La causa acaba de ser elevada a juicio. Desapareció el 28 de febrero de 2017. La asesinaron entre la noche del 2 y la madrugada del 3 de marzo. Sus restos aparecieron cinco días después en las márgenes del Rio Mojotoro. Carlos Alfredo Agüero, Norberto Silvestre, Julio César Monasterio, Juan Reynaldo Álvarez, Marisel Griselda Urzagaste y una menor conocida como “Gaturra”, están imputados bajo la caratula de homicidio triplemente agravado por mediar violencia de género; por ser perpetrado con ensañamiento y por el concurso premeditado de dos o más personas.

Esta crónica será presentada como NO FICCION en sucesivas entregas. Los hechos relatados no son exactos, son derivados de las indagatorias de todos los testigos de identidad reservada. Las crónicas contienen material altamente sensible por lo que se recomienda discreción por parte de los lectores.

Llegamos al lugar de la bajada, y es tan hondo y alpestre su barranco que la vista rehuye horrorizada. Como el derrumbe, que de Adige al flanco, de este lado de Trento, se desploma, por terremoto o sin apoyo franco, y de lo alto del monte, en que se aploma, al contemplar aquel despeñadero, no ve camino alguno el que se asoma, tal la cuesta de aquel derrocadero, en cuya cima rota, está acostado el oprobio de Creta, monstruo fiero, que en torpe y falsa vaca fue engendrado; y al mirarnos, mordióse furibundo, por impotente rabia devorado.

Dante Alighieri – La Divina Comedia

SEGUNDA PARTE: LAS PUERTAS DE LA MALA HORA

Viniendo de sur a norte se puede acceder al barrio Ciudad del milagro, para luego pasar a Juan Manuel de Rosas y finalmente al barrio 17 de octubre. Estos dos últimos son parte del entramado que compone un sistema  de asentamientos con viviendas muy precarias, sin redes cloacales ni agua corriente.

Una de las protagonistas de esta sórdida historia de horror es “La Gaturra”, quien al momento del crimen de Daniela era menor de edad. Unos días después de que encontraran los restos de la víctima, apareció por las periferias de Ciudad del Milagro, bajando hasta la esquina de la cancha del barrio 17 de octubre. Allí se sentó y comenzó a fumar pasta base.

Entre los vapores de la “droga de los pobres” –como la llaman los sociólogos– comenzaron a brotar lágrimas de culpa que se deslizaban por sus mejillas. “Me cirquíe con un par”, le dijo a quien dio a conocer esta vivencia. Esto, en lenguaje llano significa que había cometido un acto ilícito desmesurado contra dos sujetos peligrosos.

“Agarraron a una chabona, la tiraron en la casa del viejo Álvarez, sobre una mesa”, agregó entre sollozos. “Estaban Chiky, el Gordo Julio, una tal porteña, Chury y el  viejo Álvarez. Yo la agarré para que otro más la cortara”.

Las 24 pilas

Una noche aparecieron por un conocido pasaje donde se juntaban “piperos”, Daniela con una tal “Cami” de Juan Manuel de Rosas. Mientras que Marisol ya estaba en el lugar en cuestión. Ellas decían que tenían para hacer un robo a un tal “Porteño”. En el infame grupo estaba Marisel Griselda Urzagaste, más conocida como Marisol.

El aguantadero del viejo Álvarez tenía la particularidad de que estaba perdido en un punto entre Juan Manuel de Rosas y 17 de octubre. Un desolador paisaje de pseudo-ranchos prefabricados donde la pobreza se siente hasta los huesos.

La estructura de cualquier robo comprende algunas etapas tales como: inteligencia, vigilancia, distracción, sustracción y escape. Las 24 pilas que el viejo Álvarez había enterrado era el gran botín.

Este proxeneta tenía la malsana costumbre de utilizar a las chicas del barrio que se prestaban para éste tipo de actividades como “delibery”. Es decir, las utilizaba tanto para placeres sexuales como para llevar la droga hasta el cliente. Si alguien quería una chica y droga en simultáneo, se la pedían al Viejo y éste les facilitaba todo el “combo”.

Aprovechando las debilidades del “sistema” delincuencial de éste “facilitador”, se produjo la génesis del robo. Si bien la droga supuestamente era de un tal “porteño”, estaba escondida en lo de Álvarez. Fue cuando apareció el Gordo Julio –Monasterio–. Junto a él estaban Daniela y la Gaturra.

Afuera de la casa permanecieron los tres por algunos segundos concluyendo que el Viejo no lo dejaría entrar solo al Gordo Julio. Allí se les ocurrió la idea de distraerlo. Ambas chicas entraron primero y comenzaron a intimar con el Viejo, como una especie de juego sexual. Con éste ardid nublarían su atención, mientras Julio entraría y robaría la droga.

A pesar de su instinto criminal, el cual lo mantenía en permanente alerta, el Viejo no pudo ceder a los encantos de ambas y comenzó a manosearlas, miuentras el Gordo ya sabía dónde estaban escondidas las pilas. Las buscó, las desenterró y se las llevó. Unos minutos después la Gaturra y Daniela escaparon delante de las marices del Viejo.

A pesar del perpetuo estado de intoxicación, Álvarez se dio cuenta de la situación, quien por lo visto ya se había percatado del robo. Por ello, con posterioridad el Viejo andaba ofreciendo droga a cambio de que se las entregaran a las dos.

Las malas noticias

“A tu hermana no la vas a volver a ver más, ella si se subió al auto equivocado, ya debe estar por el otro lado, en el sur”, le dijo Carlos “Chuly” Agüero a la hermana de Daniela, cuando ya llevaba varias horas desparecida.

No sería el único rumor de mal presagio que recibiría la hermana de Daniela. Cuando se encontró con Marisol, esta le dijo: “La Gaturra la entregó a tu hermana, a tu hermana le cortaron las manos, le quemaron la cara, y estaba con el Gordo Julio”.

El barrio hablaba, en cada esquina, en cada rincón había un tufo a muerte y a algo más oscuro y horroroso.

Entre tanto, una conocida adicta ya entrada en años de la zona de 17 de Junio llamada Andrea, repetía un farfullo apenas entendible que brotaba de su boca. Entre sus dos únicos dientes decía: “Diego Cabezón la mandó a matar, porque le robaron un kilo de droga, la Daniela y la Gatura”.

La zona de “Los Cuervos” de 17 de Junio es una especie de perímetro al cual no accede cualquiera. Solo los conocidos del barrio se atreven a pisar los dominios de estos feroces adictos. Pero aquella tarde un tal Pablo de 20 de Junio se atrevió a entrar.

Iba en moto. Se bajó y preguntó por Daniela y la Gaturra. Los que estaban allí se sorprendieron, ya que el tal Pablo no se sintió intimidado ni nada, solo quería comunicarles el mensaje: “Las están buscando a la Daniela y a la Gaturra, porque se perdió un kilo de droga. Si no aparece el kilo de droga va a terminar todo en peores”, dijo.

Todos lo miraron y guardaron silencio. Un viento helado llegó de los márgenes del rio anunciando un presagio a horror y muerte. Las puertas de la mala hora acaban de golpear.

LEER LA PRIMERA PARTE: “UN KILO DE DROGA”

El montaje fotográfico se realizó con una imagen tomada por El Tribuno