El 14 de mayo de 2019 comenzó el debate oral y público contra Mario Federico Condori por el homicidio de Cintia Vanesa Fernández ocurrido a fines de abril de 2011. No se conoce con exactitud la fecha en que la joven fue asesinada, debido a que el cuerpo fue hallado el 3 de mayo, pero se calcula que el ex policía la habría matado entre la madrugada del jueves 26 y el viernes 27 de abril de 2011.

PRIMERA PARTE

INTRODUCCION

Desde un primer momento el juicio concitó la atención de toda la sociedad salteña por una serie de situaciones que convergieron en un solo punto, el cual fue lograr las condiciones necesarias para sentar al asesino en el banquillo de los acusados.

A saber, en primer lugar, una madre dotada de una fuerza espiritual inaudita; un contexto social munido de una perspectiva de género que hace algunos años ni siquiera tenía una definición conceptual y hoy en día es parte del tejido social. Finalmente un tribunal a la altura de las circunstancias, con una presidenta valiente, la cual mostró una autoridad como no se veía hacia años, muy diferente a lo actuado por otras Salas de Juicio, las cuales emitieron fallos bochornosos, puntualmente al exonerar y “premiar” a la asesina de Diego Castro con trabajos comunitarios, entre otros papelones de la Justicia local.

Una mención especial y un capítulo aparte para el mejor fiscal de la provincia, el doctor Ramiro Ramos Ossorio, el cual se destaca de sus pares por la prolijidad de su actuación traducida en un trabajo encomiable; y ya no sorprende el desempeño del experimentado Pedro García Castiella a cargo de la querella, acompañado por el doctor Pablo del Pino.

Primera audiencia 

El juicio arrancó con la declaración del principal imputado para ese momento y condenado al día de hoy, Mario Federico Condori. Desde el primero minuto se mostró seguro de sí mismo, de sus dichos, de su lenguaje corporal y de su tono discursivo. Obvio que tuvo ocho años para prepararse para ese momento.

Contaba con un arresto domiciliario, el cual no tiene punto de comparación con el hecho de esperar el juicio desde el infierno que puede significar una estancia en una unidad penal como Villa Las Rosas. El deterioro que va calando hondo en los que esperan un proceso como el que debería enfrentar Condori a aguardar desde la comodidad de su hogar con una tobillera electrónica.

“¿Qué tipo de investigación se hizo, o estoy aquí por los medios de comunicación? Porque no se buscó el ADN, no tenemos un banco de ADN”, le dijo al tribunal, sin saber en ese momento que frente a él tenía a quien sería una de las protagonistas excluyentes del juicio, la doctora Norma Beatriz Vera. “Les pido consigna policial por las amenazas que recibí por parte de la querella”, lanzó desafiante.

Al ser sometido a la primera pregunta referente a la clase de relación que tenía con la joven, respondió: “Éramos novios desde 2010, desde febrero o abril. Cintia tenía muchos problemas con su madre. Estaba histérica se le torcía la boca, no podía estar tranquila. Yo no la podía contener. Terminamos en buenos términos. El último mensaje –vía celular– fue antes del 1 de mayo, 26 o 27 de abril, no recuerdo”, indicó.

Condori se había desempeñado como policía desde 2008 al 2011, cuando lo trasladaron como chofer a la División Trata de Personas. El fatídico día en que la madre de la víctima descubrió el cadáver de su hija en el departamento del complejo de Parque La Vega, relató que ese día me lo llamó Ana y le dijo que Cintia se había matado”. Seguramente que en ese momento, Condori pensó que el plan de encubrimiento iba sobre rieles. Habrá pensado para él, en su interior más íntimo, que la madre se la había creído.

Entonces se dirigió al departamento acompañado de un hermano, ya que dijo “que lo llevó porque le hacía frio”, cabe recordar que Condori se desplazaba en una ruidosa motocicleta, la cual terminaría luego siendo uno de los factores determinantes para enviarlo al cadalso. “Un policía no me dejó entrar, fui a dar la vuelta por el departamento y me encontré con Ana”, indicó.

Con respecto al tramo final de la relación, lo cual después resultó ser totalmente falaz en sus dichos, en ese momento declaró que había sido él mismo el que había dado por finalizada la relación, justificando que Cintia lloraba todo el tiempo, que estaba mal. “El 18 de abril comimos, dormimos y decidimos abrirnos”, dijo.

Pedro Gracia Castiella le preguntó si había trabajado en la Brigada de investigaciones en 2010 y en la comisaría 7º, a lo que Condori admitió. Con respecto a su desempeño como efectivo policial comentó que hacía trabajos de inteligencia en la Brigada, que eran cuatro grupos y él era del grupo del principal Ríos.

Jimena Núñez tenía otro grupo, el jefe de la guardia era el cabo López”. Esa fue la primera vez que se mencionó a quien hoy por hoy está acusada de “encubrimiento”. En ese punto recordó que el 28 de abril de 2011 hubo una reunión con Aldo Rogelio Saravia.

Con respecto a un eje fundamental de la investigación, lo cual refiere a los papeles de Trata de Personas, los cuales aparecieron en la escena del crimen, mas preciosamente en la segunda bandeja de la mesa del televisor de la habitación de Cintia, la estrategia de la defensa era minimizar ese aspecto, por lo que Condori dijo que imprimió portales de noticias que hablaban de la temática de Trata de Personas para que Cintia se informara. “Por eso, esos papeles estaban en el departamento de Cintia”, justificó.

La querella le trajo al recuerdo un episodio en el cual tuvo un eventual cruce con Jimena Núñez, cuando Condori se retiró faltando 15 minutos para finalizar su turno. Ese aspecto también fue minimizado por el imputado, aduciendo que Núñez solo le llamó la atención. Cabe recordar que estos conceptos que él mostraba como temas menores, eran el comienzo de un encubrimiento que terminaría con dos personales policiales imputadas por falso testimonio.

El tema de Trata de Personas regresaba recurrentemente. “¿Qué lo llevó a brindarle esa información?”, preguntó la querella; buscando una consonancia en la referencia a que Condori había acercado material de esa temática al departamento de la víctima. Por cierto un tema que aún está en la nebulosa y que seguro será materia de debate en una segunda etapa del caso.

“Buscaba trabajo porque la madre le había cortado el chorro. Le dio curiosidad por éste trabajo de Trata de Personas, por eso le imprimí esos portales, del tema”, dijo.

Posterior a la declaración de Condori vendría el turno de Ana Fernández. El testimonio estuvo cargado de emotividad, el cual reflejó el deteriorado estado emocional de una persona que tuvo que atravesar el infierno mismo, desde el cual esta pobre mujer debió sobreponerse al padecimiento que significa tener al asesino de su única hija a escasos metros, mientras debía responder una a una las preguntas del tribunal.

Momento clave: Ana Fernández debe reconocer para el registro al asesino de su hija  

Allí relató el padecimiento mismo de los aprietes de la Policía, de los ataque personales de la familia Condori, de la desprotección del Estado y de las calumnias en cuanto a la vida privada de su hija, asunto que se ocuparon de mostrarlo como el catalizador de un hipotético y enajenado final, donde Cintia moriría de cualquier manera, menos de la forma en que murió, es decir a manos de la violencia infringida por Condori.

“Desde un primer momento se desvió la investigación y se protegió al imputado. La llamé –a Cintia– varias veces y como no atendía fui a verla. Encontré a mi hija en estado de descomposición. Le toqué sus piecitos, tenía una bolsa en la cabeza. Llamé a mi hermano y le dije “Cintia se mató”. Lo llamé a Condorí y se lo dije y él me cortó”, relató Ana.

“Llegó la Policía, primero me asistió el doctor Federico Gómez –hijo de René Gómez– y la doctora Yaique. Había mas de 100 policías en el departamento”. Fue en ese punto cuando los tildó de “corporación policial” a ese verdadero conclave de uniformados y jefes policiales; lo cual la querella más adelante compararía  con una manada de uniformados convocados en el Centro Policial Sargento Suarez.

“Condori quiso entrar y un policía lo detuvo. Vos ya no perteneces a la Brigada. Acá se está investigando un homicidio”, relató Ana, quien escuchó decir al oficial que custodiaba la escena. “Entonces Condori me dijo: Vos sabias que esto iba a terminar así”.

El relato continuó a partir del 1 de abril, cuando Cintia se trasladó a su departamento donde finalmente encontraría la muerte. Relató que Puca les ayudó a mudarse. Cabe recordar que luego Raúl Marcelo Puca fue citado a declarar como testigo, se le solicitó una requisa de sus zapatillas, para luego quedar detenido.

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Suspicazmente esa zapatilla apareció con sangre plantada, la cual sería descripta por el querellante como sangre de procedencia “animal”. Se estaba comenzando a tejer la trama de encubrimiento y el primer candidato para chivo expiatorio era la ex pareja de la víctima, el ingeniero de EDESA, quien encajaba a la perfección para sacar a Condori de la ecuación.

“Condori le hizo una escena de celos por la presencia de Puca. Condori nos ayudó con el traslado”, relató Ana ante el tribunal. En tanto dijo que cada vez que llamaba Condori, Cintia le pedía negarse por teléfono. Le decía que no quería saber nada. “Si llama Federico decíle que no estoy”.

El siguiente declarante justamente fue Raúl Marcelo Puca, un ingeniero perteneciente a la planta de EDESA. Podría decirse que Puca es el “pagote” de esta perversa historia y que por un milagro no terminó siendo el mártir de la perversa concatenación de infortunados acontecimientos que lo rodeó en ese momento, lo cual casi lo llevan a ocupar el lugar de  Condori. En otras palabras, si la concomitancia policial funcionaba, Puca sería el chivo expiatorio de esta trágica historia.

A preguntas de Ramos Ossorio dirigidas al ingeniero: “¿Recuerda haberle dado dinero a Cintia?” a lo que el testigo respondió: “Yo la ayudaba. Le ayudé con la inscripción en un instituto de computación”. Seguidamente el representante del Ministerio Publico profundizó acerca de las características de la relación que tuvo con la joven.

“Si, fuimos pareja pero no nos presentábamos como tal, pero si hubo una relación, duró un año”. En ese contexto dijo no conocer a Condori. En tanto la defensa del imputado le preguntó por “prestamos de dinero” de él hacia Cintia. “Le ayudaba a comprar ropa y le compré algunas prendas”, respondió.

Acerca de su arresto relató el episodio de la zapatilla antes descripto. “Me pidieron ir a la Brigada para una testimonial donde quedé detenido y me llevaron a la alcaldía. Me secuestraron una zapatilla”, indicó, a lo que la querella le anotició de que también habían llevado un pantalón de su casa en una de las requisas de los sabuesos.

Pasada la declaración de Puca, la cual aclaró varios puntos y lo sacó de la escena por una cuestión de pericia técnica, ya que su celular se ubicó en Rosario de la Frontera en los días en que Condori asesinó a Cintia.

Ministerio Publico y querella, actores fundamentales de un debate historico

Una vez que el desafortunado Puca se retiró de la sala de audiencias y dio por finalizado su calvario, ya que su participación quedaba totalmente ligada al accionar del encubrimiento policial, vendría la que de seguro fue una de las indagatorias fundamentales en toda la causa, la de la doctora María Eugenia Yaique, quien fue la primer abogada de Ana Fernández.

“No me parecía correcto que los policías entraran y salieran fumando. Hasta el juez –de instrucción– Pastrana dijo bromeando: A mí también me van a tener que hacer un ADN”, relató la letrada.

De esa manera arrancó la extensa declaración. Aunque lo mejor y más sustancioso vendría después, conforme el relato de Yaique se adentraba en la etapa de instrucción, desde donde la historia comenzaba a develar la oscura y perversa trama que rodeaba a estas dos mujeres, quienes literalmente se encontraban en el ojo de la tormenta, absolutamente solas.

Por un lado una de ellas –Ana– atravesada por el dolor intolerable para cualquier ser humano de encontrar a su hija asesinada por un perverso; y por otro lado una abogada que no tenía ni la menor idea de que iba a toparse con la historia más horrorosa de toda su carrera.

“Ha sido una de las causas más complejas que he tenido. La investigación se atomizaba, se dispersaba. Cuando dejé la causa ya tenía 25 cuerpos. No era fácil manejar un expediente tan monstruoso, por las ramificaciones que tenía. Se supo entonces por un informe policial que tenía dos hipótesis: el suicidio; o que había sido la madre. Me conmocionó ese informe”, dijo mirando al tribunal con todo el ímpetu y la experiencia que le había brindado su dilatada trayectoria en el fuero Penal.

“Según Núñez, ella había visto a la madre sentada cerca del departamento como con intención de limpiar la escena. Me sorprendió mucho eso, ya que Núñez conocía a la madre, a quien le había dado el pésame. El direccionamiento apuntaba a la salud mental de la occisa, le preguntaba a la madre si es que Cintia estaba depresiva. Núñez era reiterativa, me perece que se estaba excediendo en sus atribuciones”, indicó. Luego refirió a un sujeto de apellido “Saravia”, quien “estaba sentado en el juzgado como un sumariante”, describió.

“La hipótesis de la participación de la madre se mediatizó. Mandé carta documento al diario El Tribuno, que había publicado que a la señora Ana Fernández la habían sacado esposada. La doctora Díaz Nieto dijo que la hipótesis del suicidio lo instaló la Policía”.

En ese punto, mientras la abogada brindaba un vendaval de datos reveladores, uno tras de otro, ante un silencio sepulcral en la Sala de audiencias, vendría una secuencia que superó toda la capacidad de asombro y evidenció la tremenda impunidad que se vivía por esos días. “Yo viví una situación particular con Condori. Una señora de tez morena se me acercó y me dijo: Vieja hija de puta, si seguís con lo de Condori te cagamos matando”.

Yaique continuaba con su indagatoria, la cual a esa altura ya era una alocución cimentada por una base que más se parecía a una plataforma fáctica que a simples respuestas a una requisitoria.

“Era imposible acceder a los expedientes durante la instrucción. Salió un sobreseimiento cuando aún había más de 10 pericias pendientes. Las pericias de Lucas Delgado fueron muy importantes, cuando ya la policía dejó de tener tanto protagonismo”.

En cuanto a la autopsia indicó que “lo más llamativo fue que, tratándose de un hecho violento, llegó sin la bolsa, con ciertas improntas en las piernas como si alguien la hubiera presionado desde arriba”. La referencia en cuanto al trabajo de la doctora Días Nieto, tendría un peso específico fundamental para el desenlace del juicio.

“Tenía un golpe en el cráneo, con la bolsa encintada prolijamente. Tenía las uñas muy prolijas y ni si quiera había rasgado la bolsa con sus uñas. Días Nieto hizo énfasis en que había sido un hecho violento. Para el CIF, ella sola se había puesto la bolsa. La mecánica era imposible, más estando en estado de sopor”.

Conforme armaba metódicamente el rompecabezas la abogada, volvió a aparecer el nombre de la oficial Jimena Núñez. “A Núñez la aparta el juez Pastrana y pone a Flores Saravia”.

Era inevitable que se materializara una de las cartas que tenían bajo la manga los que estaban abocados a la trama del encubrimiento. “Fue difícil ir contra la hipótesis del auto-erotismo. La autopsia psicológica fue poco prolija. Cuestioné mucho como se hizo, basada en gran cantidad de testimonios que estaban distrayendo la investigación, lo que originaba una ramificación”.

Allí fue cuando apareció en el relato de Yaique la enigmática reunión con Aldo Rogelio Saravia, donde Condori no registró la hora del regreso del vehículo en el que los llevó, según dichos de la abogada.

“Nos pasamos tres meses escuchando testimonios que no aportaban nada. Había información policial que llegaba a la causa y no se incorporaba”, enfatizó.

FIN DE LA PRIMERA PARTE