Con un estimado mayor a 48 millones de dólares, la película de Michael Dougherty supera a Aladdin y Rocketman. Desde 1954 ha tenido 29 apariciones en la pantalla. Sus orígenes se remontan género tokusatsu y un homenaje al teatro japonés con los primeros efectos especiales nipones. Foto: sciencefiction.
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El legendario monstruo japonés ha regresado después de que la resaca nuclear de las pruebas en el océano hayan generado una criatura del tamaño del monte Everest… bueno, no tanto, pero si tiene el tamaño suficiente como para enfrentarse a King Kong.

Con profundas raíces en el género nipón “Tokusatsu”, Godzilla II: El Rey de los Monstruos acaba de reventar la taquilla mundial con 49.025.000 de dólares, aventajando a Aladdin, la cual cosechó 42.335.000, seguida por Rocketman con 25.000.000.

En 2014, la pantalla grande presentó versión dirigida por Gareth Edwards, con una ganancia total en taquilla de 529.076.069. ​Ahora es Michael Dougherty, quien dirigió esta secuela de aquella versión.

 

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Para esta nueva y rutilante película del monstruo parido por Legendary y respetando todo el universo de los “kaiju” de antaño, contrastando con la pésima cinta de Roland Emmerich en 1998, se abre todo un camino del conocido MonsterVerse.

Se da por sentado que la intención de los muchachos de Legendary no se van a quedar mirando como MARVEL y DC son los únicos que contabilizan productos y los anexan a una sola super produccion.

Con la aparición de Kong: Skull Island –de Jordan Vogt-Roberts– en 2017, donde el simio gigante se hacía un festín con los kaiju de esa isla; se espera una gran reunión de los mas famosos monstruos del catálogo Toho, incluyendo a King Ghidora, Mothra, y Rodan.

Para esta nueva entrega los personajes de Vera Farmiga, Millie Bobby Brown, Kyle Chandler logran meter al espectador en el drama familiar. Tampoco los personajes de Zhang Ziyi y Charles Dance no le dan historia lo suficiente para armar un pseudo entramado que fagocite con la danza de bichos gigantescos.

Otra vez el error grosero de meter todo en cuadros nocturnos y oscuros, lo cual es uno de las grandes falencias de la americana versión de Roland Emmerich, aun así y con todo estos la inmensidad de la polilla gigante y el monstruo de varias cabezas es un gran homenaje al místico folclore japonés de las “románticos” producciones de aquellos años.