se hizo Justicia… al fin.