Sin dudas la declaración de la oficial Jimena Núñez marcaría una bisagra en el proceso. Fue en ese punto en el que el debate tomó un rumbo diferente al tono que traía desde la etapa de instrucción. En esta segunda entrega de la crónica del debate oral y público por el homicidio de Cintia Fernández a manos de Condori, se destaca preponderantemente la detención de esta oficial por la comisión del delito de falso testimonio, a la cual se le agravó su situación procesal por encubrimiento agravado. LA FOTOGRAFÍA QUE ACOMPAÑA ESTA CRÓNICA PERTENECE A MUY CRITICO -TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS-

Un giro absolutamente inesperado de los acontecimientos se produciría a partir del momento en que Núñez se sentó frente al tribunal y la adusta mirada de la presidente se posó sobre sus ojos. Al tono enfático y decidido de la doctora Norma Beatriz Vera, se le sumarian las precisas  preguntas  de las querella y la fiscalía, quienes como se dice comúnmente “mostrarían las uñas”.

Primero fue el turno del representante del Ministerio Publico, quien a esta altura no perdería el tiempo en preguntas fútiles, ni en asuntos de índole distractivas, las cuales fueron parte de la pavorosa etapa de instrucción. Aquí el fiscal fue directo al hueso.

–¿Cómo fue su relación con Condori?
–Buena, laboral. Nunca tuve inconvenientes con Condori.
–Con respecto a la noche del hallazgo del cuerpo de Cintia ¿podría relatarnos como fueron las diligencias?
–Ingresé a las 22:00. Estaban, Castro y Carlos Diez. Éramos guardia reducida, Ariel Guantay era el chofer. Entramos en la base, en Avenida Chile. El CCO –Centro de Coordinación Operativa– llamó  a Radio Base avisando del hallazgo de un cuerpo sin vida en complejo Parque La Vega.
Llegamos tipo 22:30, estaba el inspector Erazo. Había un sumariante de la Comisaria 15. “Aparentemente había sido suicidio”, dijo ese sumariante.
En el dialogo que tuve con la madre me dijo que “se había matado”. Llegó el jefe Piccolo, el jefe de la Unidad Regional, Flores y el jefe Chaile.
Se hace presente Condori, lo vi afuera. Estaba personal de Criminalística, el licenciado Barboza, el fotógrafo –creo que era Bermúdez– y el dibujante. Estuvieron unas 2 o 3 horas. En una de las veces que salí lo vi a Condori afuera, no muy lejos. Todos habían sido compañeros de Condori… Castro, Días.

En ese punto llega el primer pedido del fiscal por falso testimonio, aduciendo que la presente declaración difería demasiado de lo plasmado por Núñez en la etapa de instrucción. Es perentorio recordar que el declarante no solo está obligado a decir verdad, también tiene la obligación –bajo juramento– de no callar los hechos que conozca y sobre todo no ser reticente.

Si bien Núñez no se contradecía hasta ese momento, su declaración diferiría demasiado de lo que había informado aquella noche. En ese punto Ramos Ossorio fue implacable. Ante eso el tribunal le hizo la primera advertencia a Núñez y le informó de que puede quedar detenida.

“Se secuestró un bisturí del maletero de abajo del tele. Había un bisturí y otro sobre la cama. La bolsa era blanca y la cinta era de papel, cinta papel blanca, que rodeaba el cuello de la víctima. La cinta estaba envuelta prolijamente”, dijo Núñez.

Ahora se sabe que ese bisturí fu el que Condori “plantó” en la escena después de cortar las muñecas de Cintia, dos días después de que la había matado.

Conforme el tribunal atosigaba a la deponente, esta sentía el rigor que le infringía la presidente con cotejos de las actas y números de las fojas, a lo que la voz de Núñez se iba apagando.

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Para ese momento los tiempos del riguroso interrogatorio hacían parecer a la presidenta como una docente que detectó que el alumno examinado no cuenta con las competencias y los conocimientos como para aprobar un examen. En este caso, ese metafórico “examen” de Núñez iba derecho al “aplazo” y un aire de toxica realidad le soplaba la nuca. El resultado sería ir a dar con sus huesos a la alcaldía inexorablemente y ella lo sabía.

La desazón comenzó a sobrevolar el ambiente entre los pares de Núñez, quienes abundaban en la Sala de Grandes Juicios. La detención era un hecho, los largos silencios de la presidenta esperando que la información brindada por la oficial no fuera reticente, eran cada vez más pesados.

El aire se cortaba con cuchillos,  la doctora Vera no le quitaba los ojos de encima, esperando los datos que Núñez debía brindar y que jamás brotaron de sus labios. Era evidente ya el pestilente tufo a encubrimiento.

Después de varias advertencias se le leyeron los reglamentos de rigor y se ordenó que fuera escoltada. Una oficial de la policía que custodiaba la Sala caminó hacia ella y se paró a su lado.

La presidenta ordenó a la deponente ponerse de pie y ser escoltada hacia su lugar de detención. Ambas caminaron hasta la sala contigua ante las miradas atónitas de la hilera de policías.

Acaba de iniciar el derrumbarse de una trama de encubrimiento que continuaría con la detención del oficial Calixto Mamani y la del administrador de Parque La Vega. El juicio tomaba un rumbo absolutamente inesperado para los policías que participaron del perverso proceso de instrucción.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE